María Oruña, la autora que homenajea al suspense

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El despegue literario de María Oruña pertenece a la «categoría» no escrita de «éxito» boca oreja cocinado a fuego lento como ella misma recuerda.

Abogada laborista, compaginó su profesión con el arranque de la serie «Los libros de Puerto Escondido», protagonizada por la teniente Valentina Redondo y ambientada en la belleza de los pueblos de Cantabria, que aterriza esta semana con una nueva entrega, Los inocentes (Destino).

Cinco titulos después (Puerto Escondido, 2015, Un lugar a donde ir, 2017, Donde fuimos invencibles, 2018, Lo que la marea esconde, 2021, El camino del fuego, 2022), la prosa elegante de Oruña, que escamotea el derramamiento excesivo de sangre y reinventa los clásicos, ha atrapado a miles de lectores. Casi sin ruido se ha aupado al trono de «nueva reina del noir español».

«Creo que hay una confusión global de lo que es el éxito en el mundo literario. Una cosa es la promoción donde estás anunciando tu producto para que la gente sepa que existe y estás en los medios», reflexiona.

«Pero para mí el éxito está en la idea de perdurar, en que la vida media del libro en librerías que va de tres meses a un año, no se apague, que después se siga imprimiendo y se siga recomendando», completa la idea.

Página Dos – Entrevista a María Oruña

La investigación exhaustiva, con un conocimiento enciclopedico de un género cada vez más híbrido, es una de sus piedras angulares tamizada por el crisol contemporáneo de las técnicas de investigación forense.

«Los libros yo los entiendo como espejos, como reflejos sociales y culturales de una época, al final sí que tienen que tener un soplo fresco y original aunque esté todo inventado y no haya nada nuevo bajo el sol».

Cada uno de los volúmenes de la serie se puede leer de forma independiente y en ellos la autora gallega explora subgenéros del suspense en el estilo narrativo: la novela gótica, el misterio de habitación cerrada o el domestic noir son algunos ejemplos.

Para mí el éxito es que libro perdure

En Los inocentes, Oruña vira hacia la acción con ingredientes de espectacularidad del policíaco puro: un crimen masivo con un gas venenoso en un idílico balnerario de Puente Viesgo es la espoleta («encontré la noticia real de un asesinato en masa hace un siglo en un libro de novela negra y se quedó flotando en mi cabeza»).

Sicarios a sueldo y una red de empresas pantalla también cosen una trama arriesgada. María Oruña empuja los límites emocionales de sus personajes con los preparativos de la inminente boda de la teniente Redondo.

«Que suceda todo tan rápido hace que tú no puedas pensar, que actúes por impulso. Sobre todo en la segunda mitad de la novela que ya hay persecuciones y de todo. Ese impulso es el que a mí me interesa para mostrar el verdadero color del corazón de cada uno. También obliga al lector a posicionarse al lado de cada uno de los personajes».

Una novela de acción más Crimen y castigo

Conectando con este salto calculado, el lector nunca es un sujeto pasivo. Cada capítulo abre con una cita literaria de Alejandro Dumas, Agatha Christie o Dostoievski que suma pistas sobre el contenido y enciende la reflexión al otro lado.

En esta lluvia fina de preguntas, Crimen y castigo entronca con Los inocentes en dilemas morales que alcanzan nuestros días y atraviesan la novela de Oruña. La obra maestra del escritor ruso, a medio camino entre el ensayo y la falsa novela policíaca, narra el crimen de una anciana prestamista en el siglo XIX y las dudas del asesino.

La carga de profundidad emerge al plantear si todo delito lleva aparejado un castigo, y muestra todos las aristas que rodean al suceso: la culpa, la asfixiante pobreza o las contradicciones del alma humana.

«En Crimen y castigo aparece la miseria que lleva a una persona de una forma desesperada a buscar algún ingreso su maltrecha economía familiar. Esto no es una justificación pero también nos posiciona a nosotros en la idea de lo bueno o lo malo. Si voy a una guerra como Vietnam o Ucrania puedo matar a diez personas y me ponen una medalla pero si lo hago por una causa que yo creo justa a título inividual voy a la cárcel», explica sobre el razonamiento.

Y añade asomando, quizás, su faceta de letrada: «Todo es parcial. Depende de las leyes, las normas y los criterios morales de los distintos continentes, del momento histórico y sociocultural en el que tú vivas. Por eso a mí me sorprende que nosotros no nos lo replanteemos todo el tiempo».

La serie de Puerto Escondido también ha contribuido a la «deslocalización» de la novela negra española que se aleja de los núcleos urbanos, generalmente en Madrid y Barcelona, para ubicarse en el corazón verde de Cantabria y su vida marítima.

«El ambiente urbano realmente no se ajusta a la realidad porque en el rural y en el mar también suceden cosas. Nosotros presuponemos que la gente tiene que vivir más tranquila allí pero en una montaña idílica de la Vega del Pas podría suceder y eso es más inquietante ¿Por qué? Porque nos hace estar alerta».

La escritora cuenta como recibe avalancha de comentarios de los lectores sobre el destino que dibuja para la policía Valentina Redondo, una protagonista empática que también se aleja de los clichés en su dolor. Una hondura psicológica que ha discurrido paralela a la evolución del género desde el «quién lo hizo» de Agatha Christie.

«A Christie se le afeaba que sus personajes eran esquemáticos y quizás en la actualidad nos pasamos un poco porque hay que contar hasta el último trauma. Ahora que tanto se habla de novela femenina o masculina, la mujer que más ha vendido después de la Biblia es Agatha Christie. Es un referente y un guiño a toda una época».

¿Tiene ya en la cabeza el argumento de su próxima novela? «Sí pero no puedo decírtelo porque sino tendría que liquidarte». Así se despide la nueva dama del noir, cordial y entre risas.

Fuente

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