Tenerife y su «ave fénix» para resurgir de las cenizas

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Cuando las cenizas del incendio que ha asolado Tenerife en agosto todavía siguen calientes, expertos y autoridades ya hacen balance de daños y valoran cómo puede recuperarse una zona de alto valor natural, la Corona Forestal, el segundo anillo de protección alrededor del Teide y el mayor espacio protegido de Canarias.

El fuego originado en los municipios de Arafo y Candelaria, el peor de este año, ha afectado a unas 15.000 hectáreas, un 7% de la superficie de la isla, y aunque no ha habido víctimas mortales ni se ha quemado ninguna propiedad, sí que ha ardido el hábitat de especies endémicas, como el del «icónico» pinzón azul, símbolo animal de Tenerife, o poblaciones de plantas amenazadas como el pico de paloma, explica a RTVE.es Manuel Nogales, biólogo del CSIC y delegado de este organismo científico en Canarias.

«Se ha quemado un pulmón para Tenerife», asegura, y explica que el incendio ha calcinado casi un 30% de la superficie boscosa de la isla, sobre todo pino, pero también brezales, retamas, codesos, laurisilva, y matorrales. Según el Gobierno de Canarias, podría haber afectado a más de 60 especies protegidas. Entre ellas, la que más preocupa es el cabezón de Añavingo, una planta de la que solo quedaban dos poblaciones, una de ellas quemada en 2021 y otra muy posiblemente afectada en esta ocasión. La organización SEO/Birdlife, por su parte, calcula que ha afectado al hábitat de 39 especies de aves, muchas de ellas endémicas. 

La capacidad de rebrote del pino canario, única en el mundo

Ante este panorama, parte de la esperanza en la recuperación está puesta en el pino canario, conocido como el «ave fénix» de las islas por su rápida capacidad de rebrote tras el fuego. Cerca de un 75% de la superficie quemada es de pinar, la mayor parte de repoblaciones realizadas a medidados del siglo pasado, detalla Nogales. Su poder para rebrotar tras el fuego «es verdaderamente impresionante», ya que tiene «tres características» que lo hacen único en el mundo.

En primer lugar, el Pinus canariensis posee una corteza muy gruesa, de incluso ocho centímetros de grosor, que lo defiende ante las llamas. Además, tiene unos tejidos en tronco y ramas con «altísima capacidad de rebrote», donde se acumulan reservar energéticas en el caso de «catarsis ecológica». Y por último, dispone de un «banco de semillas aéreas», piñas que no solo resisten al fuego sino que gracias a él se abren y liberan, algo «increíble», describe el biólogo del CSIC.







El pino canario rebrotando solo dos meses después del fin de la erupción de La Palma, en 2022 EFE EFE/Elvira Urquijo Á.

Cree que reúne todas estas características gracias a haber «evolucionado entre volcanes» durante 11 o 12 millones de años, más que a los incendios en sí. Por eso, considera que se verá el color verde en el pinar «rápido», aunque «otra cosa son procesos más complejos de invertebrados o de flora acompañante». Murciélagos como el orejudo canario de Tenerife, aves como el reyezuelo canario o el herrerillo canario, e invertebrados que vivían en las cuevas de la zona, todos ellos endémicos, pueden tardar en recuperarse.

Nogales calcula que «van a pasar varias décadas probablemente» hasta llegar al «momento ecológico» que tenía el área antes de quemarse. Desde la Asociación para la Conservación de la Biodiversidad Canaria (ACBC) hablan «catástrofe» ambiental para la isla con este fuego y recuerdan que, aunque el pino rebrote, el pinar canario «es mucho más que la suma» de especies como esta y otras como jaras y codesos, conocidas por su resistencia al duefo.

En un comunicado, recuerdan que los pinares de Tenerife están empobrecidos en flora endémica por los reiterados incendios -que con el cambio climático son cada vez más frecuentes-, pero también por la presencia de herbívoros invasores como el conejo que han alterado «profundamente las comunidades vegetales originales». Además, apuntan que los fuegos recientes han afectado especialmente a los pinos antiguos, aquellos de mayor ecológico.

¿Es el fuego un «elemento intrínseco del ecosistema»?

Para José Ramón Arévalo, ecólogo de la Universidad de La Laguna, pueden pasar unos cinco años hasta que los pinos generen sus primeras ramas, y aunque puede pasar mucho más tiempo hasta recuperar el aspecto que tenía antes del 16 de agosto, «eso no quiere decir que no esté funcionando el ecosistema».

En esta línea, Arévalo considera que este evento no es «una catástrofe ecológica», y considera que «hay que entender el incendio como elemento intrínseco del ecosistema». El profesor de la ULL señala que «un pinar quemado es tan natural como un pinar verde» e insiste en que las especies están «adaptadas» al fuego en este tipo de clima.

Respecto al pinzón azul, cita estudios como el que demostró que tras el grave incendio de 2007 en el Pinar de Inagua, en Gran Canaria, esta ave había conseguido recuperar e incluso aumentar su población en su única área de distribución conocida en dicha isla.

Nogales, por su parte, rechaza el argumento de que los fuegos ayuden a regenerar este tipo de ecosistemas. En Canarias, explica, hay escasos incendios naturales, ya que las tormentas eléctricas se dan en invierno y acompañadas de aguaceros, a diferencia de lo que ocurre en zonas continentales. Cuando los ecosistemas adquieren cierta «complejidad» y más «madurez» es cuando no se queman, asegura. «Cuanto más años pasen irán trabajando infinitamente mejor», defiende.

Desde la ACBC, además, recuerdan que «la casi totalidad de los incendios actuales son producidos por el ser humano», con una «frecuencia e intensidad muchísimo mayor» que lo que ocurriría de forma natural. 

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¿Y ahora qué? ¿Intervenir o no intervenir?

También hay diversidad de opiniones sobre qué hacer en una zona natural tras un incendio. Arévalo, por su parte, se muestra partidario de que la mano del ser humano intervenga lo menos posible. «Lo mejor que se le puede hacer al pinar canario después de un incendio es dejarlo tranquilo«, asegura, y cree que solo habría que intervenir en casos puntuales para evitar la erosión de los suelos, aunque recuerda que este también es un proceso «natural».

Se muestra partidario, para poder controlar mejor los incendios y evitar que afecten a zonas habitadas, recuperar en cierta manera un paisaje «mosaico», es decir, en el que espacios naturales convivan con cultivos y otras zonas de uso humano que puedan actuar como cortafuegos naturales.

Nogales sí que es favorable a la intervención. Cree que ahora hay una «oportunidad única» de reducir el exceso de biomasa que ha contribuido a la intensidad del fuego. También considera que, si así lo recomiendan los ingenieros de montes en algunos puntos, habría que construir albarradas, barreras para impedir la erosión de los suelos en cuanto lleguen las lluvias.

La ACBC también es partidaria de la intervención. Consideran que hay que poner en marcha un plan de restauración «rápido» e integral para hacer frente a la erosión, y a la hora de repoblar, hacerlo con semillas de flora endémica rara o amenazada propias de las zonas afectadas, que se encuentren almacenadas en los bancos de semillas disponibles, para potenciar su recuperación.

Proponen recuperar los ecosistemas de manera integral, llevando las poblaciones de la flora endémica a sus máximas posibilidades, para que se reduzcan los riesgos de extinción y se facilite la recuperación espontánea posterior. En concreto, proponen recuperar la superficie de laurisilva de la vertiente norte de la isla, intensificando la transformación de masas de pinos exóticos y de pino canario plantado fuera de su área potencial.

Por el momento, la población tinerfeña solo puede esperar a que el fuego se termine de apagar completamente -aún no está oficialmente extinguido-, y luego, aguardar todavía más, ya sean años o décadas, a que el monte de la isla, recupere su verdor y su riqueza natural.

Fuente

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