Las europeas, unas elecciones de «segundo orden» en las que solo participa la mitad de la población

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Este 9 de junio, los españoles están llamados a las urnas para elegir, junto al resto de sus vecinos de la Unión Europea, a los 720 diputados que conformarán el nuevo Parlamento en unas elecciones que, sin embargo, no despiertan demasiado interés y que no consiguen movilizar al electorado al nivel de otras grandes citas nacionales. Aunque más del 50% de las leyes provienen de Europa, muchos ciudadanos conciben lo que sucede en Bruselas como algo lejano y, por ello, deciden no votar en unas comicios considerados de «segundo orden».

En las últimas elecciones europeas, celebradas en 2019, el porcentaje de participación total en la UE apenas superó el 50,6%, lo que significa que poco más de la mitad de los ciudadanos europeos con derecho a voto lo ejercieron. Una cifra que, sin embargo, aumentó con respecto a las citas electorales anteriores, ya que no había hecho más que disminuir desde 1979, primer año en el que la composición del Parlamento Europeo se eligió por sufragio directo.

En España, la tendencia ha sido similar. Exceptuando los últimos comicios, el número de votantes ha ido disminuyendo desde 1987, cuando el 68,5% de los españoles votó por primera vez a sus representantes europeos tras el ingreso del país en la UE en junio del año anterior. Esa vez, coincidieron con las elecciones municipales, algo que, según los expertos consultados por RTVE.es, suele reducir la abstención. 

La participación es siempre mucho mayor en las elecciones generales. Por ejemplo, en los últimos comicios, el porcentaje se situó en el 70,39%, 4,2 puntos por encima que en la votación de noviembre de 2019, cuando fue del 66,23%. Ese mismo año, los españoles también votaron al Parlamento Europeo, pero la participación, aunque superó la de años anteriores, se situó seis puntos por debajo, en el 60,7%. La diferencia es aún mayor si comparamos la participación en las generales de 2015 (69,7%) con la de los comicios europeos celebrados un año antes, en los que solo votó el 43,8% de los españoles. 

Los votantes creen que hay «menos en juego»

La ciencia política explica esta diferencia entre unos comicios y otros basándose en lo que se denomina la «Teoría de las elecciones de segundo orden«, que distingue dos tipos de votaciones dependiendo de la importancia que les otorgan los votantes.

«En algunas elecciones, como las europeas, el electorado percibe que hay menos en juego, que son menos importantes«, señala a este medio la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III Gema García-Albacete. Esto, añade, conlleva no solo una menor participación, si no también variaciones en el comportamiento de los electores, que pueden votar, por ejemplo, «a partidos más pequeños o incluso emitir votos protesta». 

La población tiene menos interés en los comicios europeos, aunque también en los locales o los autonómicos, apunta la profesora de Políticas de la UNED, Sandra Bermúdez Torres. «Los ciudadanos no conciben que la actividad del Parlamento Europeo tenga un gran impacto en su día a día; y los medios de comunicación también contribuyen a que sean de segundo orden; ya que centran menos su atención -en relación a la política nacional-«, añade la politóloga. 

Según el últimos sondeo del CIS sobre opiniones y actitudes ante la UE, el 50,7% de los encuestados dice estar «poco informado» sobre los asuntos relacionados con los Veintisiete; aunque, al mismo tiempo, el 22,8% dice estar muy interesado en las noticias relacionadas con Bruselas y un 42,5% dice estarlo «bastante».

Si echamos un vistazo a la participación en las elecciones europeas en el resto de territorios que conforman la Unión, nos encontramos con que España suele situarse en la media de los Veintisiete. Sin embargo, hay otros países que destacan tanto por su alto número de votantes, como es el caso de Malta, como por su escaso nivel de participación, como ocurre en Eslovaquia.

Eslovaquia, el país con la abstención más alta

En 2019, solo el 22,74% de los eslovacos acudió a las urnas, una cifra parecida a la registrada ese mismo año en otros países como Eslovenia, Croacia o República Checa, que también se encuentran entre los territorios en los que menos se moviliza el electorado. En 2014, sin embargo, Eslovaquia registró el porcentaje de participación desde que se celebran estas elecciones, con solo el 13,05%. 

El editor jefe del medio eslovaco EuractivSK, Rdovan Geist, asegura que existen varios factores que explican estas cifras, entre ellos «la reticencia de los principales partidos políticos a invertir más energía, financiación o capital político en la campaña o, hasta estas últimas elecciones, el bajo perfil político de las principales candidaturas que no eran bien conocidos por los votantes». Por otro lado, la opinión pública tiende a percibir la política de Bruselas como «algo externo», y «no como una parte natural de la vida política eslovaca». Este año, los candidatos son más reconocidos por la población que en otras ocasiones, lo que puede suponer una mayor participación, «tal vez por encima del 30%».

«La ciudadanía no entiende lo que hace el Parlamento Europeo y cómo el proceso legislativo afecta también a la legislación nacional. Esto también se debe a que muchos eurodiputados eslovacos o bien no anuncian lo que están haciendo o los medios de comunicación no se preocupan realmente por ello», expone a RTVE.es el analista político y exmiembro del Consejo Nacional de Eslovaquia, Martin Klaus. Repercute, además, el sistema electoral, en el que se vota a un partido y no a un candidato, y añade que «muy poca gente conoce el papel de los grupos políticos del PE y la importancia de votar a quienes deberían tener influencia allí».

Asimismo, «muchos eslovacos creen que con 13, 14 y 15 eurodiputados (como hemos tenido históricamente) no podemos cambiar nada en Europa«, añade el analista, quien también apunta a un probable aumento de la participación debido al hecho de que este año se han colado entre los candidatos figuras como ex primer ministros y exministros. Por último, «el intento de asesinato de Robert Fico también podría influir en la participación», señala.

El caso de Malta, donde la participación supera el 70%

Sin contar con los países donde el voto es obligatorio (Bélgica, Bulgaria, Grecia y Luxemburgo), Malta es, desde su entrada en la Unión Europea en 2004, el país con mayor índice de participación en las elecciones al Parlamento Europeo. El porcentaje de votantes malteses en estos comicios, aunque se ha ido reduciendo en los últimos años, no ha bajado, hasta el momento, del 72,7% registrado en los comicios de 2019.

Ese año, la participación también fue llamativamente alta en Dinamarca, donde se situó por primera vez por encima del 60%. Aunque, como explica el profesor de la Universidad de Copenhague, Kasper Moller Hansen, esa vez entraron en juego, por un lado, los debates sobre el Brexit y la agenda climática, y por otro, y más importante, el hecho de que las elecciones parlamentarias se celebraron solo 10 días después. «Los tres elementos probablemente contribuyeron al aumento de la participación. Ninguno de ellos está presente en estos comicios, por lo que esperamos una fuerte caída«, concluye el politólogo.

El caso de Malta, sin embargo, es bien distinto. El país goza de una participación récord también en las generales, en las que se sitúa con facilidad por encima del 90%. De hecho, el porcentaje bajó considerablemente en las últimas elecciones, en las que, aún así, se situó por encima del 85%. Los politólogos consultados coinciden en que una de las razones de este éxito es la «fuerte cultura política» que existe en el país y el hecho de que la distancia entre las dos principales fuerzas ha sido tradicionalmente muy pequeña.

«Por ejemplo, en 2008 el partido nacionalista ganó las elecciones con un margen de menos de 1.600 votos. Por tanto, cada voto cuenta», expone a RTVE.es el politólogo de la Universidad de Catania Marcello Carammia. La política en Malta, añade, está «muy presente en muchos aspectos de la vida económica, social y cultural. Así que los resultados electorales pueden tener un impacto tangible en la vida de cada uno». Por otro lado, Malta es un país con una independencia relativamente reciente y «en las democracias jóvenes, la participación suele ser bastante elevada».

La profesora de la Universidad de Malta Valentina Cassar asegura que a la «alta polarización» hay que sumarle que, al tratarse de un país pequeño, la política tiende a ser mucho más accesible. «Si quisieras hablar con un candidato, no es difícil conseguir acceso directo. Además, los políticos (a los que se vota directamente y no a través de su partido) se esfuerzan en mantener esa exposición y cercanía», comenta. En el caso de las europeas, añade, entra el juego el hecho de que la entrada a la UE fue muy disputada entre las distintas fuerzas, lo que derivó en una enorme campaña que se tradujo, a su vez, en una población mucho más informada sobre la membresía y sus implicaciones.

Asimismo, la de este año es una elección interesante por dos motivos. Por un lado, porque se celebran a la vez comicios europeos y municipales, lo que implica una mayor cantidad de candidatos movilizados haciendo campaña. Por otro, porque, como explica Cassar, la votación se plantea como una especie de plebiscito al Gobierno del Partido Laborista a raíz de los escándalos y casos de corrupción destapados en los últimos meses, que derivaron en la imputación del ex primer ministro maltés Joseph Muscat y otros ex altos funcionarios de este mismo partido.

Aún así, no cabe esperar que el nivel de participación supere al de las generales porque, también en Malta, la población percibe esta cita electoral como de segundo orden. «Como en todas partes, la menor participación tal vez es un reflejo del hecho de que la gente siente que su voto tiene menos impacto para marcar la diferencia», concluye Cassar.

Fuente

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