Los impulsores de la manifestación de Cibeles piden trasladar su éxito a las elecciones para echar a Sánchez




La pregunta era clara, «¿y ahora qué?», y no quedó sin respuesta. Cuarenta y ocho horas después de la multitudinaria manifestación del sábado en la Plaza de Cibeles de Madrid, la Asociación Neos reunió este lunes en el Auditorio de la Mutua Madrileña a varios de los principales impulsores de la marcha, en un acto que presentó la impulsora de este colectivo y antigua líder del Partido Popular en el País Vasco, María San Gil . La escritora y columnista de ABC Isabel San Sebastián moderó dos mesas de coloquio, la primera con el también colaborador de este periódico, Juan Carlos Girauta , y el filósofo Fernando Savater , columnista de ‘El País’, y la segunda entre el ex ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja , y el escritor y también miembro del plantel de opinadores de ABC, Jon Juaristi. Al acto asisitieron la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el diputado nacional de Vox José Manuel Contreras y el principal impulsor de la marcha del sábado, Mariano Gomá, quien cerró el acto antes de que sonara el himno nacional. Savater, que comenzó haciendo mofa de la minimización de la marcha y de su número de asistentes que muchos opinadores han hecho en la prensa -«no se lo creen ni ellos» aseveró- pidió que quienes asistieron a la manifestación se «muevan» y hagan proselitismo entre sus entornos familiares o de amigos para llegar a más gente y «logren la reversión necesaria del Gobierno. No solo hace falta un Gobierno distinto, sino que es necesario un ambiente de gobierno distinto» señaló el fundador de Basta Ya, que contestó a quienes acusaban a los manifestantes de tener un afán excluyente que eso es lo que él y otros habían vivido en el País Vasco durante «los años de plomo. O ahora mismo, no hay que irse tan lejos», o en la Cataluña dominada por los independentistas. Noticia Relacionada estandar No La oposición a Sánchez muestra su fuerza en una masiva manifestación en Madrid Víctor Ruiz de Almirón Los partidos de la oposición empiezan a superar el complejo de la ‘foto de Colón’ y evitan los reproches Girauta, por su parte, se refirió a lo ocurrido en Cibeles como el «triunfo de la sociedad civil que se opone a la desvirtuación de la sociedad española y de su democracia». El presidente de la asociación Pie en Pared acusó a los representantes gubernamentales y de la izquierda de que «no han entendido nada» y que se han quedado en el «cliché» sobre los manifestantes como personas «enfadas o extremistas». En el segundo coloquio, Mayor Oreja, alertó de que «el único límite que tiene lo que hoy nos gobierna en España es que, en su concepción, van a hacer lo indecible para no perder el poder. La alternativa tiene que prepararse antes de las elecciones, porque harán lo que no está en los escritos, y desde luego lo que no está en la Constitución española» sentenció el que fuera también líder del PP en el País Vasco y candidato en 2001, una campaña que recordó ante los presentes. Mayor Oreja vaticinó que «una vez que han resuelto la política penitenciaria, con la transferencia de la política penitenciaria a ETA y con lo que significa la eliminación del delito de sedición, ya están concretados en avanzar hacia la autodeterminación, que no lo van a hacer como un derecho unilateral de secesión, sino por aproximaciones sucesivas». Además, aseguró que el año 2024, «si el frente sigue en España, ETA gobernará el País Vasco y ello se sumará al frente de izquierdas que también gobernará Cataluña y Navarra». El exministro concluyó que «siguen obsesionados con destruir el orden social basado en fundamentos cristianos, y seguirán las mismas leyes que en estos momentos están tratando de cambiar las conciencias de los españoles. En definitiva, algo para que ustedes no puedan dormir esta noche» deslizó con sorna ante las risas de algunos del más de medio millar de personas que escuchaban. Juaristi, por su parte, se remontó en su intervención a la aprobación de la Constitución en 1978 para sostener que la izquierda que había participado en la elaboración del texto «sintió una inmensa melancolía que no consiguió superar. Pensó que esa Constitución no era la suya, aunque no lo dijese expresamente».

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