Japón y Corea del Sur se unen contra la amenaza nuclear de Kim Jong-un




Tras varios años de desencuentros diplomáticos y comerciales, Japón y Corea del Sur zanjaron este jueves sus diferencias para unirse contra la amenaza nuclear de Kim Jong-un . En una cumbre celebrada en Tokio, el primer ministro nipón, Fumio Kishida, y el presidente surcoreano, Yoon Suk-yeol , acordaron «normalizar completamente» su pacto para intercambiar información militar y de inteligencia, que llevaba cuatro años suspendido. Denominado Acuerdo General de Seguridad sobre Información Militar, fue suscrito en 2016, pero la anterior Administración surcoreana, al mando del entonces presidente Moon Jae-in, lo paralizó en 2019 e incluso amenazó con cancelarlo por sus disputas comerciales y las restricciones de exportaciones tecnológicas niponas a Seúl. Para acabar con estas tensiones del pasado, Tokio levantará inmediatamente dichas limitaciones, que afectan a tres industrias clave en la fabricación de microchips y pantallas. Por su parte, Corea del Sur retirará la queja presentada ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esta mejora de las relaciones bilaterales ha sido posible gracias al cambio el año pasado en la Casa Azul, como se conoce a la residencia presidencial surcoreana. La victoria del conservador Yoon Suk-yeol frenó el «deshielo» que su predecesor, Moon Jae-in, había intentado con el régimen comunista de Pyongyang. A pesar de las cumbres que propició entre Kim Jong-un y el anterior presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el fracaso de sus negociaciones ha devuelto la tensión militar a la península de Corea. Noticia Relacionada estandar No Kim Jong-un lanza un misil intercontinental antes de la cumbre entre Corea del Sur y Japón Pablo M. Díez Temor a una prueba nuclear de Pyongyang ante este encuentro y las maniobras militares conjuntas de los ejércitos surcoreano y estadounidense En este nuevo escenario, Yoon ha decidido estrechar su alianza no solo con EE.UU., con el que ha retomado las maniobras militares conjuntas como las de esta semana, sino también con Japón. «El primer ministro Kishida y yo hemos concluido que el desarrollo nuclear y de misiles de Kim Jong-un amenaza la paz en la península de Corea, el nordeste de Asia y el mundo», explicó al término de la cumbre, según informa Yonhap. Además, anunció que «hemos acordado que, para responder a las amenazas nucleares y de misiles cada vez más sofisticados de Corea del Norte, la cooperación entre Corea del Sur, EE.UU. y Japón, es extremadamente importante y debemos seguir colaborando activamente». Amenazas de Pyongyang Buena prueba de ello es que, horas antes de partir hacia Tokio, Pyongyang disparó un misil intercontinental, el tercero de los últimos días después de los dos proyectiles submarinos estratégicos lanzados el fin de semana. A tenor de Yonhap, el Estado Mayor conjunto detectó el lanzamiento a las 7:10 de la mañana (23:10 del miércoles, hora peninsular española) desde la zona de Sunan, donde se ubica el aeropuerto de Pyongyang. Durante 69 minutos, y dibujando una parábola, el proyectil recorrió unos mil kilómetros hacia el este antes de caer al mar al sur de la isla de Hokkaido, la más septentrional del archipiélago nipón. A la espera de obtener más datos, los militares surcoreanos y estadounidenses sospechan que puede tratarse de un misil balístico intercontinental Hwasong-17, con capacidad para recorrer hasta 13.000 kilómetros y golpear suelo estadounidense. En febrero, el régimen de Kim Jong-un ya disparó un Hwasong-15, que tiene un alcance de 10.000 kilómetros. Con esta amenaza en el horizonte, Tokio y Seúl han optado por cerrar las heridas que perduran de la ocupación nipona de la península de Corea, que duró desde 1910 hasta su derrota en 1945 en la II Guerra Mundial. Uno de los asuntos más espinosos es el de las indemnizaciones para los coreanos que sufrieron trabajos forzados en grandes compañías japonesas, como Mitsubishi o Nippon Steel, que en 2018 fueron condenadas por un tribunal de Seúl. Precisamente, dicha sentencia fue la que provocó al año siguiente la restricción nipona de exportaciones tecnológicas a Corea del Sur. Aunque el Gobierno del presidente Yoon anunció hace menos de dos semanas la creación de una fundación pública afiliada al Ministerio del Interior para indemnizar a las víctimas con donaciones de empresas surcoreanas, algunos la rechazan por la ausencia de las compañías japonesas que utilizaron esa mano de obra forzada. Yoon ya ha dicho que no va a pedir dinero a las firmas niponas para pagar dichas indemnizaciones porque tiene «la determinación de moverse hacia el futuro en las relaciones entre Corea del Sur y Japón». En su opinión, lo importante es mejorar las relaciones bilaterales y con EE.UU. para hacer frente al desafío nuclear de Kim Jong-un. «La visita es significativa porque señala que las relaciones entre Corea del Sur y Japón, tensas hasta ahora, han entrado en una fase de normalización sincera», se congratulaba esta semana el consejero de Seguridad Nacional, Kim Sung-han. Desde diciembre de 2011, Japón y Corea del Sur no celebraban una cumbre bilateral, ya que la última visita del anterior presidente, Moon Jae-in, fue para la cumbre del G-20 celebrada en Osaka en junio de 2019. Cuatro años después, Tokio y Seúl abren una nueva etapa de colaboración para hacer frente a la amenaza de Kim Jong-un, el dictador atómico.

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