El Prado hace justicia al maltratado arte virreinal iberoamericano


Detalle de ‘Los tres mulatos de Esmeraldas’, pintado por Andrés Sánchez Galque hacia 1599 y pieza destacada de la exposición ‘Tornaviaje’. / Museo del Prado

‘Tornaviaje’ reúne un centenar de obras mestizas creadas al otro lado del Atlántico y enviadas a España entre los siglos XVI y XIX

Miguel Lorenci

España recibió muchos más objetos artísticos de procedencia americana que flamenca o italiana. Obras de un arte iberoamericano rico y variado que, sin embargo, se consideraron a menudo como menores o de segunda categoría, cuando no meros elementos antropológicos o documentales. Ahora el Museo del Prado hace justicia a este arte maltratado. Lo dignifica y pone en valor con la exposición ‘Tornaviaje’, que equipara la valía de las obras americanas, en muchos casos de artistas indígenas o mestizos, a la de los grandes maestros del museo, y salda una oprobiosa deuda.

En cartel hasta el 13 de febrero, ‘Tornaviaje. Arte iberoamericano en España’ reúne 107 obras muy diversas creadas desde la conquista hasta la independencia de los países iberoamericanos. Es una muestra «importante, ambiciosa y necesaria», según el director del Prado, Miguel Falomir. Aplazada durante un año debido a la pandemia, es uno de los hitos del museo en esta temporada de la vuelta a la normalidad y la primera sin limitaciones de aforo. Su objetivo es «derribar prejuicios y malentendidos para devolver la dignidad al arte virreinal».

Todas las obras expuestas pasaron alguna vez por España y están hoy en instituciones muy dispares. Solo hay seis piezas del Prado, y entre ellas destaca una que resume bien el espíritu de la muestra y que es, hoy por hoy «la pieza más demandada del museo, que solicita, por ejemplo, el Metropolitan de Nueva York», según cuenta Falomir. Se trata de ‘Los tres mulatos de Esmeraldas’, pintada en 1599 por Andrés Sánchez Galque e imagen de la exposición. Retrata a los Aroe, descendientes de un esclavo negro fugado en un naufragio y que lideró un grupo de resistencia indígena en la costa Esmeralda de Ecuador. La pieza le fue enviada a Felipe III por el oidor Juan del Barrio de Sepúlveda y retrata a tres mulatos ataviados con golas españolas, ornatos prehispánicos, sedas asiáticas y collares africanos de diente de tiburón.

Muchas de las obras olvidadas y ahora reivindicadas pertenecieron a las colecciones reales y colgaron en los mismos palacios junto a lienzos de Velázquez o Rubens, «una realidad ignorada hasta ahora por el Prado», reconoce el museo. «Desde que se expone en el Prado, este arte tiene el mismo derecho y la misma importancia que el resto de la colección. Es tan relevante o más en la Época Moderna, que es la del virreinato, y necesitamos liberarlo de prejuicios», reclama Falomir para unas piezas de vida fantasmal. «La tesis de la exposición es contar una historia que se ignora: que del siglo XVI al XIX llegó mucho más arte desde América a España que desde los territorios de Italia o de Flandes», reitera el director del Prado. «Los prejuicios se disiparán devolviendo la importancia que tiene a un arte al que se le negó su carácter y su alcance minimizando su contenido estético», agrega Falomir de una propuesta «que quiere paliar una gran laguna y ofrecer una visión más rica y compleja de la circulación de los objetos artísticos en la Época Moderna».

Un cocodrilo en una ermita

Como periplo de regreso a la península, ‘Tornaviaje’ se entiende así como un hecho «que permite valorar las aportaciones artísticas de América a España y, por extensión a Europa». La muestra quiere «visibilizar» el rico acervo americano conservado hoy en instituciones culturales, espacios religiosos y colecciones particulares, sobre todo en España.

Rafael López Guzmán, catedrático de Historia en la Universidad de Granada, es el comisario de esta histórica muestra para la que se han restaurado 27 obras en los talleres del Prado -entre pinturas, esculturas y piezas ornamentales-, y en la que están representadas todas las comunidades españolas, salvo Baleares y Murcia, con obras procedentes de una treintena de provincias. Se ha dividido en cuatro secciones: ‘Geografía, conquista y sociedad’; ‘Imágenes y cultos de ida y vuelta’; ‘Las travesías del arte’, e ‘Impronta indiana’.

Hay piezas tan chocantes como un cocodrilo disecado que colgó en un ermita tinerfeña al lado de una imagen de la Virgen, o una mitra arzobispal realizada con plumas de aves. Destacan también un retrato de Moctezuma realizado hacia 1680 que cede la galería de los Uffizi, o el impresionante ‘Biombo de la Conquista de México y La muy noble y leal ciudad de México’ (1675-1692), que refleja el ideario de las élites criollas. El comisario destaca el ‘Obrador Quiteño’, pieza de plata con pedrería e incrustaciones datada a principios del XVIII y que se expone por primera vez.

El centenar largo de obras reunidos por el comisario «permiten visualizar aspectos relacionados con las gentes que vivieron y circularon por las calles y mercados de América, lienzos que proponen retratos individuales y colectivos, paisajes urbanos o representaciones de productos de la tierra». Son obras llegadas en época virreinal, sobre todo en la Edad Moderna, «y que poco a poco han perdido la historia de su relato: por qué llegaron, cuáles eran su funciones o su origen».

Un total de 95 de la 107 piezas expuestas están custodiadas en instituciones culturales y espacios religiosos de nuestro país, de donde proceden 63 préstamos aunque también hay tres de prestadores internacionales. Son obras llegadas a a la metrópoli de México, Perú, Ecuador, Bolivia, Guatemala, Colombia o Cuba «de enorme interés por sus cualidades técnicas, belleza, valores y simbólicos y funciones sociales que se abordan en su cómplice integridad y no como curiosidades aisladas», concluye el comisario.

Realizada con el patrocinio de la Fundación AXA, en la muestra participan el Museo Nacional de Antropología, el Museo de América, el Museo de Ciencias Naturales y el Real Jardín Botánico.



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