Patronas militares de Toledo



Tras la celebración de los Santos Ángeles Custodios el pasado dos de octubre y el de la festividad de la Virgen del Pilar el doce, que tienen bajo su patronazgo al Cuerpo Nacional de Policía y al de la Guardia Civil, en el próximo diciembre el calendario litúrgico señala a Santa Bárbara el cuatro, a la Inmaculada Concepción de la Virgen María el ocho y, a nuestra Señora de Loreto, el diez; patronas del Arma de Artillería, de la Infantería y del Ejército del Aire, respectivamente.

Este patronazgo religioso, junto con otros de las demás Armas y Cuerpos de la Fuerzas Armadas y de los Cuerpos de Seguridad, la sociedad a la que pertenecemos aplica rigurosamente la criba o cedazo de la indiferencia, cuando no del rechazo ideológico que llega, a veces, a tacharlo de inconstitucional. Del mismo tenor es la presencia de capellanes castrenses en las diferentes unidades de las FF.AA. y que determinados sectores abogan por su desaparición; señalándonos como rémora de tiempos pasados que dificulta el desarrollo de la sociedad laica que algunos tratan de imponer. Esta devoción y presencia viene de lejos.

La historia medieval recoge la presencia del sacerdote asistiendo a las tropas que, al hacerse profesionales, es cuando los capellanes castrenses se incorporan definitivamente a la milicia. En 1532, al organizarse los famosos Tercios españoles, encontramos al sacerdote que vivía con los soldados, aunque sin estar adscritos a una organización eclesiástica peculiar para el ámbito militar. La jurisdicción específicamente castrense existe en España desde la primera mitad del siglo XVII y se rige por Breves pontificios que regulan esta presencia.

Fue el papa Clemente XIII quien, en 1705, crea un vicariato único para todos los ejércitos españoles, uniéndose éste con el Patriarcado de las Indias y declarando súbditos de dicha jurisdicción a «cuantos militares bajo la bandera del Rey Católico, por mar o por tierra, viviesen del sueldo o estipendio militar y a todos los que, por legítima causa, los siguiesen». Así continuó hasta que por ley de 30 de junio de 1932 se suprimió el Servicio Religioso Castrense.

En 1950 se restableció, de nuevo, esta relación en virtud del convenio firmado entre la Santa Sede y el Estado Español. Posteriormente ratificado por el Concordato de 1953, elevando el Vicariato a la dignidad arzobispal. Finalmente, el 3 de enero de 1979 se establece un nuevo acuerdo sobre la ‘Asistencia Religiosa a la Fuerzas Armadas y Servicio Militar de Clérigos y Religiosos’, que continua vigente.

Mediante la Constitución Apostólica “Spirituali Militum Curae”, promulgada por Juan Pablo II en 1986, incorpora las disposiciones conciliares y actualiza lo que eran los Vicariatos Castrenses, transformándolos en circunscripciones eclesiásticas como una Iglesia particular, es decir, asimilándolos jurídicamente a las diócesis, denominándolos ‘Ordinariatos Castrenses’.

El fundamento de la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas se basa en el derecho de todo ciudadano a ser atendido por los ministros de la confesión religiosa que profesen. Desde de una valoración positiva del fenómeno religioso por parte del Estado y del compromiso de éste a garantizar la atención religiosa a los miembros de las Fuerzas Armadas de acuerdo con la Ley Orgánica de Libertad Religiosa y sin vulnerar el art. 16 del capítulo 2º de nuestra Constitución, porque ser religioso no es ninguna extravagancia intelectual ni el reducto de viejas generaciones. Es decir; que sin alambicadas interpretaciones la no confesionalidad o el laicismo del Estado, no consiste en eliminar la religión, sino en no ser beligerante en materia religiosa. El Estado Español debe ayudar al ciudadano a ser católico, musulmán, protestante, o a no ser nada.

Por todo ello, no ex extraño ver a un sacerdote católico con el uniforme mimetizado para desierto y la estola, celebrar la Eucaristía; al clérigo protestante recitar el Señor es mi pastor nada me falta …; al soldado del Tshal cubierto con la kipá, en los hombros el talit, en su brazo el tifilín y su arma reglamentaria rezando el Shemá Israel o al grupo de soldados musulmanes que, orientados hacia La Meca, dirigen sus oraciones al Clemente y Misericordioso.

Y esto es así no solo en nuestra nación, sino que en los ejércitos de nuestro entorno. Ejemplo de ello lo tenemos en la laica (no laicista) Francia que en las filas de su ejército y formando parte de éste, se encuentran sacerdotes católicos, pastores protestantes o rabinos. Esto ocurre, igualmente, en la misma Rusia donde, por ejemplo, en el desfile de conmemoración del 75º aniversario de su victoria sobre Alemania, el ministro de Defensa antes de iniciar la parada militar en automóvil descubierto con su uniforme reglamentario, lo primero que hizo ante todos los presentes y quienes lo vimos por televisión, fue hacer la señal de la cruz. Esta presencia religiosa en las Fuerzas Armadas se hace presente en casi todos los países de Europa y América y en Australia, Canadá, Corea del Sur, Gabón, Nueva Zelanda, etc. etc.

Estos sentimientos religiosos se manifiestan en el ámbito militar muy frecuentemente: desfiles, izados de Bandera, jura o promesa de fidelidad y otros más, siendo especialmente emotivo cuando se honra a la Virgen como Patrona de las Fuerzas Armadas y de los Cuerpos de Seguridad.

Así pues, desde esta perspectiva evocadora y confesional celebraré a Santa Barbara con el destacamento de artillería de Cerro Negro, en Talavera de la Reina; a la Inmaculada con los infantes de la Academia de Infantería de Toledo y a Nuestra Señora de Loreto con los soldados de Aviación del Escuadrón de Vigilancia Aérea de Villatobas.

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