El primer cómic de la historia se expone en la Biblioteca Nacional

El primer cómic de la historia se expone en la Biblioteca Nacional


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Violaciones, guerras, matrimonios e intrigas palaciegas se cuentan en el Skylitzes Matritensis, el primer cómic de la historia. Se trata del ejemplar más antiguo conservado de una crónica bizantina ilustrada -mediados del siglo XII-, que ahora la Biblioteca Nacional de España (BNE) muestra en una exposición de doce bifolios, divididos en cuatro ejes: Bizancio y el mundo; El culto a las imágenes; Ceremonia, espectáculo y procesiones en Constantinopla; y Mujer y roles de género.

Este códice de gran valor recoge la Synopsis Historion de Juan Escilitzes, un jurista que llegó a ser curopalates, jefe de la guardia palatina en la corte de Constantinopla durante el gobierno del emperador Alejo I Comneno (1081-1118). La copia de Madrid es la única con imágenes, repartidas por el mundo hay una veintena de ejemplares, pero solo con el texto.

El texto iluminado con 574 miniaturas relata el reinado de los emperadores bizantinos desde el año 811 al 1057 -de Miguel I a Miguel VI-, aunque el manuscrito no está completo, faltan los cuadernos de Teodora y Miguel VI. El director de la BNE, Óscar Arroyo, ha subrayado que es «una auténtica joya bibliográfica» que ha recuperado su esplendor, tras la restauración.

Constantinopla cosmopolita

Las páginas de pergamino de piel de oveja narran con ayuda de las imágenes, como en un tebeo, las batallas y la vida cotidiana de los bizantinos. Constantinopla, una urbe cosmopolita y multicultural que era «la Nueva York de la época», según el coordinador de la muestra, Manuel Antonio Castiñeiras.





Mapa de Constantinopla.

Las miniaturas, ricas en oro y lapislázuli, detallan los edificios, las ceremonias, la indumentaria, las costumbres, los grupos sociales, la situación de las mujeres y el ambiente multicultural de Bizancio. En la imagen que encabeza este texto, una mujer se venga de su violador, un soldado varego, y lo ajusticia con una lanza. Al enterarse, sus compañeros vikingos le dan a la agraviada todas las posesiones del muerto.

La presencia de un vikingo se explica porque «los emperadores bizantinos eran personas neutras políticamente, buenos guerreros y elegían a extranjeros para su guardia personal», apunta la comisaria de la muestra Inmaculada Pérez a RTVE.es. En el siglo XI, «Constantinopla era la capital de Europa, el imperio bizantino estaba en su esplendor territorial y cultural e incluso había musulmanes en el ejército bizantino. De hecho, había dos mezquitas en la ciudad, la primera en el palacio, porque los soldados musulmanes tenían que orar en algún sitio y después otra fuera porque había muchos comerciantes árabes».

Emperatrices poderosas

La importancia del culto a la virgen María, protectora de Constantinopla, la continuidad dinástica y el espacio propio en el palacio -el gineceo- sirvieron a las mujeres de Bizancio para ejercer el poder, muchas veces con la ayuda de los eunucos, el tercer género, que actuaban como espías y consejeros.

Pérez indica que hubo «emperatrices muy influyentes y las que tenían poder real eran las regentes«. «Tenemos mujeres poderosísimas en la corte bizantina. Son mecenas de la cultura, influyen sobre las decisiones políticas de sus maridos e incluso van a las campañas militares porque los emperadores querían tener siempre al lado a la gran consejera que podía ser la emperatriz«.

Algunas aristócratas alcanzaron cierto grado de educación y dentro de la familia imperial, Irene Ducas, esposa de Alejo I Comneno, mantuvo un salón literario y su hija Ana Comnena llegó a escribir la historia del reinado de su padre en la Alexíada.

Fuego griego

Los dibujos del Skylitzes Matritensis son tan minuciosos que se pueden apreciar técnicas de combate naval, como el «fuego griego». Pérez detalla que esta tecnología militar, unida a las murallas fue fundamental para defender Bizancio de los ataques musulmanes, rusos y eslavos. Constantinopla es una de las ciudades de la antigüedad que sobrevivió, mientras que desaparecieron Antioquía o Alejandría. Los bizantinos tenían un sistema hidráulico con el que lanzaban a los barcos enemigos un líquido que ardía al contacto con el agua, origen de los modernos lanzallamas. (Ver imagen)





Escena de guerra naval en el ‘Skylitzes Matritensis’.

El códice fue realizado en Sicilia, a mediados del siglo XII, en el seno de la corte normanda. Fue una gran empresa artística, con dos escribas italo-griegos y siete miniaturistas de diferente formación artística: mientras que los dos primeros son claramente bizantinos, los otros cinco son sicilianos y usan elementos musulmanes y latinos. No está claro quién lo encargó, pero fue toda una demostración de poderío por los materiales empleados y la ambición del trabajo.





Miniatura del códice ‘Skylitzes Matritensis’.

Las miniaturas muestran desde la coronación de los emperadores, a las carreras de caballos en el hipódromo o escenas palaciegas que no tienen nada que envidiar a un culebrón, como cuando un eunuco pilla a la emperatriz Teodora adorando un icono, en contra de la política oficial de Teodosio, su esposo iconoclasta.

La comisaria recuerda que los libros no los leía cada uno en su casa, «la historia en Bizancio se leía en voz alta y la gente que escuchaba estaba interesada en las anécdotas de la familia imperial».

En la imagen, el emperador León VI el Sabio lee un panfleto ofensivo contra él en el mitatorium de Santa Sofía.

De Sicilia a Madrid

El viaje del libro desde Sicilia a Madrid también es fascinante. Su origen se sitúa en el monasterio de San Salvador in Lingua Phari en Mesina donde se puede rastrear en su biblioteca desde el siglo XV, luego se custodió en la catedral de la ciudad. El manuscrito fue incautado por el virrey de Sicilia, Francisco de Benavides, en 1679, en castigo por las revueltas que habían sucedido en Mesina contra la corona española.





Mapa de Mesina

El siguiente virrey, Juan Francisco Pacheco, VI Duque de Uceda, incorporó el códice a su biblioteca privada y lo encuadernó en piel verde sobre cartón y adornos dorados. En 1696, el libro llegó a Madrid con el resto de los volúmenes del duque. Felipe V se incautó de la biblioteca y la incorporó a la Real Biblioteca en 1712. El manuscrito griego aparece catalogado por Juan de Iriarte en el año 1769. Ya en el siglo XIX, en 1836, cambió de denominación y pasó a ser la Biblioteca Nacional de España.

Restauración del códice

Para su restauración, el códice ha sido desencuadernado y sometido a un primer análisis sin toma de muestra fruto de la colaboración entre la BNE, el Instituto del Patrimonio Cultural de España, y el proyecto de investigación Manuscritos bizantinos iluminados en España: obra, contexto y materialidad-MABILUS.

Estos trabajos sitúan a la Biblioteca Nacional de España como un referente mundial de la Bizantinística y refuerzan su liderazgo en la investigación sobre manuscritos iluminados.

En la exposición, el visitante podrá apreciar los materiales y técnicas empleados en la elaboración del códice, como el pan de oro que recubre las armaduras de los caballeros representados en la batalla que acompaña a estas líneas.





Detalle de una página del ‘Skylitzes Matritensis’.

El comisario Stefanos Kroustallis explica el valor del códice por lo costoso del proceso de elaboración, detalla que desde que se decide encargar el manuscrito hasta que se ejecuta pudo pasar un año, «primero hace falta el soporte, los pergaminos de muy buena calidad y los especialistas en prepararlos. No era tan fácil», en este caso son de piel de oveja.

El lapislázuli de las montañas de Afganistán para el azul ultramar, un pigmento más caro que el oro, indica «un gran esfuerzo económico y la voluntad de preparar un manuscrito de lujo suntuario», según Kroustallis. Añade que este manuscrito iluminado manifestaba el poder y el estatus del propietario.

Kroustallis valora que «la materialidad de estos manuscritos lujosos, hay que interpretarla también y contextualizarla con el resto de la información que podemos tener a través del estudio interdisciplinar que se ha hecho de este códice». Una tarea que aún no ha terminado, los expertos seguirán intentado desvelar las preguntas sin respuesta que plantea el Skylitzes Matritensis.

Detalles de la exposición

La exposición Un universo de imágenes, el Skylitzes Matritensis se podrá ver del 6 de junio al 26 de octubre.

Lugar: Antesala del Salón de Lectura María Moliner en la Biblioteca Nacional de España.

Horario: Lunes a viernes laborables, de 9:30 a 20 horas. Sábados, de 9:30 a 14 h.

La entrada es gratuita, pero los grupos a partir de cinco personas tienen que reservar hora.

La BNE ofrece visitas guiadas para las que se necesita inscripción previa.

Entre las actividades complementarias, el 13 de junio se celebra un seminario: El Skylitzes Matritensis, Bizancio y la Sicilia normanda: nuevas y viejas cuestiones sobre un manuscrito griego excepcional. El 19 de junio, a las 18:30 horas tiene lugar la mesa redonda: El contexto artístico y cultural del Skylitzes Matritensis a debate.

Por último, hay un concierto el 26 de junio: Entrebescant. Música antigua tradicional. Skylitzes Matritensis: Sonidos y visiones del imperio bizantino.

Fuente

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