25N: Cómo feminizar el sector del metal | Economía


Trabajadoras del metal de la empresa Modultec, en 2019.

Magdalena Verdú lleva 34 años trabajando en la instalación de gas y climatización. Ha comprobado por sí misma la existencia de equipos y herramientas que no tienen en cuenta las diferencias físicas entre hombres y mujeres. Aún no ha encontrado un mono antiestático que ergonómicamente se adapte a su cuerpo. Y no conoce a ningún hombre que haya tenido ese problema. Aun así, ha solventado cada obstáculo. “Nos hemos tenido que adaptar, así afrontamos nosotras las dificultades”, asegura.

Las mujeres representan el 18% de los puestos de trabajo del sector del metal, cuando la presencia femenina en el conjunto del mercado laboral es del 45,5%. Con el objetivo de acrecentar el primer porcentaje y buscar la igualdad de oportunidades, la Federación Empresarial Metalúrgica Valenciana y el Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) han realizado un estudio sobre la evaluación ergonómica de los puestos de trabajo con una perspectiva de género.

El análisis desvela que el hecho de que la maquinaria o puestos de trabajo estén diseñados con datos antropométricos masculinos suponen un mayor riesgo para la salud de las mujeres. Verdú, que ahora es gerente de una empresa que se dedica también a instalaciones industriales, cree que, en la mayoría de los casos, se trata de desconocimiento más que falta de voluntad por parte de los empresarios. “Con pequeñas adaptaciones, las mujeres nos podríamos incorporar a puestos en los que, no es que no queramos estar, es que no tenemos posibilidad de hacerlo”.

Ana Torres ha sido testigo de ello. Lleva 25 años trabajando como ingeniera de maquinaria industrial. Entonces, cuando llegaba a las fábricas, tenía que salir hasta la recepción para ir al baño porque no había ninguno para mujeres dentro de las instalaciones. Ahora programa maquinaria para el sector del automóvil con un software que tiene en cuenta el factor ergonómico, de manera que los puestos pueden ser cubiertos por cualquier persona, independientemente de su género. Así, ha diseñado unos chachis, tal y como le ha pedido la industria, que permiten regular la altura del puesto. De hecho, esa es una de recomendaciones que hace el estudio de Femeval y el Instituto de Biodinámica, diseñar los nuevos puestos de manera que, desde el principio, que puedan ser ocupados por cualquier persona.

El proyecto, realizado por las investigadoras Raquel Poveda, Purificación Castelló y Sonia Serna, ha estudiado tres puestos representativos del sector del metal, el de carga y descarga de bastidores, el de montaje de piezas metálicas y el de torneado, y concluye que todos ellos presentan problemas ergonómicos con enfoque de género. Por ejemplo, en el caso de manipulación de cargas, indica que existen condiciones de trabajo con un riesgo especial para las mujeres por las posturas forzadas al alcanzar zonas de accesibilidad más difícil de los bastidores o giros de tronco con respecto a las piernas, que puede incrementar el riesgo de lesión dorsolumbar hasta un 30%.

El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene tiene establecidos unos límites de carga de transporte para evitar trastornos músculo-esqueléticos. Los pesos máximos recomendados en hombres menores de 20 años o mayores de 45 es de 20 kilos, que también es el máximo para mujeres de entre 20 y 45 años. Para este último tramo de edad, el máximo recomendado para hombres es de 25, mientras que para las mujeres se fija en 15 kilos. “Si la evaluación de la carga física de la tarea muestra que su exigencia física no se encuentra dentro de los límites fisiológicos y biomecánicos aceptables de todas las personas trabajadoras (hombres y mujeres), deberán establecerse medidas correctoras y preventivas adecuadas”, indica el estudio.

Natalia de Jaime solventa estos problemas de otra manera. Pide ayuda a sus compañeros. Ella es técnica electromecánica y ya tienen experiencia en eso de ser “la única”. También lo fue en clase. Admite que es necesaria una adaptación de los puestos por la limitación física: “Es inevitable”, argumenta, aunque apunta a que hay mucha diferencia entre unas empresas y otras.

El estudio desgrana cada uno de los tres puestos de trabajo analizados y señala que existen unos riesgos diferenciales por género, dado que se dan unas particularidades y necesidades diferentes entre hombres y mujeres en aspectos que tienen un impacto directo en el desarrollo de trastornos músculo-esqueléticos derivados del trabajo.

Además de la adaptación de los puestos de trabajo, el informe también recomienda la rotación de manera que se acabe con la existencia de puestos estereotipados, que normalmente asignan a las mujeres trabajos repetitivos o de detalle, de manera que ni hombres ni mujeres fuercen de forma continuada unos músculos más que otros. “Hay distintas formas de reducir los niveles de riesgo y se trata de que las empresas puedan aplicarlos de la forma menos costosa posible”, concluye Mercedes Sanchis, directora de Innovación en Bienestar y Salud Laboral del Instituto de Biomecánica.

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