Irak renace después de “los años del terror”

Irak renace después de “los años del terror”


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Los checkpoints garantizan la seguridad de los enclaves más importantes de Bagdad, tanto por carretera como en los pasos peatonales. Los militares permanecen vigilantes ante cualquier atisbo que pueda poner en riesgo la estabilidad de sus ciudadanos. En Bagdad, la capital, las autoridades vigilan cada coche que se acerca a través de su atenta mirada. 

En el año 2013, los controles se contaban por cientos. Sin embargo, la progresiva estabilidad que ha ido ganando el país ha permitido que esta cifra haya disminuido, aunque aún está lejos de desaparecer del todo. Según el responsable de la fundación iraquí de Ahl Al-Bayt (PBUT) en España, Mousa Al-A’asam, «los checkpoints acabarán desapareciendo» pero, en la actualidad, el tenso contexto geopolítico con la guerra en Gaza de fondo, sumado al progresivo apoyo de los países que conforman el «Eje de la Resistencia», más los últimos ataques realizados contra las bases estadounidenses que siguen en el país, reflejan una calma inquieta.  

El terrorismo continúa estando presente en algunas zonas del norte de Irak, como en Erbil. A pesar de que los iraquíes intentan pasar página y seguir adelante, sus huellas siguen vigentes entre una población que no olvida. 

En el año 2014, el autodenominado Estado Islámico de Irak y de Levante (Daesh) consiguió apoderarse de un tercio del territorio iraquí quedándose a las puertas de Bagdad. Fue en ese mismo año cuando el clérigo Ali Sistani, venerado por los iraquís chiíes, decretó una fatwa (ley islámica) en la que pedía abiertamente a los ciudadanos iraquíes empuñar las armas y combatir al Estado Islámico. Esta llamada a la acción por parte de Sistani se produjo después de que 1.700 cadetes iraquíes, la mayoría de ellos chiíes, fuesen asesinados por los yihadistas en una base militar de la provincia de Salah al-Din, en el norte del país.  

Tras la llamada de Sistani, «un total de tres millones de voluntarios se alistaron para vencer al grupo terrorista”, afirma el presidente de relaciones internacionales de la mezquita de Abbas en Irak, Mohamed Ali. “Algunos se tuvieron que volver porque no eran necesarios tantos. Las potencias decían que se necesitarían tres décadas para acabar con el Daesh, pero Irak lo ha conseguido en 10 años». 

Una vez se decretó la ley de Sistani, Estados Unidos comenzó a liderar la coalición internacional contra el Daesh, entre la que está incluida España a través de la misión OTAN Inherente Resolve, en la que los militares españoles adiestran al Ejército iraquí, además de asesorar al gobierno de Irak en la estructura de la seguridad nacional. 

Desde el 2014, Irak tuvo que sufrir tres años de guerra para que en el año 2017 el entonces primer ministro iraquí, Haider al-Abadi anunciase, por fin, la victoria de Irak y la liberación del país del terror que trató de imponer el Califato del Daesh. De acuerdo con la agencia turca Anadolu, unas 40.000 personas murieron como consecuencia de los ataques terroristas del grupo yihadista y por las propias intervenciones militares de la coalición contra este grupo yihadista. 





Un checkpoint femenino en Irak

«El sueño de la liberación se hizo realidad», afirmaba al-Abadi después de que Irak consiguiese recuperar su territorio. Durante estos tres años el Ministerio de Migración y Desplazamientos de Irak certificó que tan solo el 42% de las personas que se vieron obligadas a dejar sus hogares pudieron regresar a sus casas. Además, en ciudades como en Mosul, donde el Daesh implantó su capital, la devastación que dejó el terrorismo continúa vigente hoy en día ya que, a pesar de las medidas impulsadas por el Gobierno iraquí, aún no ha podido reconstruirse. 

El fin del Daesh en Irak no significó su completa eliminación. El Gobierno iraquí continúa librando operaciones antiterroristas contra posiciones yihadistas —aisladas y sin la influencia que podían tener antes— en el norte y en el este del país. Un informe  escrito por el diplomático y exembajador español en Irak, Hansi Escobar, asegura que el Daesh «se ha convertido en una organización vulnerable y frágil que no controla ya ningún territorio» y «cuyos líderes están siendo eliminados, (…) no obstante seguirá haciendo daño y podría volver con fuerza si el teatro de operaciones vuelve a desestabilizarse». Actualmente, según el Ministerio de Defensa de España, «se calcula que el Daesh cuenta solo en Irak con un mínimo de 30.000 combatientes, entre ellos 12.000 extranjeros».  

En Irak, en el momento en el que se escribió este artículo, las Fuerzas Armadas eliminaron a varios yihadistas en la provincia de Diyala, según informó el Ejército iraquí.  

Salida de las tropas internacionales 

En la actualidad y ante esta situación, Irak ha anunciado la creación de un comité con el fin de programar la retirada de la coalición internacional. Este acontecimiento se produjo un día después de que Estados Unidos atacase con drones varias bases militares proiraníes en Bagdad, matando a uno de sus líderes.  

En declaraciones del primer ministro iraquí, Mohamed Al Sudani, “los incidentes más graves” que se «han repetido más de una vez en Irak” han sido consecuencia de los “ataques de fuerzas de la coalición internacional contra los cuarteles generales de las Fuerzas de la Multitud Popular», unas fuerzas compuestas por grupos chiíes proiraníes.  

Por esta razón, hace apenas unas semanas, el presidente interino del Parlamento de Irak, Mohsen Al-Mandalawi, ratificó la decisión de expulsar a las fuerzas de la coalición internacional del suelo iraquí, contando con el respaldo del pueblo y del Gobierno, aunque por el momento se desconoce la fecha definitiva. 

Del mismo modo, Mandalawi ha instado al primer ministro, Mohammad Shiaa Al Sudani, a tomar esta decisión y «fortalecer la operatividad de las fuerzas de seguridad iraquíes». Esta medida fue adoptada en un inicio en enero de 2020, cuando el Parlamento iraquí votó para exigir al gobierno la salida de las fuerzas extranjeras, además de cancelar el acuerdo de seguridad que mantiene vigente con Estados Unidos. Asimismo, Mandalawi advirtió en el mismo comunicado del »peligro de expandir el escenario de guerra en una región sensible al mundo entero por ser la mayor suministradora de energía«.  

La conquista de la seguridad 

Las calles de Bagdad viven a un ritmo frenético, independientemente de la hora. Las mujeres y los hombres se abren paso en las calles de la capital uniéndose al trajín de una ciudad que roza casi los nueve millones de habitantes. De no ser por los checkpoints y por la presencia militar en las calles cuesta imaginarse que esta ciudad haya sido uno de los escenarios donde más se han sufrido los atentados de los coches bomba y las inmolaciones. El último que vivió la capital fue hace tan solo tres años, cuando el Daesh cometió un doble atentado suicida en un mercado de Bagdad que acabó con la vida de 32 personas y causó más de un centenar de heridos. 

Bagdad no es la única ciudad que vive a este ritmo. Kerbala, la ciudad chií que adoptó el nombre de la batalla en la que murió el nieto del profeta Mahoma, no entiende de horarios. Con los primeros rayos del sol, los rezos islámicos, las conversaciones de los transeúntes que recorren sus calles y el ruido de las motos se entremezclan con los olores del almizcle que dejan a su paso el humo de los inciensos. La contaminación también está presente. En cuestión de minutos son decenas los coches y las motos que intentan hacerse paso en las calles atestadas de gente. Las mujeres, vestidas con abayas que dejan solo a la vista sus rostros, andan siempre acompañadas de otras mujeres. Los hombres, sin embargo, andan solos y acompañados de otros hombres. Pueden elegir. Hablan alto y observan lo que hay a su alrededor mientras acarician con sus dedos los Tasbih que cuelgan de sus manos. 





Una calle de Bagdad

Esta atmósfera se acentúa por la noche. El ruido no cesa, independientemente de la hora. Las tiendas y los puestos adornados por colgantes de ojos turcos, estantes de anillos plateados, piedras preciosas y collares permanecen abiertos desde las primeras horas del día hasta altas horas de la madrugada. Los cláxones de las motos continúan escuchándose. La vida en las calles son un reflejo de las ganas de un país por reconstruirse y por ganar una seguridad que en otros años parecía algo imposible de conquistar.  

Pero, a pesar de todo, la seguridad en Irak comienza a ser una realidad. El jefe del del Movimiento Nacional Al-Hikma, Sayyid Ammar Al-Hakim, sostiene en una entrevista que «nuestra situación de seguridad es estable. Las familias pueden moverse libremente, entrar y salir con total seguridad. Podemos decir que la seguridad que mantiene Irak no es muy diferente a la de otros países». 

«En cuanto a la política, nos encontramos en un momento de armonía. Estamos ante una especie de coexistencia pacífica. Regional e internacionalmente hay una especie de optimismo de los musulmanes árabes junto con lo países occidentales de construir puentes y entablar relaciones dentro del aperturismo que está viviendo Irak”, señala.  

Este aperturismo se ha vislumbrado en una estrategia diplomática que Irak ha ido protagonizando con los países de la región, incluyendo Irán y Arabia Saudí. En este último país Al-Hakim subrayó la importancia de «la estabilidad a ambos lados del Golfo», algo poco usual teniendo en cuenta que Arabia Saudí es la cuna del sunismo y, por ende, el mayor enemigo de la corriente chií.  

En la región más allá del Golfo, Irak ha decidido seguir fortaleciendo sus lazos diplomáticos con naciones como España. Además de la reciente visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al país árabe para encontrarse con las tropas españolas desplegadas allí, ahora se está avanzando en una nueva cooperación bilateral enfocada en fortalecer la capacitación de la policía iraquí en temas de seguridad. A su vez, el Ministerio de Defensa ha afirmado que Madrid continuará comprometido con la seguridad en Bagdad, a pesar de que se estén discutiendo planes para finalizar la misión en suelo iraquí, tras determinar que el Daesh ya no representa una amenaza significativa para el país. 

En el aeropuerto de Bagdad, después de pasar cuatro controles, Hussein, un iraquí que no supera la treintena, espera pacientemente su vuelo para volver a su otro hogar en Alemania. Lleva unos vaqueros negros ajustados y un jersey gris. Los dedos de su mano están decorados por dos grandes anillos con piedras, unas joyas que se repiten en gran parte entre los complementos de los hombres iraquíes. El vuelo que le debía haber llevado hasta Estambul para hacer escala se canceló por problemas en los radares de la torre de control. «En el aeropuerto de Bagdad esto es normal», relata. «Hace 10 años que no volvía a Irak y he venido ahora para visitar a mis familiares”. 

«Bagdad es ahora una ciudad muy segura», señala. «Los iraquíes no paramos, ni siquiera por la noche. Todo es mejor ahora». 

Fuente

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