Investigadores descubren identidad del homicida de niña asesinada en 1959 – EEUU – Internacional


Viernes 6 de marzo de 1959.

Risitas infantiles pululaban en la tarde casi noche de la pequeña ciudad de Spokane, en Washington.

¿El motivo? Varias niñas de un grupo de exploradoras iban por un vecindario vendiendo mentas con el fin de recaudar fondos para sus actividades de campamento.

Para los vecinos era muy habitual escuchar el leve toque de la puerta e ir a ayudarles a las niñas con la compra de alguno de los artículos comestibles.

Entre las menores estaba Candy Rogers, una niña, de 9 años, que ese día volvió a casa de la escuela, se alistó y salió con sus compañeras.

En la noche, sin embargo, jamás regresó.

Desapareció.

La menor fue víctima de un crimen que apenas hace unos días, 62 años después, tuvo una resolución total.

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La caja de mentas, un siniestro aéreo y un par de zapatos

El estremecimiento de los habitantes de Spokane llegó a su punto más alto cuando a las 9 p. m. de ese viernes 6 de marzo decidieron detener la búsqueda e instar a las autoridades a recorrer hasta la última fisura de la ciudad.

Hablaron con las otras niñas y les preguntaron a los muchos vecinos que aparecieron durante la recreación del recorrido de las exploradoras, pero casi nadie dio razón de Candy.

Las jornadas de búsqueda de la pequeña se convirtieron en enormes aglomeraciones de vecinos esperanzados: todos, a su modo, les daban palabras de ánimo a los padres de la pequeña. Rezaban por ella. Coreaban su nombre en las zonas más recónditas y en las carreteras menos transitadas.

El caso de Candy Rogers llegó hasta los medios de comunicación de todo el país. Su desaparición se convirtió en un revuelo prácticamente nacional.

Pero más allá de la atención a los enormes bloques de búsqueda ciudadana, no había resultados. Era como si a la pequeña se la hubiera tragado la tierra. Como si, de un momento a otro, se hubiese convertido en polvo sobre una carretera.

Candy no aparecía.

Esta caja se convirtió en la prueba principal para hallar a Candy.

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Durante 16 días de intensa exploración, a los ciudadanos se unieron policías, militares, marines y todo tipo de oficial que pudiese ser de ayuda.

La esperanza no decayó debido a un descubrimiento hecho durante los primeros días: encontraron una de las cajas del grupo explorador que, probablemente, pertenecía a Candy.

Los infructuosos esfuerzos se vieron todavía más truncados cuando un helicóptero que participaba en la exploración del terreno se estrelló.

Murieron tres miembros
de la tripulación.

A la incertidumbre por el incierto destino de la pequeña se sumó el luto por los aviadores que perdieron la vida.

El domingo 21 de marzo, más de dos semanas después del inicio de la búsqueda, un tripulante de un helicóptero, que sobrevolaba una zona ubicada aproximadamente a siete millas de la residencia de Candy, divisó un par de zapatos en una zona boscosa.

El lunes 22 de marzo se conoció el desenlace fatídico: oficiales que exploraron la zona en donde aparecieron los zapatos hallaron el cadáver de Candy.

Por lo que quedó consignado en los registros históricos, los resultados forenses determinaron que la pequeña sufrió abuso y maltrato antes de morir.

‘El monte Everest de los casos sin resolver’

Sigo diciendo que es el Monte Everest de nuestros casos sin resolver, el que parece que nunca podríamos superar, pero que al mismo tiempo nadie lo olvidó

Conforme pasaron los años los esfuerzos por resolver el crimen se estancaban. Los investigadores recorrían una y otra vez los laberintos sin salida construidos por los testimonios cruzados, por las pruebas frágiles y por las dificultades para hallar testimonios falibles que dieran luces sobre el final de la pequeña Candy.

El caso nunca se cerró por completo dado que había una prueba, algo mínimo pero contundente, que prometía desvelar la identidad del asesino: muestras de fluido masculino halladas en la ropa de Candy.

Con ese ADN era posible dar con el culpable.

Aunque no fue tarea fácil.

Duró 62 años.

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Este viernes 19 de noviembre, las autoridades por fin resolvieron lo que en su momento un investigador denominó como ‘El Monte Everest de los casos sin resolver’.

Y justo con esa frase el sargento Zac Storment, miembro del Departamento de Policía de Spokane, inició la rueda de prensa en la cual habló sobre la más que tardía resolución del caso: “Sigo diciendo que es el Monte Everest de nuestros casos sin resolver, el que parece que nunca podríamos superar, pero que al mismo tiempo nadie lo olvidó”.

La información revelada por las autoridades indicó que el fluido hallado en la ropa de Candy, aquel 21 de marzo de 1959, perteneció a John Reigh Hoff.

El ‘monstruo’ con antecedentes y una muerte temprana

Según ‘The New York Times’, John Reigh Hoff entró al Ejército con tan solo 17 años e incluso sirvió durante la Guerra de Corea.

Tenía 20 años y vivía a una milla de distancia de Candy cuando la mataron en 1959”, aseguró el citado medio.

Vivió con impunidad tras el delito hasta que, en 1961, dos años después del último resuello de Candy, estuvo seis meses en la cárcel por un intento de abuso contra una mujer.

Fue dado de baja del ejército a raíz de este hecho y sobrevivió ‘a la deriva’: consiguió trabajos de todo tipo y prácticamente pasaba los días al margen de la sociedad.

Hasta que en 1970 se quitó la vida.

Y si Candy lleva 62 años sin vida y su asesino 51, ¿cómo lograron ‘descubrirlo’?

Cathie Hoff, hija de John, proporcionó una muestra de ADN de su padre que lo vinculaba al caso. Para estar del todo seguros, las autoridades exhumaron el cadáver de Jhon.

Todo coincidió.

Habían hallado al asesino de Candy.

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‘Yo lloré en su hombro la muerte de Candy’

Lamento mucho lo que hizo mi papá (…) Espero que le dé paz saber eso, aunque en realidad no es justicia porque él no recibe ningún castigo (…) pueden saber que está resuelto

Las últimas piezas de rompecabezas encajaron durante los últimos días gracias a la colaboración de Cathie, quien, según dijo, tenía nueve años cuando su padre murió.

Es realmente triste descubrir que alguien, ni siquiera tu papá, sino alguien de tu familia, podría hacer algo así”, dijo en una entrevista con la policía.

El móvil del hecho, o al menos un indicio, llegó justamente desde el campamento de niñas exploradoras por el cual Candy salió a vender mentas durante su última noche con vida.

Resultó que la hermanastra de John fungía como ‘hermana mayor’ —una persona del grupo de exploradores con más experiencia— de un grupo de niñas, entre quienes estaba Candy.

Boy Scouts 1

El grupo de exploradoras nunca fue el mismo tras la desaparición de Candy. 

El sargento Storment afirmó que, una vez descubierta la identidad del asesino, logró comunicarse con la hermanastra de John.

Ella, quien en la actualidad tiene 70 años, afirmó que nunca tuvo idea de lo hecho por su hermanastro y que incluso él le sirvió como ‘hombro de consolación’ tras la desaparición y posterior hallazgo de Candy.

Lamento mucho lo que hizo mi papá (…) Espero que le dé paz saber eso, aunque en realidad no es justicia porque él no recibe ningún castigo, pero que su nombre tiene esto ahora. Y pueden saber que está resuelto”, concluyó Cathie, el ‘eslabón perdido’ que ayudó en la resolución del crimen que aún en la actualidad estremece a los habitantes de Spokane.

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