Los socialistas se hartan de ERC




Pere Aragonès pretendía usar y tirar a Salvador Illa como un kleenex, y que le aprobara los presupuestos sin contrapartidas. El presidente de la Generalitat quería presumir ante Junts de haber sacado adelante las cuentas pese a que sus exsocios abandonaran el Govern, y dar la apariencia ante el público independentista de no haber cedido en nada. Los republicanos han dado por descontado, en los últimos meses, que los presupuestos estaban prácticamente aprobados, llegando a anunciarlo en rueda de prensa la propia portavoz del Govern, Patrícia Plaja . Pero el desdén de Aragonès a las demandas de los socialistas ha ido rebajando poco a poco las razonables expectativas iniciales. Una vez más, Esquerra ha leído torpemente el momento político y no ha sido consciente de sus limitaciones. Con Salvador Illa al alza en las encuestas, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, molesto por la deslealtad de los republicanos , que anunciaron su hoja de ruta para celebrar un referendo de independencia en los días que el Congreso aprobaba la abolición del delito de sedición y la rebaja de la malversación; los socialistas se han hartado de sus aliados y han dado por terminado el tiempo de complacerlos. De un lado, Illa ha fijado en la sociedad catalana su perfil de líder dialogante y moderado, y ha sido decisivo en los consensos más significativos de la legislatura. Considera que votar los presupuestos no le aporta perfil político, y además da alas a su adversario y empaña su imagen de futuro presidente comprometido con la creación de riqueza y la actividad empresarial. Illa no quiere renunciar a proyectos como la ampliación del aeropuerto de El Prat, la proyección de una nueva vía de entrada y salida de Barcelona (B-40), y la construcción del complejo Hard Rock de ocio y juego al lado de Port Aventura, a los que Esquerra se niega por oscuros motivos tribales. El PSC interpreta que la defensa de las infraestructuras que Cataluña necesita para crecer le sitúan en la centralidad de la política y la sociedad catalanas, mientras los partidos independentistas se desangran en su interminable guerra fratricida y en un cada vez más estéril debate identitario. «El presidente de la Generalitat pretendía usarnos como a una prostituta y al final seremos nosotros los que le haremos quedar como a un imbécil », señala una fuente socialista. La no aprobación de los presupuestos no condena a Aragonès a convocar elecciones inmediatamente pero subraya su solitaria debilidad. Su gobierno sólo tiene el apoyo de 33 diputados sobre 135. Las encuestas no son halagüeñas. En el Ayuntamiento de Barcelona podría perder hasta la mitad de los concejales, y en el Parlament, Salvador Illa aumenta la ventaja sobre sus rivales. Peligra la mayoría independentista, que de todos modos está desarticulada. De haber ganado las elecciones al Ayuntamiento de Barcelona –aunque luego Ada Colau reacabara más apoyos para ser alcaldesa– y de tener la presidencia de la Generalitat, Esquerra podría volverse irrelevante en Barcelona , y que Xavier Trias gobernara con el apoyo del PSC; y que Salvador Illa con 40 diputados pudiera pactar por lo menos su investidura con la versión moderada de Junts, si es que los neoconvergentes eligen al candidato adecuado para no cerrarse todas las puertas tras las próximas elecciones autonómicas.

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