Gabriel Boric, el ex líder estudiantil que propone una transformación


Gabriel Boric tiene grandes chances de hacer historia en Chile. Si gana estas elecciones, se convertirá en el presidente más joven que haya tenido el país. Y aunque algunos le reprochan justamente su poca experiencia en cargos políticos, él tiene confianza en poder estar a la altura.

Se declara heredero de la “revolución de los pingüinos” -aquí llaman así a los estudiantes secundarios por sus uniformes- que sacudieron al primer gobierno de Michelle Bachelet en 2006 con movilizaciones en reclamo de educación gratuita y de calidad.

Fue una de las primeras alertas de que la nueva generación quería cambios profundos en el modelo neoliberal que instaló el régimen de Augusto Pinochet (1973-1990) y que con algunos cambios se mantuvo en los gobiernos de centro izquierda de la Concertación.

“Somos la generación que salió a la calle para decir que no queríamos que siguieran lucrando con nuestros derechos”, dijo este jueves en el acto de cierre de campaña.


Gabriel Boric, en su cierre de campaña, el jueves, en la localidad de Casablanca, en Chile. Foto: AP

Contra la desigualdad

Ecologista, feminista, regionalista y crítico acérrimo del modelo neoliberal instalado durante la dictadura militar, propone una agenda profunda de cambios.

Aunque en las últimas semanas fue moderando su discurso y moviéndose más hacia el centro del espectro político. Sabe que frente a una segunda vuelta necesitará ese apoyo crucial.

Su objetivo es combatir la desigualdad histórica que sufre Chile y que detonó hace dos años la revuelta social, y construir un Estado de bienestar similar a las democracias europeas.

“Es tremendamente importante que cambiemos para avanzar en las transformaciones por las que estamos peleando; construir un Estado que garantice derechos, que garantice dignidad e igualdad es la única manera de tener estabilidad, porque no puede crecer un país que está fracturado socialmente”, enfatizó en su cierre de campaña, frente a cientos de seguidores en la localidad de Casablanca, al sur de Santiago.

Una selfie con seguidores, en un acto el 1 de noviembre en Santiago de Chile. Foto: AP

Una selfie con seguidores, en un acto el 1 de noviembre en Santiago de Chile. Foto: AP

Boric suele mencionar al ex presidente socialista Salvador Allende como referente. También es muy cercano a Pablo Iglesias y a Íñigo Errejón, fundadores del partido español Podemos, y al ex mandatario uruguayo José Mujica.

Los mercados le temen, aunque su discurso actual está a años luz de las proclamas radicales que defendía hace una década cuando era estudiante de Derecho y estaba al frente de la poderosa Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, que lideró las marchas de 2006 y 2011 a favor de la educación gratuita.

Su círculo más cercano procede justamente de aquellas movilizaciones: su mano derecha es el también diputado Giorgio Jackson, con quien llegó por primera vez al Parlamento en 2014 y fundó el Frente Amplio tres años después.

Propuestas

Algunas de sus propuestas estrella son el aumento del salario mínimo, subida de impuestos a los más ricos, reforma del sistema de pensiones, reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales, instalación de un sistema único de salud y condonación de créditos universitarios.

Nacido en Punta Arenas, en el sur de Chile, en 1986, de ascendencia croata y catalana, Boric fue criticado por su inexperiencia y también por su alianza con los comunistas, con los que sin embargo marcó diferencias, sobre todo en su postura sobre Nicaragua, Venezuela y Cuba.

“En nuestro gobierno el compromiso con la democracia y los derechos humanos será total, sin respaldos de ningún tipo a dictaduras y autocracias, moleste a quien moleste”, afirmó la semana pasada.

Fue luego de que una facción del Partido Comunista emitiese una declaración de apoyo al presidente nicaragüense, Daniel Ortega, luego de las elecciones del 7 noviembre, en las que obtuvo una nueva reelección luego de encarcelar a todos los candidatos opositores.

Si llega a ser presidente, declaró hace poco, quiere “algo que en Europa sería bastante obvio, que es asegurar un estado de bienestar para que todos tengan los mismos derechos sin importar cuanta plata tienen en la billetera”.

Santiago, enviada especial

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