el matrimonio temporal o la legalización “moral” de la prostitución en Irán

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“Recurrí a un matrimonio temporal por dinero”, admite Roshanak. Llega sin aliento y se apresura a sentarse ante una gran mesa de madera oscura en el despacho de su abogada en Teherán para conceder una entrevista que le sirve de desahogo. Elige como  nombre ficticio uno que significa claridad, pese a que le ha tocado una vida marcada por “la soledad y mucha oscuridad”. Sus ojos no tardan en llenarse de lágrimas, le tiemblan las manos que sujetan una carpeta de plástico transparente que contiene dos folios cuya utilidad es prácticamente nula. A sus 35 años se encuentra atrapada por un vínculo que aceptó en un intento por “salir adelante”. 

No es la primera vez que se casa. El Código Civil de la República Islámica de Irán regula el matrimonio ordinario, también llamado “permanente”, según las normas que dicta la Sharia o Ley Islámica. Pero en el Capítulo 6 recoge artículos sobre la sigheh: un contrato temporal, privado y verbal que se practica en el islam chií. Un enlace que puede durar desde una hora y hasta 99 años. Según el mandato religioso, tiene como objetivo “el placer sexual para prevenir el pecado y la corrupción”

En la antigüedad, la justificación de esta práctica “era que los hombres, al estar lejos de casa, necesitaban tener acceso a las mujeres para satisfacer sus necesidades sexuales”, explica el antropólogo británico-iraní Kameel Ahmady. Es autor del libro Una investigación exhaustiva sobre el matrimonio temporal en Irán en el que explica que estos casamientos se remontan a la tradición nómada, cuando los hombres viajaban en caravanas de camellos durante meses o años por motivos de negocios o peregrinación. Se trata de una costumbre que no ha desaparecido con el tiempo. En 1990 se legalizó en el país persa como un “derecho fundamental” de la mano del difunto ayatolá Akbar Hashemí Rafsanyaní, justo después de que terminara la guerra de Iraq. Los líderes políticos y religiosos también hacen campaña de lo que defienden como una “cobertura legal ante la prohibición de las relaciones sexuales fuera del matrimonio que castiga el Código Penal”, asegura Shima Ghooshe, abogada especializada en los derechos de las mujeres en la capital persa. 

En las calles de Teherán no se esconden las fachadas de oficinas que se dedican a promover estos enlaces temporales, también existen canales de Telegram que promueven a mujeres que están dispuestas a contraer la sigheh. Se promocionan por edad y aspecto físico. “En realidad, es una fórmula legal para que el hombre compre a la mujer, la convierta en su propiedad, y haga con su cuerpo lo que le dé la gana”, denuncia la abogada que llevará el caso de Roshanak, Samira Ghadimi.





Samira Ghadimi posando en su despacho en Teherán

La letrada siente impotencia cuando recibe a clientas como Roshanak, reconoce que hay un vacío legal que las perjudica. “Vienen a mí para pedir ayuda, pero según la ley solo las podemos ayudar si están embarazadas, si conseguimos demostrar que el hijo es fruto de esa unión para que le den, al menos, su apellido”, argumenta. 

Ha abusado de mí como ha querido”

Son muchas las voces que denuncian que es una forma de promover la “prostitución y el matrimonio infantil”. Roshanak lleva trabajando desde los 17 años cuidando de personas mayores y limpiando casas. Se casó por primera vez con un hombre con el que no pudo tener hijos. Estuvo 13 años conviviendo con una persona que la maltrataba y la acusaba de infertilidad. “Yo era la que mantenía el hogar”, manifiesta. Hasta que conoció a su “marido” actual, de 84 años, con el que llegó a un acuerdo de matrimonio temporal de tres años. “Le pedí una dote para conseguir divorciarme del anterior”, alega, aunque no ha recibido nada. Reconoce que no es la primera vez que recurre a sigheh. “Mi padre murió, mi familia es muy humilde y me he visto obligada a utilizar esta práctica para salir adelante”, concluye.

“En este tiempo se ha sentido dueño de mi cuerpo y ha abusado de mí como ha querido”, denuncia. Su voz se quiebra, se frota las manos sobre las rodillas en busca de firmeza para continuar con su relato. “Hace nueve meses que no tenemos relaciones sexuales, es muy mayor y me culpa a mí de su impotencia”, dice. Casi tres años después de casarse, quiere “luchar por ser una esposa permanente para conseguir algunos derechos”. Su relato es tan contradictorio como las mismas normas de la República Islámica. Este tipo de casamientos temporales no contemplan los derechos de las mujeres, por lo que beneficia a los hombres al permitirles contraer relaciones ilimitadas cuando la poligamia solo permite cuatro esposas al mismo tiempo.

Ghadimi aún tiene que profundizar en el caso de su nueva clienta, pero reconoce que es difícil defender a estas mujeres porque la ley solo obliga a los hombres a la dote o que reconozcan la paternidad de un hijo si se demuestra que es suyo. “Tuve un caso de una mujer que dio a luz en el hospital y tuvimos que pedir ayuda a las autoridades para que obligasen al hombre a reconocer al hijo”, explica, porque en Irán los hijos no pueden adoptar el apellido de la madre. Algunas mujeres que entran en este tipo de relaciones, a veces se quedan embarazadas y los hombres, la mayoría de ellos, “no se responsabilizan de la custodia del niño”, coincide Kameel Ahmady. Además, hay una discriminación predominante en la Sigheh y es que una mujer tiene que esperar al menos 45 días entre un matrimonio y otro, explica la jurista, “para prevenir y distinguir el padre de un embarazo”. Excepto en el caso de aquellas que estén en la fase de la menopausia. 

Un contrato verbal: no hay derechos 

Irán es el único país musulmán que legaliza la Sigheh, aunque se practica también en los vecinos Irak y Yemen. “La justificación del sistema político está respaldada por la ideología religiosa, con el fin de mantener la purificación o mantener pura a su población para que no cometan el pecado de fornicación o no mantengan relaciiones sexuales antes del matrimonio”, indica Ahmady.  Además, en momentos de crisis económica, el Estado promueve el matrimonio temporal como una forma rápida, fácil y barata de casarse. El régimen de los ayatolás defiende esta práctica como una alternativa para jóvenes que, por circunstancias económicas, no pueden permitirse celebrar una boda.  

Sin embargo, las ambigüedades sobre los aspectos legales y religiosos del matrimonio temporal, denuncia el antropólogo, no tienen en cuenta las condiciones sociales de Irán. “Han dado lugar a consecuencias desagradables como el matrimonio infantil, el abandono escolar de niñas y adolescentes, la violación de los derechos de la mujer, así como lesiones físicas y presiones psicológicas sobre las mujeres”, arguye. Los detractores de esta práctica la tachan como una excusa para justificar moralmente el comportamiento de algunos hombres. Además, “el hombre suele pagar cierta cantidad por adelantado por servicios sexuales sin tener en cuenta el estrés psicológico y el estigma social”, coinciden las abogadas. 

En su libro Una casa sobre el agua, Ahmady examina la aparición y propagación de nuevas formas de matrimonio ocasional entre adultos, las lagunas legales y su impacto en las personas, especialmente en las mujeres, en casos como la dote, la asignación, la custodia y el embarazo no deseado. Su conclusión es que “a un número significativo de mujeres no les gusta este tipo de matrimonio temporal. En su opinión, es una práctica repulsiva que no debe aceptarse”. Pero los legisladores han aprobado la aceptación alegal de estos enlaces y los sectores religiosos de la sociedad iraní también han aceptado el matrimonio temporal y se adhieren a él.





Las manos de Roshanak víctima de la Sigheh

Turismo sexual «para que las viudas logren ingresos”

“Es muy machista, la ley no contempla las consecuencias que tiene sobre las mujeres, pero sí que hemos utilizado los argumentos de ley en un país donde se penaliza el adulterio”, afirma Shima Ghooshe. Las dos letradas explican que, para defender los derechos de las mujeres en la República Islámica, necesitan conocer qué dice el derecho mahometano y buscar una fórmula de interpretarlo en favor de las mujeres. Coinciden en que la sociedad iraní no está a favor de este tipo de enlaces y que recurren a esta práctica aquellas mujeres que están en situación de pobreza. “Porque el casamiento temporal, que no incluye la dote, se rechaza y la dote la marca la mujer; podría ser incluso una flor”, pone un ejemplo Ghadimi. 

Mujeres como Roshanak son una minoría que se dedican a conseguir un rédito económico a cambio de sexo. Recurren al matrimonio temporal como escudo legal de la prostitución y en esa ley “buscan la protección para no ser arrestadas”, explica el investigador afincado en Londres. “Es una herramienta para que las viudas logren ingresos, las que están paradas y no pueden mantener a sus hijos”, apunta. “En el momento que estas uniones se pueden hacer por minutos y horas está claro que hay un componente económico”, insiste Shima Ghooshe. 

Actualmente, este tipo de relaciones temporales en Irán están muy bien sistematizadas. Ahmady, tras años de investigación, concluye que hay empresas y personas lucrándose con la Sigheh. Cuentan con una red de hoteles, lugares concretos, oficinas de registro y personas que promueven el matrimonio temporal de mujeres para los turistas, especialmente los turistas religiosos. “Muchos hombres árabes solteros y extranjeros, principalmente de Irak, Arabia Saudí y Líbano, acuden a ciudades santas como Mashhad y Qum y a santuarios religiosos y se casan temporalmente durante su estancia”, explica. 

Ha fomentado la industria del turismo sexual. Hay mucho negocio invertido en el matrimonio temporal. Además, ensancha el camino al matrimonio infantil, porque el negocio también está en que si una chica es virgen, la contraprestación es mayor. “Aunque el Islam dicta que si una mujer es virgen necesita el permiso de sus padres”, dice Ghooshe. Pero, en este caso, no se trata del Islam, sino de poner en el centro al hombre como buena república patriarcal liderada por clérigos que viven siglos atrás respecto a la sociedad que gobiernan. 

Fuente

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