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Elena está soltera, tiene 44 años y un sueldo de profesora en un instituto en la costa alicantina, pero no puede comprarse una casa. “Amigos de mi edad se hipotecaron hace 20 años, cuando el precio no era este. Pero yo he estado interina mucho tiempo”, cuenta a RTVE.es desde Dénia.

La querencia a la vivienda en propiedad de la sociedad española choca ahora con una realidad distinta: una persona soltera con un salario medio no puede comprar una casa en más de media España, según el portal financiero HelpMyCash tras comparar el salario neto mensual de cada comunidad autónoma con el coste medio de la vivienda ahí. Andalucía, Aragón, Cantabria, Cataluña, Galicia, Islas Baleares, Islas Canarias, la Comunidad de Madrid, Navarra, País Vasco y la Comunidad Valenciana son los territorios donde resulta más difícil, al menos, sin ayudas o herencias.

“Yo ahora estoy de alquiler y no considero que tenga un sueldo medio, diría un sueldo alto, sin ser una cosa…”, reflexiona la funcionaria, que asegura que ahora cuenta cada euro que se gasta en ocio. “Lo más problemático es la entrada y, luego, lo que se pague de contribución, etc. Fui al banco y me dijeron que tenía que ahorrar más”.

Solo y con un sueldo medio no es posible comprar una vivienda en 11 autonomías

Ahorrar con un sueldo medio: el obstáculo de la entrada

El tiempo apremia a Elena. Ella ha hecho sus cálculos para ver si puede reunir el dinero de la entrada antes de que sea demasiado tarde y le rechacen la hipoteca por falta de tiempo para pagarla. «Como mucho me puedo esperar un añito más», dice. Antes, el banco exige aportar al menos un 20% del valor de la compraventa, a lo que se suma en torno a un 10% derivado de impuestos y los gastos inherentes al contrato, según especifica la analista de la Asociación Hipotecaria Española (AHE) Leyre López, que reconoce que los altos precios del alquiler y el encarecimiento del coste de la vida por la inflación están dificultando el ahorro de los hogares, especialmente, si tienen un sueldo bajo.

En Baleares, por ejemplo, una persona que gane 1.600 euros podría comprarse un casa de unos 133.000 euros, sin embargo, el precio de la vivienda media alcanza los 348.000 euros, según el estudio. Si se buscara un piso más pequeño, de 80 metros cuadrados, sería igual de imposible: 257.000 euros en total y, por lo tanto, una entrada de 50.000 euros. La situación es muy similar en Madrid:

«Lo he intentado como tres veces con diferentes bancos, todos ponen el mismo problema. Y eso que yo ahora cobro 1.400 euros, bastante por encima de lo que es el salario base», afirma Pablo José en TVE, con el mismo problema que Elena para reunir el dinero de la entrada. De momento, este electricista paga 700 euros mensuales por un piso de 70 metros cuadrados en la sierra, pero para comprar uno de 80 metros cuadrados en la región de la capital debería reunir más de 52.000 euros solo para la entrada.

De acuerdo con los datos de HelpMyCash, en estas dos autonomías, Madrid y Baleares, las posibilidades de compra son bajas incluso con dos sueldos, mientras mejoran en el resto de territorios.

Precios altos, sueldos bajos, tipos de interés altos

“El verdadero problema está en la oferta. No hay suficientes viviendas sobre todo en las grandes ciudades, en los lugares más turísticos”, analiza el economista y director de Coyuntura Económica de Funcas, Raymond Torres, que lo relaciona con la subida del precio de los alquileres. “La dificultad de acceder a la vivienda en propiedad es lo que explica que una parte de la demanda se desvíe hacia el segmento del alquiler y eso es lo que presiona al alza el nivel de los alquileres”, explica.

Para Torres, esto se suma a un poder adquisitivo mermado por la inflación y la subida de los tipos de interés, con el Euríbor por encima del 4%. “Las condiciones de acceso al crédito también se han endurecido. Los bancos están en un escenario muy incierto. Ya no tiene nada que ver con la época de burbuja inmobiliaria, desde luego”, agrega.

Qué porcentaje del sueldo se destinaría a cubrir la mensualidad de la hipoteca es otro de los parámetros que los bancos utilizan para evaluar el riesgo del crédito, indican desde la AHE. “Una persona sin dificultades es aquella cuya cuota hipotecaria no suponga más de un tercio de sus ingresos. Está en torno a 35-40%”, señala Leyre López, que menciona también la “calidad del empleo” del prestatario, es decir, si tiene un contrato laboral indefinido, la antigüedad, etc.

De hecho, a la hora de analizar las dificultades de acceso a la vivienda en propiedad, tomar el salario medio nacional (25.897 euros brutos anuales, unos 1.705 netos al mes) resulta “optimista” para el doctor en economía Julio Rodríguez, miembro de Economistas en Crisis, cuando lo más frecuente en España es ganar 18.503 euros brutos (1.277 netos en doce pagas), según la última Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística, del año 2021.

“El principal escollo que nosotros vemos en todo esto es el empleo y las ayudas por parte de los poderes públicos. El empleo debería mejorar para facilitar el acceso al crédito”, valora la analista de la patronal de bancos, cooperativas de crédito y otros establecimientos financieros.

El esfuerzo de los hogares, al alza

El esfuerzo que deben realizar los hogares para pagar sus préstamos ha fluctuado en las últimas décadas, con una última etapa al alza. El indicador teórico anual ha alcanzado el 38,9% en el segundo trimestre de 2023, cuando en el año 2020 era del 29,9%, de acuerdo con el Banco de España.

A este respecto, el economista Raymond Torres recuerda que llegó a cotas muy elevadas durante la época de la burbuja inmobiliaria, “cuando la demanda era fortísima y las condiciones financieras muy favorables”: “El crédito podía alcanzar la totalidad del precio de la vivienda. El indicador de esfuerzo era alto, hasta el 40% o más de la renta disponible de los hogares… Ahora otra vez se ha incrementado con la subida de tipos de interés, sobre todo, para los préstamos a tipo de interés variable”, señala el analista de Funcas, antes de puntualizar que también difiere mucho si se trata de vivienda nueva o no.

No ha variado tanto, en cambio, el plazo medio de las nuevas hipotecas. El indicador se sitúa entre 24 y 25 años desde hace ya tiempo. “Dentro de esa variable no entran solo las hipotecas para la primera vivienda, que es de lo que estaríamos hablando ahora, sino que también serían las llamadas ‘viviendas de reposición’, que ponderan a la baja. Normalmente, al cambiar de vivienda se suelen tener unos ahorros derivados de la venta y no se requiere financiación tan a largo plazo”, advierte también López, de la AHE. “Por norma general, en la primera vivienda, la mayoría suelen ir hasta 30 años de plazo”.

Política de vivienda

Y si preguntamos a los analistas por la necesidad de medidas públicas, las primeras críticas van hacia la política de vivienda hasta ahora. “Este país tiene una proporción de viviendas sociales de alquiler muy baja. Se hizo un esfuerzo muy serio en el pasado y fue sobre todo para construir viviendas de protección oficial destinadas a la venta”, recuerda Julio Rodríguez, de Economistas en Crisis, que apostilla que aquellas promociones no fueron tan “sociales”. Para él, la clave de aquel impulso fue “una financiación crediticia privilegiada” a través del crédito oficial y las cajas de ahorro.

“El gobierno pactaba con las entidades financieras un crédito en unas condiciones que permitía financiar la construcción y compra de vivienda de protección oficial. A partir de 2013, cuando entra el gobierno del Partido Popular con Ana Pastor, se acaba la garantía de financiación porque decían que en aquel momento las de protección oficial eran más caras que el mercado. Pero aquello fue una situación excepcional”, relata el economista. Rodríguez lamenta también que el último plan del Ejecutivo, así como el acuerdo de PSOE y Sumar, tampoco incluya garantías de financiación de las viviendas sociales.

Sí se contempla “avalar” a través del ICO para que las hipotecas puedan cubrir más allá del 80% habitual, algo que ya se ha puesto en marcha en la Comunidad de Madrid o Andalucía y se plantea en Castilla-La Mancha, entre otras. “En Reino Unido, esa medida se entiende que ha contribuido más a subir los precios que ayudar a la gente a comprarse una vivienda”, valora Rodríguez, que además sugiere la necesidad de establecer controles para que no se pueda especular con esos inmuebles.

Y finalmente, está el problema de la oferta, que se explica en parte por el paulatino aumento demográfico sumado a los cambios sociales que hacen que las unidades familiares sean hoy más pequeñas que en el siglo pasado. Para solucionarlo, Julio Rodríguez menciona el sistema francés, que financia anualmente la construcción y venta de viviendas sociales a través de su ‘Caisse des dépôts et consignations’ (Caja de Depósitos y Consignaciones, de titularidad pública).

“También hay fórmulas mixtas, como es que colabore la iniciativa privada cediendo viviendas en alquiler para que las alquilen administraciones públicas”, señala, e insiste en la importancia de reservar siempre una parte para el alquiler social y no solo a la venta.

Fuente

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