La inmigración en las europeas, un «referéndum» para la extrema derecha

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La inmigración es uno de los temas que más divide a Europa y con el tiempo se ha convertido en una línea muy delgada que separa el discurso de la izquierda del de la derecha. Más allá de los programas electorales, intereses partidistas y retórica electoral, este fenómeno global ha sido uno de los pilares de la campaña para elegir a los 720 eurodiputados de los Veintisiete Estados miembro. En campaña, líderes como Giorgia Meloni, Viktor Orbán, Marine Le Pen, Geert Wilders o Alice Weidel irrumpen con más fuerza que nunca y abanderan con orgullo un alegato agresivo de blindaje de fronteras. 

La incursión de la extrema derecha se debe a varios elementos que influyen en esta tendencia de rechazo a las personas migrantes. Entre finales del siglo XX y principios del siglo XXI, «se ha pasado de un electorado sensible a las clases sociales y a la desigualdad económica a otro mucho más nativista e identitario en el sentido cultural», explica el investigador principal del área de Migraciones de CIDOB y profesor en la Universidad Pompeu Fabra, Francesco Pasetti. Este cambio ha convertido la cuestión migratoria en un elemento explotable electoralmente que favorece a la extrema derecha, que ha construido su discurso con base en una premisa: el inmigrante tiene la culpa de todo. Ejemplo de ello fue la campaña que decidió el Brexit en el Reino Unido o la victoria de Donald Trump en 2020. Entonces había en el mundo aproximadamente 281 millones de migrantes internacionales, una cifra equivalente a tan solo el 3,6% de la población mundial. 

Los expertos coinciden en que los motivos de la falta de consenso en la política migratoria difieren según de qué miembro de la Unión se trata. Por un lado, están los países fronterizos como España, Italia o Grecia, que defienden la necesidad de una cuota obligatoria y una responsabilidad mayor por parte de los otros Estados miembros para la gestión de quienes llegan a las costas europeas. «En este sentido, lo que pedía España a la UE en estos años de gobierno de izquierda se parecía mucho a las exigencias de Meloni», explica Pasetti. Por otro lado, está el bloque continental, Francia y Alemania, que necesitan controlar los movimientos secundarios: «Que las personas que llegan a los países fronterizos se queden allí». Finalmente, el caso de Europa del Este, donde este tipo de discursos ha llegado antes al poder. «Los del Este son los territorios menos diversos, pero son los que más tienen miedo a la diversidad», explica Agus Morales, autor del libro No somos refugiados y director de la Revista 5W. 

Es un triunfo, alega, que se debe a la ausencia de un discurso alternativo en todo el espectro político. «Si se confirma la consolidación de los ultraderechistas en el Parlamento Europeo, es posible que haya un giro aún más restrictivo en políticas migratorias», advierte el investigador del CIDOB.

La inmigración, cuestión olvidada para el centroderecha y la izquierda

El uso de las migraciones con fines electorales se lleva a cabo hablando de «mitos y no de las migraciones», aclara Morales. Son procesos históricos complejos que no pueden simplificarse en una supuesta invasión de la que hablan algunos políticos. «Podríamos desmontar estos mitos uno a uno. Por ejemplo, si miramos los datos recientes, vemos cómo la mayoría de gente se queda en África, hablamos de más del 80%», apunta. Se trata de un relato, coincide, que está fabricado sobre ilusiones y mitos que «no tienen que ver con las migraciones, sino con las propias sociedades europeas»

Centran sus mensajes electorales en el miedo, como si fuera la sociedad líquida que describía así el filósofo Zygmunt Bauman: «Vivimos tiempos inciertos, en los que el miedo se convierte en un elemento central de nuestras vidas». «No tenemos unas estructuras sociales estables a las cuales aferrarnos. Aumenta la movilidad laboral o las dificultades para acceder a la vivienda. Tenemos la idea de que cualquiera puede estar en peligro y entonces seguimos un poco el lema de sálvese quien pueda», explica la socióloga francesa Elisa Brei, profesora en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). 

Tenemos la idea de que cualquiera puede estar en peligro y entonces seguimos un poco el lema de sálvese quien pueda

Mientras la extrema derecha ha abanderado el asunto migratorio en su discurso, «el espectro que va del centroderecha a la izquierda no quiere hablar sobre este tema. Han comprado el marco de la extrema derecha y no defienden ideas abiertamente y propuestas alternativas», lamenta el director de 5W. «Los políticos usan como chivo expiatorio la inmigración internacional, especialmente la musulmana, que viene del sur del Mediterráneo», aclara Brei. En este contexto se ha acentuado el miedo. «Hay un miedo a perder las referencias, pues se plasma en un miedo identitario frente al otro», señala.

Le Pen y Meloni, azotes de la inmigración

En Francia e Italia los partidos de extrema derecha se valen de la inmigración con mucha frecuencia para su campaña. Tanto el partido de Marine Le Pen, como el de Éric Zemmour son muestra de ello. «Demos un porvenir a los niños blancos» es, por ejemplos. Además, «tenemos la teoría del gran reemplazo, según la cual los inmigrantes no europeos habrían venido a sustituir a la población europea cristiana que se encuentra en peligro de convertirse en minoría y de extinguirse», argumenta. Un peligro que se puede ver agudizado por la baja natalidad y el envejecimiento de la población, así es el eslogan de campaña del Partido de Francia que lidera Thomas Joly. Por su pasado colonial, asegura la socióloga, el país tiene una visión jerárquica de los pueblos y las religiones.

«Me presento en nombre de un pueblo que no quiere desaparecer, abrumado por la inmigración, en nombre de un pueblo que no quiere islamizarse y renunciar a sus raíces cristianas, en nombre de un pueblo que ya no acepta la inversión de los valores, la laxitud, el hundimiento del Estado frente a los alborotadores, los delincuentes y los islamistas», ha afirmado en plena campaña la candidata por el partido La Reconquista, Marion Maréchal. Según sus palabras, aspira a ser la líder de «un pueblo que ya no acepta que los innumerables impuestos que paga se utilicen para financiar una inmigración costosa y un sistema asistencial ilimitado». La polarización política busca movilizar el electorado. De hecho, la extrema derecha necesita un 5% para poder tener una representación en el Parlamento Europeo.

En la práctica también se ha demostrado con la llegada al poder de Giorgia Meloni en Italia, que en campaña electoral llegó a prometer el bloqueo naval, algo inviable en el marco normativo europeo. «Lo que pasa es que la medida, con un planteamiento tan fuerte, tan xenófobo y racista, desplaza el discurso de todos los demás partidos y sobre todo los de centro, los de centroderecha, pero también de manera más indirecta el de la izquierda hacia posiciones más restrictivas. Entonces su fuerza está en marcar el límite del discurso», argumenta Pasetti. Son políticas simbólicas que aspiran a tocar la fibra del electorado, aunque Meloni haya descubierto que necesita a la UE para hacer políticas migratorias.

El pacto europeo de migración y asilo 

Estos comicios europeos se celebran pocos meses después de la aprobación del pacto europeo de migración y de asilo, que recibió el visto bueno del Parlamento el pasado 10 de abril. Las instituciones europeas han tardado más de cuatro años en negociarlo y ha generado intensas disputas entre los Estados miembros. «Como todas las políticas migratorias europeas, es un acuerdo de mínimos entre todos y el resultado es un acuerdo a la baja que acaba perjudicando los derechos de los migrantes», lamenta el investigador principal del CIDOB. Se refiere a medidas como la que pone precio a los migrantes: los países tendrán que pagar 20.000 euros por cada persona rechazada. 

Lejos de provocar una respuesta solidaria desde Europa, impulsa una gobernanza migratoria cada vez más restrictiva que involucra a terceros países en origen y tránsito. «Crece la defensa de las fronteras con medidas de vigilancia, relativamente pensadas para no a fortalecer vías legales y seguras dentro del asilo«, detalla Morales. Esto se suma a las dificultades de conseguir el asilo en suelo europeo, la movilidad laboral o la reunificación familiar. Morales considera que este tipo de pactos ha sido elaborado «para neutralizar a la extrema derecha, no desde las ideas o desde otras políticas migratorias, sino con la idea en la cabeza de que aprobando este pacto de alguna manera se podía desactivar el discurso ultraderechista». 

Le preocupa que se haya pensado en construir la fortaleza Europa dando las llaves a otros países como Marruecos, Turquía o Túnez. «Me sorprende que alguien piense que eso es una opción, da igual dónde esté situado en el espectro ideológico», explica el autor. Además, recuerda que este tipo de políticas tienen un impacto en la política geoestratégica. «Fomentan el uso coercitivo de la inmigración», añade Brei. Se toman decisiones relacionadas con las migraciones según las relaciones con terceros Estados que no pertenecen a la Unión. «¿Los valores europeos para quiénes son? Una cosa es qué queremos y otra para quiénes lo queremos», concluye la socióloga francesa. Mientras tanto, al menos 29.589 migrantes han muerto en el Mediterráneo desde 2014, 735 en lo que va de año, según los últimos datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Del total de muertos en el Mediterráneo, más de 1.200 eran menores. 

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