La paz en Colombia cinco años después





Han pasado cinco años desde que Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz por su aportación al fin del conflicto, consiguió llegar a un acuerdo con las FARC. Aunque los ciudadanos se opusieron en un referéndum popular, unas semanas después el expresidente firmó igualmente la paz con los principales líderes de la guerrilla.

En 2016, cuando los excombatientes todavía tenían cierto vértigo por la decisión que estaban adoptando, el director y productor de cine colombiano Ricardo Coral decidió hacer una película sobre este acontecimiento histórico. Antes de que fuera efectiva la entrega de armas, se trasladó a una de las regiones donde operaban las FARC y les expuso su idea; quería que ellos mismos rodaran su propio largometraje.

Bandera colombiana ondeando

«Les dimos unos cursos de formación, en los que ellos por su juventud iban aprendiendo muy rápido, e hicimos una especie de experimento que ya se había realizado en otras ocasiones en cine. Se trataba de que ellos, que venían de empuñar armas, que simplemente habían hecho la guerra durante décadas, pudieran cambiar esas armas por las cámaras» afirma el productor ejecutivo de Memorias Guerrilleras.

«No se trata de hacer un lavado de cara, pero este largometraje es importante para la aportación de la verdad. Para saber quiénes eran y por qué fueron allí» explica Ricardo.

Y así fue cómo un grupo de excombatientes, que todavía no se había reincorporado a la vida civil, cambió las armas por las pértigas, luces, cámaras, mesas de sonido… Además de la parte técnica, también escribieron sus guiones y protagonizaron la cinta.

«Nos quemaron la casa los militares»

«Nos quemaron la casa los militares, quemaron a una hermanita mía». Es el testimonio de una de las protagonistas de Memorias Guerrilleras. Xiomara entró en las FARC cuando tenía doce años, entonces todavía no había terminado la primaria.

En 2016, se sumó al proceso de paz al que se acogieron más de trece mil excombatientes; su vida pegó un cambio radical. Dejó la selva y se instaló en una ciudad de dos millones y medio de habitantes, se independizó y retomó sus estudios hasta conseguir plaza en la Universidad donde está matriculada en la carrera de Geografía.

Yo en realidad quiero que sepan quién era, quién soy y quién quiero ser

Xiomara reconoce que en la facultad le cuesta hablar abiertamente de la guerrilla, porque teme que le juzguen por su pasado. «Es lo más difícil porque a mí me gusta ser sincera con la gente, pero así de primeras no es algo de lo que hable. Se lo cuento a aquellas personas con las que veo que voy a establecer un lazo más estrecho y es su decisión el seguir queriendo tener una amistad conmigo. Yo en realidad quiero que sepan quién era, quién soy y quién quiero ser» nos cuenta.

A sus treinta y dos años, aunque se ha pasado la mayor parte de la vida en la lucha armada, es ahora cuando siente miedo de verdad. «En estos cinco años han asesinado a trescientos compañeros (excombatientes de las FARC que, como ella se habían reincorporado a la vida civil). A veces voy andando por la calle y escucho un ruido y estoy en alerta porque pienso que me pueden querer hacer daño» confiesa la exguerrillera mientras reflexiona sobre su vida pasada. Posiblemente en otros tiempos era ella la que provocaba ese temor en los demás.

Cinco Continentes – Cinco años de la firma de la paz entre gobierno y las FARC en Colombia – Escuchar ahora

«Sé que hubo mucha gente que sintió miedo y por eso que lo sé, ahora soy una civil. Creo en la paz, que la guerra no sirve para resolver las diferencias y que es necesario la reconciliación» asegura Xiomara, que hoy se ha convertido en una civil más colombiana.

Un lustro después de la rúbrica, la paz todavía es una quimera en algunas regiones del país caribeño. A pesar de que el presidente Iván Duque ha aprovechado esta conmemoración para hacer un balance positivo sobre los avances del tratado, lo cierto es que las víctimas y excombatientes denuncian que gran parte de los acuerdos no se están cumpliendo.

Además, en el país caribeño siguen activas guerrillas como el ELN (Ejército de Liberación Nacional) o el EPL (Ejército Popular de Liberación). A estos combatientes hay que sumar la presencia de organizaciones criminales, como es el clan del golfo y otros grupos de narcotraficantes, que se han hecho con el dominio de los territorios que antes ocupaban las FARC y que tienen atemorizada a la población.

Desde 2016 han sido asesinados centenares de líderes sociales, defensores ambientalistas y de derechos humanos, que luchan por la paz en sus territorios. Esto contribuye a que continúen los desplazamientos en la Colombia profunda. A la ciudad de Bogotá siguen llegando miles de personas que huyen de la violencia. Con siete millones de colombianos forzados a salir de las regiones por la violencia, Colombia es uno de los países con más desplazados internos del mundo.

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