La inteligencia francesa utilizó Lafarge para espiar en Siria

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Unos pocos meses antes de que estallara la revolución siria, en 2011, Lafarge inauguró una cementera en el norte de Siria. Lo que en un principio pretendía ser tan solo una simple fábrica se convirtió en la tapadera perfecta de una red de espías tejida por los servicios secretos occidentales para luchar contra el régimen de Bashar al-Asad.

 

Esta investigación desvela cómo se utilizó esta empresa estratégica de enlace con la Inteligencia francesa y cómo se financió a los grupos que luchaban contra el dictador entre ellos al Daesh, el enemigo número uno de Occidente. Ahora, la justicia francesa juzga a directivos y socios de Lafarge por financiación del terrorismo, mientras los servicios de inteligencia salen impunes.






Vista cenital de la fábrica de Lafarge en Siria inaugurada en 2010 poco antes del inicio de la revolución. ©TV Press Productions

Lafarge sirvió bien a su país

Un equipo de periodistas franceses, en el transcurso de la investigación, viaja al norte de Siria donde se encuentran con una fábrica de cemento abandonada. Perteneció al gigante francés Lafarge, la empresa líder mundial en el sector de la construcción. «¡Si hubiese visto la fábrica por dentro habría pensado que estaba en Europa!», le cuenta el jefe del pueblo de Jalabiya a uno de los periodistas.

No es ninguna película ni ninguna serie sobre agentes secretos. Es la realidad

Los investigadores han recopilado miles de documentos en Siria, Jordania, Dubái y París para contar esta historia que, como ellos mismos dicen, «no es ninguna película ni ninguna serie sobre agentes secretos. Es la realidad».






Información de ubicación por satélite de la planta de cemento de Lafarge y ciudades claves de Siria. ©TV Press Productions

Todo empezó con la denominada revolución siria de 2011, unos ocho meses después de que la cementera comenzara a funcionar. Las revueltas contra al-Asad y la fuerte represión del régimen arrastraron al país a una guerra civil.

En ese delicado instante, Occidente no contaba con ningún agente secreto en el país y urgía reclutar a fuentes fiables. El estado francés llevaba varios años pidiendo a los servicios secretos que establecieran enlaces con las empresas estratégicas y llegó el momento para Lafarge. Según la investigación, esta fábrica acabó convirtiéndose en la primera red de espionaje lista para ser utilizada.






Información conseguida por los espías de Lafarge sobre posiciones de las milicias armadas locales, ubicaciones de sus cuarteles y puestos de control. ©TV Press Productions

Los trabajadores de Lafarge fueron una importante fuente de información

La encabezó Jean Claude Veillard, director de Seguridad del grupo Lafarge entre 2008 y 2015. Introdujo a dos nuevos trabajadores en la fábrica que harían las veces de espías encubiertos y tejerían la red de espionaje contra el régimen del dictador sirio. «Los trabajadores de Lafarge fueron una importante fuente de información», admite Christophe Gomart, director de Inteligencia Militar de 2013 a 2017.






Jean Claude Veillard, director de Seguridad del grupo Lafarge lideraba la red de espionaje y reclutó a estos dos agentes de inteligencia. ©TV Press Productions

Occidente contaba ya con los informadores y los contactos necesarios para apoyar a las milicias locales, la oposición militar a Basah al-Asad.

Asad avierte a Occidente que pagará un alto precio por apoyar a Al Qaeda en Siria.

«En 2012, 2013, 2014, la idea dominante era que el dictador iba a caer, no iba a durar y por lo tanto debíamos resistir», afirma Christian Herrault, director general adjunto de Lafarge de 2008 a 2015.

Pagaron al Dáesh, a al-Nusra, al Ejército Libre Sirio, a los kurdos, a todos

Entonces, comenzó la financiación a estos grupos terroristas. «Pagaron al Dáesh, a al-Nusra, al Ejército Libre Sirio, a los kurdos, a todos», denuncia Shiraz Khalil, uno de los extrabajadores de Lafarge. Pero la historia aún no había terminado.

De financiar al terrorismo a espiar al Dáesh

La investigación sacó a la luz que el objetivo de Occidente, derrocar a toda costa a Bashar al-Asad, estaba en marcha. Además de dinero, se les proporcionó muchas armas. Pero «detrás del Ejército Libre Sirio se escondían brigadas mucho más yihadistas que no estaban en línea con los valores occidentales», relata el director de Inteligencia Militar francés. 

Nuestra investigación revela que Lafarge también espió al Dáesh para los servicios secretos occidentales

Se trataba del Dáesh. El tema se complicaba. Aun así, «junto a la planta de fabricación había unas quince facciones del Ejército Libre», desvelan los periodistas. El Servicio Secreto apoyaba que Lafarge continuara y, de este modo, ellos podían seguir recabando mucha información. «Nuestra investigación revela que Lafarge también espió al Dáesh para los servicios secretos occidentales», sentencian los periodistas. 






Logo de la Dirección General de Seguridad Exterior, la agencia de inteligencia exterior de la República francesa. ©TV Press Productions

En septiembre de 2014, tres meses después de la autoproclamación del califato del Dáesh, los terroristas tomaron la fábrica de cemento. Pero el punto de inflexión fue el atentado en París contra Charlie Hebdo. «El enemigo no se llamaba Bashar al-Asad, sino Dáesh», sentencia la investigación periodística. «Investigamos para los franceses y para Estados Unidos», declara el empresario sirio Firas Tlass, que actuó como socio colaborador para Lafarge. Ahora el objetivo primordial eran los terroristas islamistas y sus enlaces con Europa.






Fotografías de yihadistas conseguidas por la red de espías de Lafarge. ©TV Press Productions

Juzgados en Francia

Poco después, saltó el escándalo. Tras seis años de investigación, «la policía judicial estima que la cementera pagó entre dos y siete millones de euros a los terroristas». Los periodistas confirmaron las transacciones. 

El Ministerio de Asuntos Exteriores sabía de la economía de extorsión y sabía que el Dáesh se valía de dicha economía

Varios directivos y socios de Lafarge están siendo juzgados en los tribunales franceses por financiación del terrorismo. «El Ministerio de Asuntos Exteriores sabía de la economía de extorsión y sabía que el Dáesh se valía de dicha economía», declara Herrault. El grupo Lafarge lo admite, pero la Justicia, sorprendentemente, no desea escuchar al Estado ni a la Inteligencia, denuncia esta investigación que ha desvelado secretos que algunos hubiesen querido ocultar.

Fuente

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