Deja el PIB 2022 en el 5,2% y el de 2023 en el 1%



El consumo prácticamente se estancó en términos reales, aunque creció un 1,8% en términos corrientes. Dicho de otra forma, el volumen de bienes y servicios consumidos se mantuvo estable a pesar del encarecimiento de la cesta de la compra, lo que se traduce en un mayor nivel de gasto en euros corrientes. Esto, unido a un descenso del 1,1% en la renta disponible bruta de los hogares, ha supuesto una sustancial caída de la tasa de ahorro hasta el 5,7%, nivel que se encuentra por debajo de la media del 6,8% registrada durante el periodo 2013-2019. El colchón acumulado durante 2020 y 2021 ha dejado, por tanto, de crecer, aunque probablemente su existencia, junto a la favorable evolución del empleo, es lo que ha permitido que el consumo se haya sostenido a pesar de la pérdida de capacidad adquisitiva de los hogares, a costa de una reducción sustancial de la tasa de ahorro.

La inversión en equipo registró un leve incremento, pero el componente de la demanda nacional que más aportó al crecimiento del PIB en el tercer trimestre fue el consumo de las AA.PP. La contribución del sector exterior fue negativa: el gasto real de los turistas apenas avanzó, tras haberse normalizado – e incluso haber superado el nivel prepandemia– en los trimestres anteriores (Gráfico 2), y el moderado crecimiento de las exportaciones no fue suficiente para contrarrestar el mayor ascenso de las importaciones.
En cuanto a los meses finales del año, el nivel alcanzado por el índice PMI de manufacturas indica un retroceso en la actividad del sector, pero más suave de lo esperado. De hecho, el IPI manufacturero hasta noviembre refleja tan solo un leve deterioro –más acusado en las ramas industriales intensivas en energía–. Los indicadores de confianza también perdieron terreno, al tiempo que se reducía la utilización de la capacidad productiva. En los servicios, sin embargo, el índice PMI apunta hacia una continuación del crecimiento, si bien a un ritmo muy lento. Las pernoctaciones en hoteles crecieron, al igual que el transporte de viajeros por avión y por ferrocarril.

El número de afiliados a la Seguridad Social aumentó en el conjunto del cuarto trimestre un 0,6%, tasa muy semejante a la registrada los trimestres anteriores y que traduce la resiliencia del mercado laboral. En diciembre se produjo un descenso del empleo en términos desestacionalizados, pero este no es, de momento, significativo, ya que tuvo lugar tras un dato excepcionalmente bueno el mes anterior –lo mismo sucedió en los meses de junio-julio, lo que indica que puede haberse producido, simplemente, un cambio en los patrones estacionales–. El empleo privado no agrícola, por su parte, avanzó un 0,6% en el trimestre, lo que en este caso supone una desaceleración frente al 0,8% observado en el trimestre anterior. Por tanto, aunque se observa una cierta desaceleración, aún es pronto para hablar de un cambio de tendencia en la evolución del empleo. En el conjunto de 2022, con respecto al conjunto de 2021, la afiliación total creció un 3,8%, y la afiliación en el sector privado no agrícola un 4,8%.

La tasa general de inflación alcanzó su máximo en julio, con un 10,8%. A partir de ese momento, las bajadas de precios de los productos energéticos indujeron una caída hasta el 5,7% en diciembre. La tasa subyacente, sin embargo, tras estabilizarse en torno al 6,3% entre agosto y noviembre, registró un inesperado repunte en diciembre hasta el 7%. Lo más destacable es la continuación de la trayectoria ascendente de la inflación en los alimentos elaborados, que en diciembre se situó en el 16,4%.
Las presiones inflacionistas por el lado de los costes se han relajado sutancialmente. Así, por ejemplo, la cotización del petróleo registró una inesperada caída desde una media de 117,5 dólares en julio hasta 81,5 dólares en diciembre. El precio del gas alcanzó su máximo en agosto, cuando llegó a superar los 200 €/MWh, descendiendo hasta 60 en octubre-noviembre, si bien en diciembre ascendió hasta casi 100 –todavía, en todo caso, muy por encima de niveles preguerra y prepandemia–. Las materias primas industriales también se han abaratado, aunque permanecen en niveles relativamente elevados, mientras que los fletes marítimos se encuentran cerca de los niveles previos a 2020, y los cuellos de botella en las cadenas de suministro globales ya están cerca de resolverse.

Todo ello se ha comenzado a reflejar en el índice de precios industriales. El índice que excluye la energía prácticamente ha dejado de ascender, indicando una estabilización de los precios industriales a lo largo de la cadena de producción, aunque con ciertas diferencias por productos. Así, en el caso de los bienes intermedios, los precios se encuentran incluso en descenso, mientras que en los productos alimenticios la trayectoria alcista se mantiene intacta, anunciando que el encarecimiento de los alimentos en el IPC aún tiene recorrido.
Todo lo anterior, unido a la evolución mejor de lo esperado en el nivel de almacenamiento de gas natural en Europa –que, junto al buen tiempo, ha alejado el temor a cortes de suministro durante el invierno–, ha permitido que la evolución de la economía en el tramo final del año haya sido, probablemente, mejor de lo que se anticipaba meses atrás.

El saldo de la balanza de pagos por cuenta corriente en el conjunto de los tres primeros trimestres del año ha sido un superávit del 0,2% del PIB. El superávit de la balanza de servicios turísticos se ha recuperado completamente, hasta niveles prepandemia, pero al mismo tiempo se ha producido un fuerte deterioro de la balanza de bienes, que registró el mayor déficit desde 2008. Este ha sido consecuencia tanto del encarecimiento de la factura energética como del cambio de signo de la balanza no energética, que se ha vuelto deficitario.
En cuanto al saldo de las cuentas públicas, ha vuelto a sorprender con un resultado mejor de lo esperado, como consecuencia de un incremento en la recaudación fiscal superior al previsto. Hasta septiembre, el déficit del conjunto de las AA.PP. fue del 2,3% del PIB, frente a un 6,3% en el mismo periodo del año anterior.

Previsiones para 2022-2024

Los ajustes aportados por el INE en relación a la evolución de la economía durante la primera parte del ejercicio pasado, junto con la tendencia a la moderación de los precios energéticos, obligan a una revisión a alza de las previsiones de crecimiento. Para 2022, se estima que el PIB habrá avanzado un 5,2%, siete décimas más que en la anterior previsión, como consecuencia de dicha actualización del INE.
El crecimiento retrocederá hasta el 1% en 2023, debido fundamentalmente a que la mayoría de hogares ya no disponen de un colchón de ahorro para sostener su gasto en consumo. Sin embargo, el PIB avanzaría tres décimas más que en la previsión de octubre. Esta revisión al alza se basa en una hipótesis de precios energéticos más moderados de alo anticipado: el gas cotizaría en 90€ por MWh (una hipótesis prudente ya que se sitúa por encima de los valores registrados en los mercados a plazo del Mibgas), frente al supuesto anterior de 120€. Todo ello crea un terreno propicio a la desescalada del IPC, atenuando la pérdida de poder adquisitivo de las familias y el alza de costes energéticos de las empresas. Su efecto expansivo compensará el giro restrictivo en materia de política monetaria, y se hará más patente a partir de la primavera.

Todos los componentes de la demanda interna se han revisado al alza, particularmente en lo que atañe al consumo privado que registraría un ligero avance (frente al estancamiento presagiado en la anterior previsión). La inversión, también ajustada al alza, será el componente más dinámico de la demanda, debido a que los estímulos provenientes de los fondos europeos contrarrestarán el efecto negativo de la subida de tipos de interés. La aportación del sector externo, sin embargo, será negativa como consecuencia del débil crecimiento previsto de los mercados europeos (la economía de la eurozona en su conjunto tendrá un crecimiento nulo en el presente ejercicio, y algunos importantes mercados de exportación como Alemania conocerán una recesión).
El crecimiento del PIB previsto para el conjunto del año presenta importantes contrastes en su perfil trimestral. Tras la leve caída anticipada en el primer trimestre, se espera que el PIB avance a un ritmo trimestral cercano al 0,4%. Fruto de ello, y de la recuperación progresiva de la economía europea, el crecimiento podría alcanzar el 1,8% en 2024, lo que permitiría recuperar el nivel de actividad previo a la pandemia Todos los componentes, tanto internos como externos, aportarán crecimiento ese año.

La desescalada del IPC iniciada en el cierre del 2022 se prolongará, si bien de manera gradual por la inercia que caracteriza la inflación subyacente (la que se obtiene descontando los precios de la energía y de los alimentos frescos). El deflactor del consumo privado crecerá este año un 4,4%, ocho décimas menos que en la anterior previsión, como consecuencia del abaratamiento de la energía. Por su parte el deflactor del PIB, la variable que mejor refleja la dinámica subyacente, se incrementará un 4,1% (tres décimas menos). Esta previsión asume una contención de los efectos de segunda ronda: tanto la remuneración media por asalariado como los márgenes empresariales por unidad producida crecerán a un ritmo moderado, del 3,5% y 3,9%, respectivamente. El retroceso de la inflación se afianzará en 2024, con un crecimiento del deflactor del consumo del 3,5% –superando todavía el objetivo del BCE– y del 3,2% en términos de deflactor del PIB.

La ralentización prevista de la economía internacional, y en particular de la europea, hará mella en las cuentas externas, provocando un deterioro de la balanza por cuenta corriente en 2023. Sin embargo, la tendencia cambiará en 2024 gracias a la mejora global −también vaticinada por el FMI− para ese año, unida al buen posicionamiento competitivo de las empresas españolas. En todo caso, habida cuenta de los fondos europeos Next Generation, el saldo total se mantendrá en terreno positivo (capacidad de financiación) durante todo el periodo de previsión.

El mercado laboral se resentirá de la desaceleración, pero sin revertir la recuperación registrada en los últimos meses. Se prevé la creación de casi 100.000 empleos netos durante el presente ejercicio, y de 250.000 adicionales en 2024 (en términos equivalentes a tiempo completo). Todo ello podría facilitar una leve reducción de la tasa de paro hasta el entorno del 11,5% al final del periodo de previsión, todavía el peor resultado de la UE.
El déficit público ha descendido significativamente por el juego de los estabilizadores automáticos y de la inflación. Sin embargo, en 2023 apenas se avanzará en la contención de los desequilibrios por el enfriamiento de la economía y la indiciación de las pensiones. El agujero rondará el 4,3% del PIB en 2023 y la deuda pública se situará en el 110%. Unos registros que mejorarán en 2024 en consonancia con la recuperación.

Finalmente, ante la persistencia de la inflación, los principales bancos centrales han emprendido una senda de subidas de tipos de interés con el objetivo de enfriar la demanda y así moderar los efectos de segunda ronda. Las previsiones incorporan incrementos adicionales de la facilidad de depósitos del BCE hasta alcanzar el 3,25% en el segundo trimestre del 2023, momento a partir del cual se mantendría sin grandes cambios hasta principios de 2024 cuando empezaría a descender. El ajuste monetario se reflejará en los tipos de interés de mercado. El Euribor podría alcanzar valores próximos al 3,75% en los próximos meses, antes de retroceder levemente a medida que las expectativas de nuevas subidas de tipos del BCE se frenan. El resultado para los hogares hipotecados a tipos variables es un encarecimiento de la factura de intereses que podría totalizar 6.300 millones de euros en los dos próximos años. El rendimiento de la deuda pública seguirá una senda similar, incrementando el pago de intereses en unos 9.000 millones, en total hasta 2024.

Riesgos

Las previsiones siguen estando marcadas por un elevado grado de incertidumbre global. Un desplome de los precios energéticos más acusado de lo previsto no es descartable, a tenor de los mercados a plazo, y su materialización aceleraría la desescalada de la inflación a la vez que aportaría un importante estímulo al crecimiento. En sentido inverso, tras el fin de la política de Covid-cero, China podría emprender una rápida senda de recuperación, tensionando los mercados y los precios del petróleo y del gas licuado. Por otra parte, el riesgo geo-político parece haberse reducido (los escenarios más pesimistas en relación a la guerra en Ucrania son menos probables), pero sin desaparecer.

En el plano económico, el ritmo de subida de tipos de interés por parte del BCE plantea un desafío para los agentes más endeudados. Los riesgos financieros parecen hoy moderados, gracias al desendeudamiento privado y al buen comportamiento del mercado laboral (algo clave para evitar una recesión). Pero un ajuste excesivamente agresivo de la política monetaria podría complicar el escenario.

Finalmente, la persistencia de un importante déficit público estructural es una amenaza, en un contexto de retirada del apoyo del BCE tanto en materia de tipos como de compra de deuda pública. El Estado tendrá que colocar en el mercado cantidades ingentes de títulos de deuda. Y por tanto la sostenibilidad fiscal depende de la credibilidad de los objetivos de corrección de los desequilibrios, y del impacto transformador de las inversiones financiadas con fondos europeos.

Tressis la inversión basada en fundamentales será clave en 2023

Los datos macroeconómicos comienzan a estabilizarse y las economías desarrolladas podrían evitar la recesión gracias a la corrección de las principales materias primas. Sin embargo, la inflación sigue siendo elevada y existe el riesgo de estancamiento con precios altos. Por tanto, la primera conclusión es que la prudencia debe continuar imperando en las carteras de inversión.

Tressis destaca para la primera parte del año los sectores defensivos y las compañías con capacidad de fijación de precios.
En cuanto a la renta fija, indican que estamos ante una gran oportunidad en estos mercados. En el caso de la renta variable, siguen favoreciendo los mercados desarrollados frente a los emergentes y las empresas de mayor capitalización frente a las pequeñas.
Estamos en un entorno de inflación persistente, pero que comienza a estabilizarse. Mientras, los bancos centrales continuarán con su política de subida de tipos y reducción de balance, lo que mantendrá elevada la volatilidad. Ante este escenario, la prudencia debe continuar imperando en las carteras de inversión. Esta es una de las principales conclusiones de la presentación de perspectivas de inversión de Tressis,.

«Los datos macroeconómicos han empezado a estabilizarse y las economías desarrolladas podrían evitar la recesión gracias a la corrección de las principales materias primas. Sin embargo, la inflación sigue siendo elevada y existe el riesgo de un estancamiento con precios elevados. El año 2023 presenta un entorno atractivo para buscar inversiones a largo plazo de manera selectiva. Todos los grandes patrimonios se han construido en años como 2023.» explicó Maté, consejero delegado de Tressis. «Para 2023 esperamos un crecimiento global del 2,1% y que la eurozona y el Reino Unido cierren el año con una leve caída o estancamiento», añade Maté,

Por su parte, Lacalle, economista jefe, recuerda que «en periodos similares de contracción monetaria se ha comprobado que la inversión por fundamentales, poniendo en valor los beneficios y márgenes empresariales, funciona. Por ello, podemos confirmar que nos encontramos ante el mejor año para la inversión por fundamentales. No podemos olvidar que en el mundo muchos países seguirán creciendo, mientras que muchos sectores, como por ejemplo el lujo, la tecnología o la salud, van a tener buenos comportamientos». Además, apunta que «el inversor en 2023 debe tener en cuenta que la contracción monetaria generará un periodo de mayor volatilidad, pero mejores oportunidades».

Renta fija

Desde la consultora indican que la renta fija vuelve a ofrecer unas valoraciones atractivas y unas rentabilidades que no veíamos desde hace una década. Además, no debemos olvidar que nos puede brindar oportunidades para reducir el riesgo de las carteras a la vez que nos ofrece la ventaja de la diversificación. La rentabilidad de los bonos en todos sus plazos ha aumentado por la subida de los tipos oficiales, y es posible que continúen subiendo a medida que se reduzca el balance de los bancos centrales y que la inflación subyacente se mantenga elevada.
– Comienza 2023 con duraciones bajas y un mayor peso en las carteras de renta fija privada con grado de inversión.
– Todavía encuentran en la renta fija a largo plazo cierto riesgo, aunque limitado, en un contexto de subidas de tipos de interés. No obstante, mantienen algunas posiciones en cartera que ayudarán a compensar los episodios de volatilidad.

Renta variable

Centrados en la renta variable, la entidad valora que la primera parte del año será favorable para los sectores más defensivos y las compañías con políticas de distribución de beneficios sostenibles a sus accionistas. Por ello, cuenta con fondos en cartera centrados en estas características, ya que consideran que proporcionan una cobertura frente a la inflación y a la volatilidad en periodos de subidas de tipos como el actual. Por último, «seguimos favoreciendo los mercados desarrollados frente a los emergentes y las empresas de mayor capitalización frente a las pequeñas», señala Lacalle.

Toda vez que las acciones han ajustado el impacto de las subidas en los tipos de interés, serán los beneficios empresariales y su evolución los que irán marcando el rumbo de las bolsas. Esperan que los sectores defensivos y aquellos con capacidad de fijación de precios sigan teniendo un mejor comportamiento a nivel global. Por lo tanto, Maté indica que «para la primera parte del año estamos positivos en salud, consumo básico, defensa, lujo, telecomunicaciones y energías renovables. También debemos incorporar otras industrias menos defensivas cuyas valoraciones vuelven a estar a múltiplos atractivos. Aquí entrarían sectores como software, semiconductores, comercio electrónico, biotecnología, Internet o servicios financieros. Son subsectores que van a ser capaces de crecer a doble dígito, no van a sufrir problemas de capital circulante y con suficiente caja para capear la situación actual».

Materias primas

En lo que respecta a las materias primas, cabe destacar que sus precios retrocederán a medida que la demanda disminuya. No obstante, la escasez de oferta provocada, en algunos casos, por la reducción de inversión y desarrollo en los últimos años, mantendrá los precios relativamente altos frente a su media histórica.

Energía: los precios del petróleo alcanzaron máximos de una década en 2022. A partir de ahora, esperan que los precios continúen relativamente elevados, aunque la postura de la OPEP, la crudeza del invierno y cómo sea de profunda la ralentización del crecimiento serán determinantes.
Metales básicos: llegaron a máximos históricos en el primer trimestre del año y desde entonces los precios han retrocedido un 30%. Se muestran positivos en aquellos metales relacionados con la transición energética y piensan que no se deberían ver mayores caídas en precios. Sin duda, su evolución estará marcada por la desaceleración de la economía china.
Agricultura: el pasado año se vivieron máximos históricos en los precios agrícolas y en 2023 se mantendrán por encima de los niveles anteriores a la pandemia.
Metales preciosos: fueron las únicas materias primas que no experimentaron una gran subida a raíz de la guerra. En concreto, de cara al inicio de 2023, la entidad considera que el oro es un buen activo para protegerse de una inflación persistente, especialmente en un contexto de tipos de interés reales negativos.

Los tipos seguirán al alza

El Banco Central Europeo (BCE) ha defendido la subida de tipos de interés como un ejemplo de la credibilidad de esta institución a la hora de doblegar las presiones inflacionistas en la zona euro y ha avanzado que continuará incrementándolos.

«Será necesario subirlos más», ha dicho Lane, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, en una entrevista concedida al ‘Financial Times’.
Lane ha señalado que 2022 ha sido un punto de inflexión en la transición de una política monetaria acomodaticia a una más restrictiva. En este sentido, el economista irlandés ha afirmado que los gobiernos deberán acometer «importantes ajustes fiscales» en los próximos años, acotar las políticas de apoyo desplegadas durante la pandemia y adoptar una fiscalidad más prudente. «Será necesario un importante ajuste fiscal en los próximos años», ha afirmado.
De esta forma, cree que los estados podrán responder «con decisión» a futuras turbulencias económicas. «No creo que la baja inflación de antes de la pandemia vuelva», ha resumido.

Por otra parte, Lane ha considerado que, a pesar de los altos precios de la energía, la economía europea ha podido «compensar parcialmente» unos mayores costes de producción con unos precios de exportación más altos para los productos manufacturados. Asimismo, ha señalado que la industria automovilística y del lujo son ejemplo de ello. «Europa se ha beneficiado de la elevada demanda de sus exportaciones», ha comentado.

Estados Unidos se contraiga en 2023

El camino de Estados Unidos hacia la recuperación tras la pandemia ha sido accidentado y 2023 puede traer consigo los mayores obstáculos hasta la fecha. Crédito y Caución prevé que el país afronte una leve recesión en el arranque del año a medida que la subida de los precios y los tipos de interés ahoguen la demanda interna en un contexto global de debilidad del crecimiento.

Dada la resistencia del gasto de los consumidores, la aseguradora de crédito espera que esta recesión sea leve, con una contracción del -0,4% en el conjunto del año, antes de que la economía retome la senda del crecimiento con un exiguo 1,4% en 2024.
En comparación con algunas de las principales economías europeas, Estados Unidos está relativamente aislado de los desafíos globales. No depende tanto de Rusia en materia de energía y, por tanto, se ve menos afectado directamente por la prolongación de la guerra de Ucrania. No obstante, la fortaleza del dólar y la menor demanda exterior están pesando sobre su capacidad exportadora. Aunque es probable que la inversión privada repunte en infraestructuras físicas y en algunos sectores de energías limpias, las perspectivas de la inversión empresarial para los próximos trimestres son sombrías, teniendo en cuenta el endurecimiento de las condiciones crediticias y los temores de recesión, que hacen que las empresas retrasen los gastos de capital.

El consumo privado ha demostrado su resistencia en los últimos trimestres, respaldado por la rigidez del mercado laboral y los sustanciales ahorros que los hogares acumularon durante la pandemia. El desempleo se mantiene bajo, la economía crea puestos de trabajo y el crecimiento de los salarios sigue siendo elevado, aunque por debajo de la inflación. Sin embargo, el rápido aumento de los precios y el agresivo endurecimiento monetario de la Reserva Federal han incidido en el pesimismo de los consumidores, que se sitúa por debajo de los valores de 2008, debilitando su poder adquisitivo e incrementado sus costes financieros. Con unos ingresos reales en descenso y unas tasas de ahorro familiar históricamente bajas, la aseguradora de crédito prevé que los consumidores frenen finalmente el gasto en el primer semestre de 2023.

Para sortear 2023, la Reserva Federal tendrá que dirigir la economía con mucho cuidado. Los signos de alivio de la inflación podrían ralentizar el ritmo de subidas de tipos a partir de diciembre. Sin embargo, es demasiado pronto para confiar en que los precios sigan una senda descendente. La inflación persistente en Estados Unidos se ha visto impulsada por causas más relacionadas con la demanda que en otros mercados importantes. De acuerdo con las previsiones a la baja de Crédito y Caución, la magnitud y la duración de la recesión aumentarían significativamente si la estanflación se consolidase, con un recorte del PIB que alcanzaría el -2,3 en 2023.

 

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