Malas ideas y actitudes




La mejor réplica a las majaderías de Podemos contra Juan Roig ha sido la de Juan Pablo Polvorinos en Esradio. Tras recordar que Mercadona tiene 98.161 trabajadores (el Ejército de Tierra español tiene en torno a 80.000 efectivos) indicó que paga 345 millones por Impuesto de Sociedades, 395 millones por IRPF, recauda 333 millones por IVA y paga 787 millones en cotizaciones a la Seguridad Social. «Cuando Pablo Echenique (portavoz parlamentario de Podemos) pudo crear un solo puesto de trabajo decidió pagar durante dos años en negro a su única empleada y sin darla de alta en la Seguridad Social», rubricó Polvorinos. Pero si los ataques ‘ad hominem’ suscitan reprobación, las propuestas de controlar precios no parecen despertar tanto rechazo, pese a que la evidencia es demoledora. El control de precios de Maduro en Venezuela que empezó en 2015 para frenar una inflación de dos dígitos no logró impedir que en pocos años llegara al 1.000%. Es una experiencia parecida a la de la Unidad Popular de Salvador Allende en la década de 1970 en Chile que, tras un éxito inicial del control de precios, produjo un grave desabastecimiento y una hiperinflación similar a la venezolana. Los estudios realizados en Argentina sobre los controles establecidos entre 2005 y 2017 también se mostraron inútiles. Los investigadores Aparicio y Cavallo comprobaron, en un trabajo publicado en marzo de 2021, que «los controles de precios tienen solo un efecto pequeño y temporal sobre la inflación que se revierte poco después de que se levantan los controles. En segundo lugar, contrariamente a la creencia común, los bienes controlados siempre están disponibles para la venta. En tercer lugar, las empresas responden introduciendo nuevas variedades a precios más altos. En general, los resultados muestran que los controles de precios específicos son tan ineficaces como las políticas más tradicionales de control de precios para reducir la inflación agregada». Sin embargo, el éxito de las políticas antiinflacionarias del Gobierno, especialmente la que fijó el precio máximo del gas, ha dado alas a los que creen que se puede entrar a saco en cualquier mercado con cualquier decisión. Primero, estas medidas suelen tener éxito a muy corto plazo, el tiempo que tardan los agentes económicos en explorar la situación y acomodarse a ella. Y en segundo lugar, no es lo mismo intervenir en un mercado extraordinariamente regulado como el energético que hacerlo en un mercado ultracompetitivo como el de la distribución alimentaria. Las evidencias, recogidas por la central de balances del Banco de España o por Eurostat, indican que los márgenes empresariales no son los principales responsables de las subidas de precios. El descriterio de Podemos metiéndose con Roig olvida que el verdadero ‘jefe’ de Mercadona es, como suele decir su propietario, el cliente. Durante años se le ha criticado por presionar a sus proveedores para reducir costes, produciendo un ahorro incalculable a sus compradores y salen con esto. jmuller@abc.es

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