Los vecinos de Pompeyo, el jubilado detenido por las cartas explosivas de Moncloa: «¿Pero cómo un tío de 74 va a hacer una bomba?»




Incredulidad entre los vecinos del barrio de La Charca, en la localidad burgalesa de Miranda de Ebro , donde a primera hora de la mañana fue detenido Pompeyo G. P., un jubilado de 74 años acusado del envío de los seis sobres con material pirotécnico a destinos como la Moncloa, el Ministerio de Defensa o las embajadas de Ucrania y Estados Unidos en Madrid. La operación, que ha comenzado pasadas las nueve de la mañana sorprendió a los inquilinos de los inmuebles próximos al número 2 de la Calle Clavel , en la que reside el detenido, que fue interceptado en plena calle. El despliegue policial, el registro de su vehículo, que se encontraba aparcado cerca de la calle, y la llegada de los medios de comunicación han alterado lo que, en principio, iba a ser una mañana tranquila en el barrio mirandés. Pero lo que, sin duda, más ha conmocionado ha sido saber que uno de sus vecinos era el autor de los sobres bomba enviados a Moncloa y Defensa. Pocos eran capaces de dar referencias sobre Pompeyo, un hombre «educado y amable», a decir de Natalia, cuyos comentarios llegaban por un familiar vecino suyo. «¿Pero cómo un tío de 74 años va a hacer una bomba?» ha sido la pregunta más repetida de la mañana. Y la respuesta también coincidente: «Alguien le tiene que haber ayudado». «Se le veía solo, eso sí», apuntaban en el barrio. Lo extraño del hecho por el que se acusa este jubilado que fue funcionario en el Ayuntamiento de Vitoria, hace que pocos se atrevan a confirmar su identidad. La Policía Nacional ha mantenido cortada la calle mientras se ha realizado un registro de la vivienda en presencia del detenido y que ha durado más de seis horas en las que ha sido mucho el material que se ha sacado y metido en los coches policiales. Pasadas las cuatro y media de la tarde, Pompeyo G. P. ha salido de la vivienda custodiado por la Policía Nacional, ataviado por una visera negra que le cubría parte del rostro y una cazadora azul La calle, no demasiado transitada, se ha convertido en un trajín de idas y venidas de vecinos de barrio atraídos por la noticia y, sobre todo, por el hecho de que fuera un mirandés el autor de los sobres bomba. «No sé quién es pero voy a esperar a que salga para aplaudirle», comentaban entre risas en un grupillo. «Tiene que estar hasta los cojones, como todos», añadía una de las mujeres.

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