Biden pone a trabajar a los puertos 24 horas al día para aliviar los cuellos de botella en las cadenas de suministro | Economía


Contenedores en una terminal del puerto de Los Ángeles-Long Beach, en abril.Lucy Nicholson (Reuters)

Miles de contenedores acumulados durante semanas en los puertos son la imagen palpable de los cuellos de botella en las cadenas de suministro que amenazan con frenar la rampante recuperación económica de Estados Unidos tras la pandemia. El cierre de fábricas por la emergencia sanitaria, las rutas marítimas bloqueadas y la escasez de mano de obra se han combinado en una tormenta perfecta, a la que tampoco es ajeno el déficit de elementos como los semiconductores, que interrumpe la producción en sectores clave como la automoción. Pero no sólo escasean los microchips: también los pañales o el aluminio necesario para los precintos individuales de muchos medicamentos.

Por todo ello, y porque el cortocircuito resulta ya más que evidente para el consumidor, el presidente estadounidense, Joe Biden, ha anunciado este miércoles una batería de medidas de choque, entre ellas el funcionamiento ininterrumpido, las 24 horas del día, del puerto de Los Ángeles (California). Algunas de las principales empresas del país, como las grandes distribuidoras UPS, FedEx y Walmart, se han comprometido también a ampliar sus horarios hasta las 24 horas al día los siete de la semana para recortar el retraso acumulado en la distribución de bienes y mercancías y salvar así otro bache, el de las horas punta. Otras tres grandes cadenas pueden sumarse en breve. En los últimos meses, corporaciones de gran calibre como Costco, Home Depot y Walmart han llegado al extremo de fletar sus propios barcos para trasladar carga desde el océano Pacífico hasta EE UU. El retraso acumulado en la descarga y distribución de mercancías es de 11 días de media, aunque algunos puertos registran un mayor colapso.

“La decisión del puerto de Los Ángeles es el primer paso hacia un sistema operativo de transporte permanente”, es decir, 24 horas al día los siete de la semana, ha declarado Biden tras reunirse con los responsables de las instalaciones portuarias y del sector. El presidente también confirmó la completa disponibilidad de la cadena Walmart para trabajar a destajo. Fue un aviso de navegantes para el resto de firmas afectadas: “Si las compañías no aumentan [el ritmo], las llamaremos al orden y les pediremos que actúen”, advirtió. También debe incentivarse la producción local, en EE UU, una vieja promesa alentada en la campaña electoral, dijo. “No queremos tener que depender enteramente de un país o una compañía en particular cuando estos no comparten nuestros estándares laborales o ambientales”.

La lentitud de los fletes acelera el riesgo de inflación

Como ha subrayado el Fondo Monetario Internacional (FMI) en sus previsiones globales, presentadas este martes en Washington, la escasez de algunos productos provoca un aumento de precios que alimenta el riesgo de inflación. En septiembre, el índice de precios al consumo continuó su tendencia al alza en EE UU, con una tasa del 5,4% (el 5,3%, en agosto). El dato pone en aprietos a la Casa Blanca y a la Reserva Federal, enfrentadas a un periodo inflacionario más prolongado de lo inicialmente previsto. De ahí la medida de descongestionar a destajo los principales puertos del país, para que fluyan las mercancías y la carestía originada por el desabastecimiento en alimentación, electrodomésticos y automóviles, entre otros sectores, se serene. El golpe de timón instrumentado por la Casa Blanca se produce en vísperas de la temporada de compras más intensa del año, entre las festividades de Acción de Gracias y Navidad.

Biden se ha pronunciado este miércoles sobre los acuciantes problemas que enmarañan la actividad de puertos, fábricas y rutas de envío, también terrestres, que la han llevado a la parálisis en algunos casos, como demuestran los miles de contenedores acumulados desde hace varias semanas en el importante puerto de Savannah (Georgia) y el de Nueva York. El funcionamiento continuo del puerto de Los Ángeles se sumará al anexo de Long Beach, que ya opera a destajo. Entre ambos han tenido una lista de espera de hasta 60 barcos para atracar. El Gobierno federal ha urgido, además, a los Estados a conceder más licencias para transportistas, otro sector deficitario.

El problema viene de lejos, como respuesta automática a la expansión consumista que trajo la recuperación económica, encarrilada desde la primavera pasada. En junio, Biden creó un grupo de trabajo especial con el único objetivo de garantizar la fluidez de las cadenas de suministro. Flanqueado por los integrantes de esa fuerza de choque, el presidente demócrata se ha reunido este miércoles en la Casa Blanca con los responsables de los dos puertos citados y de los sindicatos mayoritarios del sector, tras haber mantenido contacto con los directivos de las grandes cadenas de distribución.

La economía, primera preocupación de los estadounidenses

La disrupción de los suministros no sólo está creando problemas al consumidor, también tiene una consecuencia política que se manifiesta en un índice de aprobación a la baja del mandatario demócrata. “Mi Administración trabaja las 24 horas del día para mover más mercancías, más rápido y fortalecer la resiliencia de nuestras cadenas de suministro”, tuiteó el miércoles. El último sondeo de Ipsos para la agencia Reuters muestra que la economía sigue siendo el asunto que más preocupa a los estadounidenses, tanto republicanos como demócratas.

Los expertos han manifestado sus dudas sobre la decidida intervención de la Casa Blanca, dado que las interrupciones alcanzan hasta el último eslabón de la cadena. El plazo previsto para volver a una normalidad prepandémica se amplía hasta finales del año próximo, según la mayoría de los analistas, o puede que hasta 2023. En una conferencia telefónica con periodistas, altos funcionarios de la Casa Blanca admitieron este martes la paradoja de que el plan de rescate pandémico de Biden, de 1,9 billones de dólares y que fue aprobado en marzo por el Congreso, haya podido influir en una demanda desatada por parte de los consumidores y, por tanto, en el desfase con la oferta. Las importaciones para el último trimestre del año se sitúan un 4,7% por encima de las registradas en el mismo periodo de 2020.



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