Linz, faro de las artes en el meandro del Danubio

Linz, faro de las artes en el meandro del Danubio


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La tercera ciudad de Austria, urbe de marcado carácter industrial, es ejemplo de cómo la cultura puede actuar como palanca de cambio y regeneración urbana. En un par de décadas Linz ha conseguido ser referente internacional, con museos de enorme prestigio y una política de fomento de las artes y preservación de su patrimonio.

Hasta allí viajamos en en esta edición de Nómadas que puedes escuchar en nuestro podcast.

Hauptplatz, donde todo comienza

La guía local Birgit Paltinger nos propone comenzar el paseo por esta capital del estado de Alta Austria en su Hauptplatz, una plaza mayor que es «la más grande de Austria y una de las mayores de Centroeuropa».





Birgit Paltinger, guía oficial de Linz, ante la oficina de turismo en el ayuntamiento antiguo.

Todas las miradas convergen en la Columna de la Trinidad, un monumento de 20 metros de altura desde el que los santos Florián, Sebastián y Carlos Borromeo saludan a los tranvías que atraviesan este gran espacio rectangular.





Hauptplatz, la plaza mayor de Linz. Foto: Álvaro Soto.

Los edificios de los costados lucen fachadas en tonos pastel y estilos que van del barroco al gótico de las primitivas construcciones. La oficina de turismo atiende a los viajeros en los bajos del antiguo ayuntamiento, cuyo balcón –como explica Birgit– guarda un pesado recuerdo: «el 12 de marzo de 1938 Adolf Hitler anunció aquí la anexión de Austria a Alemania«. El Führer era bien recibido en este lugar, «tenía un lazo especial porque aquí pasó su juventud». La ciudad no rehúye la reflexión sobre su propia historia y desde hace décadas está embarcada en un análisis sereno y crítico sobre la época del nazismo. A esos años responden dos construcciones al norte de la plaza mayor: la Universidad de Arte y el puente de los Nibelungos.





Castillo de Linz, en la orilla derecha del Danubio. Foto: Leonhard Niederwimme (Pixabay).

El Castillo de Linz, mirador sobre el Danubio

Un museo universal que nos sumerge en la historia natural, cultural y artística de la región.

Abandonamos el colorido corazón de la ciudad vieja en busca de la fortaleza que se yergue en un montículo que vigila el río. La guía Noelia Torres de Glasser nos invita a descubrir el Schlossmuseum, «un museo universal» que nos sumerge en la historia natural, cultural y artística de la región.





Noelia Torres de Glasser, intérprete y guía oficial de Austria.

Accedemos a «su parte moderna, construida en metal y vidrio», un ala dotada de una plataforma con excelentes vistas al casco histórico y las torres de sus templos, que comparten protagonismo con altas chimeneas de la zona industrial; todo envuelto en un paisaje muy verde.





Panorámica de torres y chimeneas desde el mirador del Castillo de Linz. Foto: Álvaro Soto.

No muy lejos, desde el mirador del Danubio, contemplamos la gran curva que traza el río. A ella debe su nombre Linz, topónimo de raíz celta. Elevados sobre esta margen derecha identificamos sus principales hitos.

Ruta cultural a la vera del río

En la orilla norte nos espera el Ars Electronica Center, «el museo del futuro, de la inteligencia artificial, donde podemos ver cómo pensamos enfrentar los desafíos del futuro con las nuevas tecnologías», explica Birgit Paltinger. Esta guía, acostumbrada a los grupos de españoles, reconoce que algunos turistas bromean con su parecido: «dicen que es una copia del Kursaal de San Sebastián«. Se trata de una estructura de metal y vidrio con aspecto de barco.





El Museo Lentos a la izquierda y el Ars Electronica Center a la derecha. Foto: Manfred Münzl (iStock).

La colección incluye modernismo vienés, impresionismo y expresionismo.

Desde la orilla opuesta, el Lentos Kunstmuseum le da la réplica. «Es un museo de arte moderno que recoge obras de los últimos 120 años», apunta la mediadora Dana Rausch. «La colección incluye modernismo vienés, impresionismo y expresionismo«. Sus materiales, «cristal, hormigón y acero», dialogan con los del Ars Electronica. Al caer la noche ambos volúmenes se iluminan con tecnología led como auténticos faros.





Dana Rausch, mediadora artística del Museo Lentos.

Aunque Linz llevaba tiempo trabajando en esta regeneración por medio de las artes, el espaldarazo definitivo lo recibió en 2009 con el nombramiento de Capital Europea de la Cultura. Ahora la ciudad revive aquellas sensaciones de la mano de la región vecina del Salzkammergut, que este 2024 ostenta el mismo título; incluso participa en su proyecto expositivo titulado «El viaje de los cuadros».

¡Y la música!

Aquí se conserva el órgano preferido de Bruckner.

Río abajo, a un corto paseo del museo Lentos, aparece el gran auditorio Brucknerhaus, homenaje al compositor y organista Anton Bruckner, ilustre vecino cuyo recuerdo se guarda en la iglesia de San Ignacio, antigua catedral de Linz. Hay muchas actividades programadas con motivo del segundo centenario de su nacimiento. Previa reserva, es posible acceder al coro, donde se conserva «el órgano preferido de Bruckner», dice Birgit Paltinger mientras nos acompaña por las mismas escaleras que el maestro «subió y bajó muchas veces, quejándose porque tenía que tocar tanto aquí como en la iglesia de la parroquia y solo había 15 minutos entre las dos misas».





Catedral de San Ignacio vista desde Hauptplatz. Foto: Álvaro Soto.

La capital de Alta Austria acogió también una fugaz visita de Wolfgang Amadeus Mozart. En el tiempo récord de tres días, apremiado por la necesidad de ofrecer un concierto sin tener sus partituras, el genio de Salzburgo compuso la Sinfonía n.º 36 en do mayor, también llamada Linz. La residencia del conde de Thun, hoy sede del ministerio de economía del estado, exhibe un busto del compositor junto al patio y permite escuchar un pasaje de la pieza pulsando un botón en la pared.

Landstrasse, primera zona peatonal de Austria

La animación y el bullicio tienen su lugar en la «calle del país», una Landstrasse que en un kilómetro y medio conecta la Hauptplatz con la estación de ferrocarril de Linz. «Es la zona comercial más importante», señala Laura Kerbl desde la oficina de turismo.





Laura Kerbl, responsable de atención al público en la oficina de turismo de Linz.

Por aquí solo circulan tranvías y peatones, muchos atraídos por la gran oferta comercial de esta arteria flanqueada por iglesias como la Ursulinenkirche, templo barroco. «A su lado encontramos el O.K. (Offenes Kulturhaus), un centro cultural con exposiciones de arte contemporáneo» que suelen apostar por la crítica social.





Landstrasse, principal calle peatonal de Linz. Foto: Álvaro Soto.

Una catedral inmensa y nueva

La calle del Obispo nos conduce hasta la catedral de la Inmaculada Concepción, un descomunal templo neogótico con capacidad para veinte mil personas, más grande que la de Viena. Eso sí, por respeto a la seo de la capital, la torre de Linz se diseñó dos metros más baja (134 metros) que la de San Esteban.

El obispo se aseguró de que el proyecto se terminara sin modificaciones tras su muerte.

La guía Noelia Torres de Glasser nos cuenta que su construcción «empezó simultáneamente por la izquierda y por la derecha»; de esa manera el obispo Rudiger, impulsor de la nueva catedral, «se aseguraba de que el proyecto se llevara a término sin modificaciones tras su muerte«. Y así fue: 62 años después de la colocación de la primera piedra, la construcción de esta gigantesca iglesia inspirada en la catedral de Colonia llegaba a su fin. Se recomienda acceder por la puerta ubicada a los pies de la torre para percibir la magnitud del espacio. «Lo más bello para mí son las vidrieras», comenta Noelia: «es increíble la cantidad de luz que entra».





Catedral nueva de Linz. Foto: Matthias Mitterlehner (Unsplash).

Pöstlingberg, atalaya espiritual de Linz

Antes de terminar nos adentramos en el rico envoltorio vegetal de la localidad. A bordo del tranvía 50, un tren muy especial conocido como Pöstlingbergbahn, escalamos la ladera del monte homónimo. Es una colina con excepcionales vistas y un santuario de peregrinación en su cumbre.

Los niños de 0 a 99 años podrán ampliar su visita con un viaje en el Grottenbahn, un trenecito con cabeza de dragón que circula por un mundo subterráneo de fantasía y permite visitar una reproducción a escala de la plaza mayor.

La tarta geolocalizada más antigua del mundo

En un país como Austria, con una arraigada cultura de cafés, toda visita debería concluir en torno a una taza humeante acompañada del dulce local. En el caso de Linz la delicia de llama Linzer Torte, un delicioso pastel cargado de mantequilla, mermelada y nueces. Los los obradores de la ciudad lo preparan con su clásico enrejado superior. Al ser un postre con poca humedad se conserva varias semanas sin frío, así que es el souvenir gastronómico perfecto. Aquí aseguran que es la tarta más antigua del mundo que lleva por nombre un topónimo. Y si Linz le presta su nombre… por algo será.





Linzer Torte, un pastel por bandera. Foto: Leo Jindrak / Uwe Berger (CC BY-SA 3.0).

Fuente

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