¿Qué es la cohabitación y cómo funcionará en Francia?

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Las elecciones europeas han supuesto un terremoto en la política francesa después de que el presidente de la República, Emmanuel Macron, decidiera disolver la Asamblea Nacional y convocar elecciones legislativas anticipadas. Con la extrema derecha de Marine Le Pen en auge y líder en la primera vuelta, el jefe del Elíseo se arriesga a tener que cohabitar en el poder con un primer ministro de otra formación política distinta a la suya.

Macron fue reelegido presidente en 2022, por lo que todavía tiene tres años más de mandato por delante, y todo apunta a que será en cohabitación con otro grupo distinto al suyo liderando en el parlamento, sea Agrupación Nacional (RN por sus siglas en francés) o el Nuevo Frente Popular (NFP) de la izquierda. Pero, ¿qué significa esto?

Igual que sucede en España, Macron es el jefe de Estado de Francia, y como hace el rey Felipe VI, está obligado a firmar y promover los decretos o leyes aprobadas en la Asamblea Nacional. Hasta ahora, eran miembros de su partido Renacimiento (antes República en Marcha y ahora englobado en la coalición Ensemble) quienes conformaban el Gobierno y presentaban proyectos de ley en el Parlamento. Sin embargo, tras una hipotética derrota en las elecciones legislativas (han quedado terceros en la primera vuelta), Macron se vería obligado a sacar adelante medidas contrarias a sus ideas.

¿Qué puede hacer Macron para torpedear al primer ministro?

Como presidente de la República, Macron dispone de distintas herramientas para retrasar las medidas adoptadas por el Gobierno de signo contrario al suyo, si bien la más poderosa de todas ya la ha perdido. El jefe del Estado solo puede disolver la Asamblea Nacional una vez por año, por lo que en caso de victoria de la ultraderecha o el Nuevo Frente Popular, Macron tendría que esperar al verano de 2025 para convocar elecciones legislativas de nuevo.

Con la cohabitación, el sistema semipresidencialista de Francia «pasa a tener un componente parlamentario muy importante«, explica a RTVE.es el investigador del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs), Héctor Sánchez Margalef. El primer aspecto en el que perdería poder Macron es en la formación de Gobierno, porque si bien él puede hacer sugerencias en los nombramientos, dependen exclusivamente del primer ministro y de la aprobación en el Parlamento. El nivel de influencia del presidente «dependerá del grado de cooperación que quieran establecer«, señala Sánchez, una cooperación que no parece factible si gana la extrema derecha.

Es muy difícil estar en contra de la voluntad popular

Sobre la posibilidad de que Macron se niegue a firmar leyes que considere malas para el país, como presidente de Francia, debe aceptar que «la política interior depende de la Asamblea» y «es muy difícil estar en contra de la voluntad popular» que representa el Parlamento, recuerda el investigador del CIDOB. «No va a ser plato de buen gusto para Macron. Por un lado, él tiene su puesto asegurado, pero claro, probablemente va a tener que tragar sapos, o bien de la ultraderecha, o bien del Nuevo Frente Popular», señala a RTVE.es la profesora de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, Paloma Román Marugán.

La docente explica que el presidente de la República francesa no tiene derecho de veto en el sentido clásico de la palabra, como sí sucede en Estados Unidos. «Puede dilatar firmar las leyes unos 15 días«, indica, pero incluso si no la aprueba, la Asamblea terminaría sacando el proyecto adelante. «Él no puede proponer la iniciativa legislativa», recuerda, «él es el árbitro de la Constitución, el que modera un poco, pero realmente, si tiene un gobierno de otro signo, sus posibilidades son pocas«, afirma Román.

¿En qué áreas se impone la voz del presidente?

Pese a la posibilidad de que el ultraderechista Jordan Bardella o el candidato elegido por NFP gobierne como primer ministro, a Macron le queda el margen que le otorga «el famoso artículo 16 de la Constitución francesa«, que como explica Román, «le da una preeminencia en materia de asuntos de política exterior, tratados internacionales o problemas de grave amenaza a la República Francesa«.

Macron va a intentar proyectarse internacionalmente lo más posible

«Él sigue siendo la representación de Francia«, alega Sánchez, que pone como ejemplos claros donde Macron debe tomar la última palabra situaciones tan graves como «declarar la guerra» o «firmar la paz», si bien «deberá escuchar más al Parlamento de lo que tendría que hacerlo si no hubiese cohabitación». De hecho, según el investigador, «Macron va a intentar proyectarse internacionalmente lo más posible», aprovechando sus reuniones con otros líderes internacionales, como el G7, para mostrar sus opiniones e ideas frente a las que promueva el nuevo Gobierno francés.

No obstante, el experto señala que, al «no tener una mayoría que le apoye en casa», Macron no podrá ser un líder lo suficientemente fuerte en el exterior. «Es muy difícil brillar internacionalmente si en casa te están haciendo sombra«, recalca, si bien, todo esto sucedería en el supuesto de un Gobierno respaldado por una mayoría absoluta.

Además, la política europea en Francia también es llevada a cabo el primer ministro y el Gobierno, puesto que es como «política doméstica para ellos», explica Paloma Román, quien augura que Macron «va a tener muchas dificultades para imponerse». Por lo tanto, a la hora de implementar cualquier política pública podría haber un enfrentamiento entre Presidencia y Asamblea Nacional. En este sentido, Sánchez se cuestiona «¿hasta qué punto quieren o van a querer que se produzcan choques institucionales que pueden debilitar la imagen de Francia en el exterior?».

En esta tesitura, «se abre un panorama un poco complicado en general, no solo para Francia, sino que Francia se debilite, también repercutirá en Europa», vaticina el politólogo, quien añade que definitivamente «la integración europea va a recibir un frenazo» y le resulta difícil ver avances sustanciales porque la Unión Europea «tiene las dos patas ahora mismo del motor franco-alemán debilitado».

«Estamos entrando en un terreno un poco desconocido»

Si tras la segunda vuelta de las elecciones legislativas se confirma el Gobierno de cohabitación, será la cuarta vez que suceda en la V República francesa. Los anteriores periodos se dieron entre 1986–1988, 1993–1995 y 1997–2002, pero para Román «estamos entrando en un terreno un poco desconocido», porque en los casos pasados «había una diferencia de dos años entre las elecciones legislativas y las presidenciales», no como los tres años que Macron tiene por delante.

Anteriormente, los mandatos presidenciales duraban siete años, frente a los cinco de la Asamblea, por lo que el Gobierno podía cambiar de signo quedándole todavía dos años de mandato al presidente de la República. Esta situación cambió en el año 2000, cuando el primer ministro de izquierdas, Lionel Jospin, en contra del padecer del conservador y entonces presidente Jacques Chirac, logró mediante referéndum acortar de siete a cinco años el mandato presidencial. Además, se estableció que las elecciones legislativas se celebran desde entonces un mes después de las presidenciales, lo que motivó un efecto de arrastre que anima a los ganadores de las presidenciales a confirmar su voto un mes después en las legislativas.

La sociedad francesa está mucho más polarizada de la que lo estaba entonces

En el presente, más allá de la diferencia temporal, Héctor Sánchez destaca que el más que posible Gobierno de cohabitación será con la derecha radical, un «rara avis», puesto que en las cohabitaciones anteriores el choque se produjo entre socialistas y conservadores. «La sociedad francesa está mucho más polarizada de la que lo estaba entonces, así como la europea. Parece que estemos en un pico de polarización muy, muy grande», resalta.

En definitiva, el presidente «va a tener bastante más atadas las manos que en otros procesos de cohabitación», considera Román, quien además avisa que, pese a que Macron «está en una situación de debilidad», sería impensable que no agote su mandato: «Lo tiene que agotar y esperar que los demás cometan errores«.

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