Bolsonaro: reelección en problemas – Latinoamérica – Internacional



Bolsonaro reaccionó al enorme desgaste político ocasionado por las acusaciones del Senado con golpes populistas económicos que podrían noquearlo en sus aspiraciones de reelegirse en las elecciones de octubre de 2022, según expertos.

El anuncio de una ayuda mensual de 72 dólares para beneficiar 17 millones de familias pobres, por ejemplo, fue una decisión desesperada que tomó el mandatario para frenar la caída en picada de su popularidad después de que una comisión del Senado dejó al descubierto su irresponsabilidad y pésima gestión durante la pandemia, que ha dejado más de 600.000 muertos en Brasil.

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Con su decisión económica, Bolsonaro no solo se salió del techo de gastos, estipulado por la constitución brasileña que podrá ocasionar más descalabros a la economía de su país, sino que obligará a flexibilizar la política fiscal para el 2022, cuando también se celebrarán las elecciones regionales.

Eso produjo un gran nerviosismo e inestabilidad en los mercados, tanto que la bolsa de São Paulo cerró con una caída histórica del -2,75 por ciento el 21 de octubre.

Por la misma causa renunciaron dos secretarios del Ministerio de Economía y sus adjuntos, aduciendo motivos personales, el titular de la cartera, Paulo Guedes, admitió la necesidad de un permiso oficial para gastar por encima del techo fijado por la ley y varios de economistas y empresarios que respaldaban a Bolsonaro empezaron a retirarle su apoyo.

Analistas como el respetado Mario Osava estiman que en su afán reeleccionista Bolsonaro terminará por noquearse a sí mismo “no tanto por las medidas económicas que ha tomado y que discrepan del ajuste fiscal, sino por la incoherencia y vaivenes de su gobierno y por la incertidumbre que generan sus acciones descaradamente electoreras”, dijo a EL TIEMPO.

“En la cumbre del clima de Glasgow, por ejemplo, sus representantes firmaron el compromiso de reducir el 30 por ciento de las emisiones de gas metano, lo que exige cambios profundos en la ganadería de vacunos, sector al que Bolsonaro apoya totalmente y al que prometió, antes de ser elegido, que no aceptaría ninguna medida que lo afectara”, precisó.

Brasil sentó un precedente, en su opinión “sobre todo para otros países en donde el castigo electoral no se ha producido, por múltiples razones”

Otros analistas estiman que, después de las denuncias del Senado, lo más probable es que la popularidad de Bolsonaro continué bajando porque el mal manejo que le dio a la pandemia seguirá en la orden del día y el electorado terminará por reaccionar en las urnas como le pasó al expresidente estadounidense Donald Trump en las elecciones de hace un año.

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La pésima conducción de la pandemia por Bolsonaro “será castigada o sancionada en las urnas por los votantes brasileños, aunque no lo sea por el sistema judicial del país, ni por la Corte Penal Internacional de La Haya”, pronosticó el excanciller mexicano Jorge Castañeda en un escrito para CNN.

En su opinión, “casi todas las acusaciones formuladas contra Bolsonaro podrían dirigirse también contra Trump, desde la exaltación de medicamentos inútiles o métodos dañinos (incluyendo inyectar desinfectante directamente) hasta el hecho de minimizar el coronavirus durante varias semanas o incluso meses”.

Con las denuncias y acusaciones de la CPI del Senado, Brasil sentó un precedente, en su opinión “sobre todo para otros países en donde el castigo electoral no se ha producido, por múltiples razones” de carácter étnico, religiosos o ideológico, como el caso de Modi, en la India; López Obrador, en México, y algunos mandatarios de Europa central.

En baja, pero…

Hoy, podría decirse que la popularidad de Bolsonaro es pésima, después de casi 3 años de gobierno, muchas crisis institucionales, escándalos, el más de medio millón de muertes dejadas por la pandemia y la grave situación económica que enfrenta Brasil. Según una reciente encuesta de PoderData, el 58 por ciento de los encuestados desaprueba su gobierno y el 33 por ciento de los que lo aprueban cuentan con un margen de error de 2 puntos porcentuales.

En cuanto a las intenciones de voto, el regreso de Luis Inácio Lula da Silva a la contienda electoral ha sido muy perjudicial para Bolsonaro, que parece situarse en el segundo lugar en todas las encuestas y perder ante prácticamente todos los candidatos en las simulaciones del segundo turno.

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Analistas estiman que Bolsonaro, como en la campaña que lo llevó a la presidencia en 2018, intentará fortalecerse en las redes sociales, donde cuenta con más seguidores que Lula pero, admiten, al mismo, que eso tampoco le garantizará una victoria.

No obstante, el analista Elimar Pinheiro do Nascimento, sociólogo político, socio ambiental y profesor de posgrado de la Universidad de Brasilia, entre otras cosas, dijo a EL TIEMPO que Bolsonaro puede ser reelecto el año entrante, simplemente “porque tiene el poder de la presidencia, con muchos recursos y no porque esté perdiendo todas las banderas con que fue elegido”.

En su opinión, el sueño reeleccionista de Bolsonaro no lo acabaron las denuncias y acusaciones de la Comisión del Senado, pues “la cuestión central de las elecciones presidenciales no será la pandemia sino la economía”.

El golpe político

No obstante, fue demoledor para la imagen de Bolsonaro el inmediato efecto político causado por la investigación y acusaciones de la Comisión del Senado, especialmente cuando los noticieros y la TV dejaron al descubierto los daños y el caos producido por la pésima gestión sanitaria de su gobierno durante la pandemia.

Al contrario que la mayoría de los jefes de Estado de América Latina y del mundo, que trataban de dar ejemplo a la población, Bolsonaro no solo se negó a vacunarse sino que recomendó la utilización de medicamentos anticovid no avalados científicamente, entre otras cosas.

La CPI del Senado lo acusó, después de 6 meses de investigaciones y con más de medio centenar de testimonios de respaldo, de crímenes de lesa humanidad, charlatanismo y prevaricato, entre otras cosas.

De crimen contra la humanidad, por la propagación de la epidemia con resultados mortales; por haber estimulado a la población a violar medidas de bioseguridad, por haber retardado la compra de vacunas y fomentado falsedades sobre la pandemia, etc.

Por charlatanismo por haber recomendado medicamentos no certificados para combatir la pandemia como cloroquina y el antiparasitario ivermectina, que su gobierno sigue promoviendo como “tratamiento precoz” y que Bolsonaro defendió en su discurso en la 76.ª Asamblea General de Naciones el 21 de septiembre pasado.
El mandatario también fue acusado de prevaricato porque no actuó frente a la denunciada corrupción en la compra de vacunas por “crimen de responsabilidad”, que salpicó de ilegalidad a varias autoridades públicas.

Los latinoamericanos habitamos en una ‘sub-América’, en una América de segunda clase, de nebulosa identificación. En la América Latina de las venas abiertas.

Bolsonaro difícilmente será condenado o destituido por los cargos que se le imputan mientras esté en la presidencia porque es aliado suyo Augusto Aras, Procurador General de la República, quien sería el que podría abrir un proceso por delitos comunes ante el Supremo Tribunal Federal.

Un proceso de impeachment (destitución) también se descarta porque la apertura del proceso depende de Arthur Lira, el presidente de la Cámara, que también es aliado de Bolsonaro y que tiene retenidos más de 130 pedidos de impeachment contra el mandatario.

Tampoco parece viable un juicio en el Tribunal Penal Internacional de la Haya, que juzga crímenes de lesa humanidad por los que se le acusa porque, según algunos juristas, la muerte de más de 600.000 personas en la pandemia podría considerarse un error administrativo, político y es difícil comprobar el dolor. Además, ese tribunal es, sobre todo, para crímenes de guerra, masacres, genocidio.

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Si Bolsonaro insiste en reelegirse en las elecciones de octubre del 2022 el gran peligro que corre Brasil es el de polarizarse aún más y en caso de que pierda, el país podría enfrentar los ataques de los grupos paramilitares (las milicias) o incluso una tentativa de golpe de Estado, según Nascimento.

¿Qué se puede esperar para Brasil, entonces? Le preguntamos. “Dos hipótesis: en caso de que Bolsonaro sea reelecto podríamos caminar para una democracia liberal tipo Hungría. Y si pierde, habrá distensión, pero no desaparición de la polarización y el nuevo presidente enfrentaría grandes dificultades para gobernar por la grave situación económica y la ausencia de base parlamentaria”, dice.

¿Qué pasará, entonces, con las denuncias y graves acusaciones que hizo contra Bolsonaro la CPI del Senado? Responde: “Poco a poco irán siendo archivadas”.
Bolsonaro, que ha militado en cinco partidos políticos y que fracasó en 2020 en la fundación de la Alianza por Brasil, que impulsaba con sus hijos, no contaba con un partido que lo respalde desde el 2019.

Por eso, y para tener una fuerza que elija diputados y senadores en la primera vuelta de los comicios generales de 2022, Bolsonaro acaba de anunciar que se afilió al Partido Liberal (PL) de centroderecha, fundado por Valdemar Costa Neto en 1985 y quien no solo fue acusado de corrupción sino que también apoyó a Lula en las elecciones presidenciales del 2002 y obtuvo la vicepresidencia para su partido.

“Los latinoamericanos habitamos en una ‘sub-América’, en una América de segunda clase, de nebulosa identificación. En la América Latina de las venas abiertas”, como escribió el escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015) en su famoso libro.

-GLORIA HELENA REY
Para EL TIEMPO

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