‘Suburbia’, un paseo por los territorios del vicio en España

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Servando Rocha, un cazador de historias de la noche, nos presenta en 24 horas de RNE Suburbia: El gran libro ilustrado del erotismo, lo prohibido y la molicie en España. Un recorrido por la historia de los antros efervescentes de los años veinte y treinta, en especial en Barcelona y Madrid.

Hacemos con él un viaje en el tiempo a través de antros como el Café Satán, en Madrid, donde las luces no se apagaban nunca.

Las librerías proscritas

El editor evita confesar si acudió con una gabardina o una capucha en busca de la confidencialidad necesaria cuando bajó a una boca de metro a recibir en una caja decenas de ejemplares escritos por un falso sexólogo, Ángel Martín de Lucenay. Los que hay han sobrevivido al fuego de la censura posterior. Y el autor reconoce que este personaje es el hilo conductor a través del que transita Suburbia.

“Se sabe muy poco de él. Inundó el mercado editorial con un centenar de libros en apenas cuatro años. Libros como Bestialismo, en cuya portada aparece una chica desnuda junto a un pastor alemán”. Algunos han desaparecido, otros se guardan en bibliotecas ocultas. Algo que también ocurría en Francia.

“Era un país que vivió su edad dorada en los años veinte y treinta”, cuenta Servando Rocha Misa de doce y cabaret nocturno

En el centro de Madrid se concentraban algunos de estos antros de perversión nocturna, de divertimento salvaje y descontrol de sexo y drogas.

“Eran cafés que nunca cerraban. Alrededor de la Puerta del Sol podías pasar la noche con prostitutas, cupleteras, apaches, y todo el universo nocturno. Por ejemplo, en el Café Satán. Eso también fue nuestro país”, cuenta en Radio Nacional.

Suena un cuplé en el barrio chino

El transformismo, el consumo y la venta de sexo y drogas tenían dentro de las grandes urbes Madrid y Barcelona, un centro de operaciones esencial: el barrio chino.

“También en Valencia, Zaragoza o Bilbao la noche deparaba sorpresas. Al igual que en Madrid, donde el barrio chino estaba en algunas calles de Lavapiés, como la calle del Amparo o Esgrima, allí también tenían su fortín los decadentes y el hampa en tabernas, cafés cantantes y casas de dormir”, recoge en Suburbia.

Allí la banda sonora tenía que estar a la altura. Charlestón y Cuplé eran parte de aquellos placeres nocturnos. Perseguidos e incluso prohibidos como si la música conjurara a hombres y mujeres a dejarse llevar por la molicie.

Paraísos artificiales

En Suburbia recopila crónicas de la España de la época, contadas por periodistas que se adentraban en la noche, en esos tugurios, en busca de la fiesta prohibida.

“Pagué y el alemán nos entregó una caja de cerillas con dos gramos de cocaína… Esto es inaudito, ¿verdad? Pues lo más inaudito es que ya no son solamente los limpiabotas, algunos limpiabotas, los que venden cocaína; ya no son muchas diosas desalmadas las que entregan el polvillo luminoso y tentador a cuatro tontas que creen adquirir una espiritualidad y una personalidad romántica con el uso de los estupefacientes”. Estampa, 10 de junio de 1939.

Una revolución femenina y la autodestrucción

El origen de este libro también está en la sicalipsis inspirado en Sicalípticas, escrito por Gloria G.Durán, en la que se retrata la historia del cuplé en España.

“El cambio de siglo, de 1910 a 1920. La sociedad quiere más sordidez, cosas más explícitas. La imagen de la sicalíptica, de la cupletera, de la insinuación empieza a sonar demasiado soft. Cuando llega Lucenay todo salta por los aires”.

Charlestón, alcohol y drogas se convierte en una forma de liberación femenina en los años treinta, junto a otras revoluciones como las que llegan sobre ruedas, “la bicicleta y los patines no eran solo elementos para despistar a la carabina. Aparece la piel, los pantalones cortos. Eso choca con la moral y las dos Españas. Una que mira hacia el pasado, y otra hacia el futuro. La modernidad entra a saco en ciudades como Madrid y Barcelona”, cuenta Servando Rocha.

Fuente

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