Cinco figuras humanas ponen rostro a la mítica Tartessos

Cinco figuras humanas ponen rostro a la mítica Tartessos


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Es un hallazgo insólito. Son las primeras figuras humanas que se conocen de Tartessos, la mítica civilización prerromana que ocupó el suroeste de la Península Ibérica entre los siglos VIII y IV a.C. Sebastián Celestino está al frente de las excavaciones. «Siempre se ha dicho que Tartessos era una cultura ‘anicónica’, que rendía culto a la naturaleza. Que representaba a sus divinidades a través de piedras sagradas y de motivos animales o vegetales. Pero no. Hemos encontrado que antes de la Dama de Elche ya se hacían este tipo de esculturas».

Las piezas muestran rostros estilizados de gran belleza, bien conservados. Pero lo que más ha llamado la atención de los investigadores son las joyas tartésicas que portan.





Rostro guerrero

«Estas arracadas o amorcillados ya aparecían documentados en Cancho Roano y en otros yacimientos del sur peninsular. Lo insólito es que aquí llevan las joyas puestas, y eso nos ha sorprendido. Va a revolucionar la historia del arte antiguo de la península ibérica».

Entre las 5 cabezas encontradas, destaca la de un guerrero. Esther Rodríguez, codirectora de las excavaciones. «Sólo se conserva la mitad derecha de la cara. Tiene el arranque del casco, con una voluta y una especie de trenza o cordón. Podría tratarse de un rito de paso. Un hombre que pasaría de joven a guerrero y ese peinado lo representaría».

También hay varios rostros femeninos. «En la parte superior tenían unos engarces, posiblemente porque estarían coronadas. Creemos que las coronas podría habérsela llevado quien destruyó el edificio».





Rostro posible diosa tartésica

Todas las figuras datan del siglo V antes de Cristo, están talladas en piedra, estaban pintadas (algunas conservan restos de color rojo), y pertenecen a un relieve. «Lo sabemos», dice Sebastián Celestino «porque la parte de atrás está lista».

«Las cinco cabezas cuentan una historia.  Todavía no podemos reconstruirla, pero tenemos un guerrero, quizás un héroe, al que acompañan posibles diosas. Aún queda mucho por documentar, catalogar e investigar»

Los arqueólogos confían en que pronto aparecerán los cuerpos de esas cabezas. «Eso aportaría información muy valiosa sobre la vestimenta que usaban en Tarteso», asegura Rodríguez.

Las piezas han apareccido en la zona este del yacimiento. Andaban detrás de la puerta principal de acceso al edificio. La buscaban con ahínco y se toparon con las cabezas. «Hemos dado con un gran vano que comuncia con otra sala, que es la que estamos excavando actualmente. Es ahí donde ha aparecido la mayor parte de los rostros», detalla Celestino.

«De todo lo que habíamos imaginado que el Turuñuelo podría brindarnos, esto nunca se nos pasó por la cabeza», confiesa Esther Rodríguez. «Como siempre el yacimiento nos ha dado una muestra más de su grandeza»

El Instituto de Arqueología de Mérida se encarga de la investigación con el proyecto ‘Construyendo Tarteso’. Una tarea en la que, además de Esther y Sebastián, se dedican en cuerpo y alma otros nueve arqueólogos. Su director, Pedro Mateos, lo define como un hito fundamental en la cultura tartésica y un referente en la arqueología.





Equipo IAM CSIC

«Este yacimiento de las Vegas del Guadaiana es el mejor conservado en tierra de todo el Mediterráneo. Un edificio importante en lo político, lo económico y por el nivel de los hallazgos encontrados»

Los trabajos comenzaron en 2015. Ya van por la quinta campaña de excavaciones (hubo un parón motivado por problemas con la expropiación de las tierras y el confinamiento durante la pandemia). » El instituto es un centro mixto entre Junta de Extremadura y el CSIC, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. La representante de ésta última en Extremadura, Margarita Paneque, lo tiene claro. «Estamos ante una de las noticias de la ciencia más importantes del año«.

En 2015 se descubrió un habitáculo de 70 metros cuadrados en cuyo centro se hallaba un altar de adobe con forma de piel de toro, bancos corridos y una especie de bañera, que podría estar relacionada con algún tipo de ritual con agua. Dos años después salía a la luz la famosa escalinata con 10 escalones que une dos plantas. Lo más sorprendente, la bóveda que cubre una de las estancias principales o el uso del mortero de cal para fabricar los sillares de los peldaños inferiores.

Meses después, aparecían los restos de dos caballos. Luego serían 17, dos toros, un cerdo…. Todo apunta a un sacrificio de animales, un ritual ofrecido a las divinidades (una hecatombe), que podría haber seguido a la celebración de un banquete comunitario.

Y los tesoros han seguido aflorando: cerámica, vidrios macedonios, semillas, restos de alfombras, varios objetos de metal, conchas, un caldero, los pies de una estatua griega de mármol policromado, un corredor que rodea una construcción de gran tamaño….

Es sólo la punta del iceberg. «El 70% del yacimiento de Casas del Turuñuelo de Guareña aún está por excavar», avisa Celestino.

Se ha desenterrado unos 1.500 metros cuadrados de los 8.000 que se calcula tiene todo el yacimiento. El Turuñuelo o Casas del Turuñuelo se encuentra en el término municipal de Guareña (Badajoz), cerca de Yelbes. En 2018 el yacimiento ganó el premio nacional de arqueología de la Fundación Palarq. Y en 2022 fue declarado Bien de Interés Cultural. Además del CSIC, colaboran investigadores de 28 centros nacionales e internacionales.

¿Palacio, santuario o templo? Los investigadores no se ponen de acuerdo. Lo que parece claro es que El Turuñuelo fue destruido, incendiado y sellado con arcilla por sus propios habitantes. Encontrar las causas es otro de sus grandes misterios.
 

Fuente

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