los campos de lavanda, un imán para el turismo

los campos de lavanda, un imán para el turismo


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Es uno de esos paisajes instagrameables que se llenan de turistas verano tras verano. Basta una búsqueda en la red social para darse cuenta del fenómeno: la ubicación «campos de lavanda de Brihuega acumula estos días más de 50.000 fotos.

Apodado como «la Provenza española», este rincón de La Alcarria se alfombra de morado cada mes de julio, momento en que la lavanda está en flor y la comarca recibe una avalancha de visitantes que llegados desde lugares tan cercanos como Madrid o tan distantes como Buenos Aires, buscan extasiarse con este espectáculo para los sentidos.

«Es la primera vez que vengo y me encanta», cuenta Horacio, un turista argentino que ha llegado hasta aquí con su familia. «Y eso que dicen que todavía falta un poco para que florezca aún más, pero la verdad que es una maravilla».

Para encontrar la ubicación basta con seguir los carteles -ilustrados con una flor de lavanda- que llevan hasta los cultivos. El pueblo tuvo que señalizarlos hace unos años para reconducir el tráfico y evitar que los visitantes colapsaran las carreteras.

Hasta aquí suelen llegar autobuses de grupos organizados, como es el caso de Yolanda y Juan, dos madrileños de ruta por La Alcarria. «Yo conocía los campos de la Provenza, en Francia y cuando estaba allí ya se hablaba de los campos de Brihuega», asegura Yolanda. «Poder compartir esto con amigos al atardecer es la guinda del pastel, dice Juan. «Hemos disfrutado de momento de una cata de vinos, queso y miel y acabar en los campos de lavanda es la quintaesencia».

Revitalización económica

Brihuega -a 85 kilómetros de Madrid- apenas tiene 2.500 habitantes. Pero los meses de floración el turismo multiplica por 14 la población del municipio, lo que ha revitalizado su economía.

Luis Viejo, el alcalde, pone cifras al impacto socioeconómico de la lavanda. «Este cultivo ha supuesto un desarrollo en los últimos ocho o diez años en positivo», asegura. «De hecho, hay un estudio que ha hecho la Universidad Alcalá de Henares que dice que ese impacto es de entre 4 y 6 millones de euros al año. Nos ha ayudado a posicionar a Brihuega como destino turístico y cultural».

En esta comarca se cultivan más de 2.000 hectáreas de lavanda y lavandín, un híbrido resistente entre el espliego español y la lavanda francesa. Es la principal región productora de España, cuarto productor de esta aromática tras Bulgaria, Francia y China.

«De Brihuega sale prácticamente el 10% de la producción mundial de la esencia de lavanda», cuenta el edil de la localidad. Y eso que aquí, hace 60 años, apenas existían campos de lavanda. Poco a poco, los campos de cebada y trigo fueron dando paso al morado de las flores gracias a un vecino de la zona, Álvaro Mayoral, un maestro que pasaba los veranos en la Provenza y quiso emular en su tierra aquel paisaje.

«El cereal daba un rendimiento más bien pobre», cuenta Javier Corral, agricultor de la lavanda. «No sabíamos hacer otra cosa. Y resulta que Álvaro Mayoral cogió unos esquejes de Francia, y se vino con ellos en una maleta».

Animados por este visionario empezaron a plantar más y más hectáreas. Hoy la familia Corral tiene en Brihuega unas 700 dedicadas a este cultivo y son los principales productores de la zona.

La Alcarria – cuentan – es perfecta para la lavanda por altitud, clima y tipo de terreno: «Es una tierra caliza con mucha piedra«, explica Javier. «Y con la humedad que retiene la piedra, se multiplica muy bien, se produce mejor que el cereal».

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Una de las esencias más usadas

Los Corral son propietarios además de la principal destilería de aceite de lavanda, Intercova Aromáticas. El guardián de esas esencias es Emilio Valeros, perfumista de Loewe durante cuatro décadas y nariz de la destilería. «La lavanda es una de las esencias más usadas del mundo», asegura. «La calidad que tenemos en Brihuega es muy buena, comparable o mejor a la francesa», presume este perfumista, capaz de reconocer más de trescientos olores entre los que el de lavanda sigue siendo su preferido.

En su laboratorio, donde comprueba diariamente la calidad de los aceites que destilan, acaricia las flores, se lleva las manos a la nariz e inspira: «Es una esencia que se usa en muchísimas fragancias tanto masculinas como femeninas, tiene un olor fresco, un poco a manzana, es muy sugestivo…, da mucha alegría, mucho frescor, a una creación».

Así describe el aroma que desprende esta planta, una de las más utilizadas en la alta perfumería. Más allá de los campos, en la zona florecen todo tipo de negocios relacionados directa o indirectamente con el fenómeno de la lavanda: hoteles, restaurantes, casas rurales, tiendas de artesanía o de productos elaborados con la planta aromática.

El morado lo invade todo en Brihuega durante el mes de julio: calles, balcones y escaparates se engalanan con decoración púrpura para atraer a los visitantes, que pueden elegir entre un sinfín de actividades para descubrir los campos en flor. Hay viajes en globo aerostático, en parapente, talleres olfativos o recorridos guiados como los que ofrece Elena Dolado, guía turístico.

«A los turistas les sorprende mucho la amplitud de los cultivos, el que no sean parcelas sueltas y sea una extensión tan grande», cuenta. «Mires donde mires, siempre ves la inmensidad de lo de lo morado del campo de lavanda. Entonces es una experiencia visual muy grande pero también olfativa. Es sensorial en general».

Un maravilloso campo de lavanda

«Vienen por la lavanda pero se quedan por el patrimonio»

Sus visitas, nos cuenta, no se quedan solo en los cultivos. Cada vez más, la lavanda es la excusa para descubrir el pasado y la historia de Brihuega, una tierra llega de referencias literarias. Aquí hizo noche Camilo José Cela en su famoso Viaje a la Alcarria y desde este pueblo narró Ernest Hemingway una de las batallas más famosas de la Guerra Civil, que enfrentó a brigadistas italianos con los ‘camisas negras’ de Mussolini que apoyaban a las tropas de Franco.

«Vimos que podíamos sacarle un rendimiento, que la gente lo conociera. Porque la gente viene por los campos de lavanda, pero se quedan por el patrimonio», cuenta Elena.

Pero la actividad estrella es la fotografía, lo que atrae aquí a aficionados y profesionales, como Rebeca Amado, una fotógrafa que desde hace cuatro años ofrece sesiones familiares en los campos de lavanda. «Empecé con una clienta embarazada que me pedía campos de flores», recuerda. «Estuve googleando un poquito, buscando ubicaciones nuevas…, campos de flores y apareció esta localidad maravillosa de los campos de Brihuega».

Para sacarle el máximo partido al entorno recomienda venir en la hora dorada u hora azul, al atardecer o amanecer. «La lavanda no es del mismo color a las siete de la tarde que a las nueve, cuando ya nos estamos yendo, porque el cielo ha cambiado y la lavanda cambia también», explica. «Lo que no recomiendo nunca es venir a las cinco de la tarde porque cuando el sol está muy arriba, la lavanda blanquea y no tiene mucha gracia», dice la fotógrafa.

Aun así, no es raro encontrarse visitantes a cualquier hora del día. Eso sí, vestidos de blanco, como ya es tradición venir a estos campos por aquello del contraste con el morado de las flores. Dicen que así salimos mejor en las fotos.

En uno de los grupos de turistas que pasean al atardecer entre los surcos de la lavanda encontramos a Silvia y Carmina, dos amigas conmovidas por la belleza del horizonte púrpura al atardecer. «Esto es una maravilla», dice Silvia. «La gente va a Francia a verlo y nosotros tenemos también aquí en Guadalajara algo espectacular que merece la pena visitar».

Fuente

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