Teresa Vicente, ganadora del ‘Nobel verde’: «Necesario un cambio global»

Teresa Vicente, ganadora del ‘Nobel verde’: «Necesario un cambio global»


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Teresa Vicente (Lorca, 1962) es profesora de Filosofía del Derecho en la Universidad de Murcia e impulsora de la ley que le ha otorgado personalidad jurídica al Mar Menor y lo considera un sujeto con derechos propios. Esta abogada ha recibido recientemente el Premio Goldman, considerado como el Nobel del ecologismo, un galardón que reconoce anualmente la lucha por la defensa de la naturaleza de seis activistas ambientales, uno por continente -divide América en tres: Norte, Centro y Sur; e incluye a Oceanía dentro de lo que denomina como «naciones insulares»-. La murciana ha conseguido el Goldman por Europa, y es la segunda española que lo hace, después de Pedro Arrojo en 2003.

Vicente fue la principal artífice de la Iniciativa Legislativa Popular que terminó dotando de personalidad jurídica al Mar Menor, y lo convirtió en el primer ecosistema europeo con estas características, lo que hace posible que cualquier persona esté legitimada para defenderlo y acudir a los tribunales en su nombre. El Mar Menor, la laguna salada más grande de Europa, ha sufrido un deterioro acumulado durante décadas que tuvo su punto de inflexión en 2016, cuando esta albufera llegó a convertirse en una «sopa verde», una crisis que se repitió después en 2019 y en 2021. Como la propia Vicente recuerda, en realidad no es algo que afecte solo a los murcianos, ya que «el mismo problema que ha colapsado al Mar Menor es el que está colapsando todos los ecosistemas» en el resto del mundo.

PREGUNTA: ¿Qué ha supuesto para ti la concesión del Premio Goldman?

RESPUESTA: Llega en un momento muy bueno, y es lo que yo más agradezco, porque ahora es cuando la Ley del Mar Menor ha entrado en los juzgados, a pesar de que lleva más de un año vigente. Entonces, el Premio Goldman quiere decir que esto ya no se puede ocultar, que no puede quedarse en un ámbito jurídico. El reconocimiento le da una difusión muy importante, porque es algo de toda la ciudadanía española, y la sitúa en el centro del mundo. Además, es un refuerzo de que nos encontramos ante un nuevo paradigma, pero que ya es derecho positivo, y se trata de un cambio que necesitamos. Desde los años 70 estamos con las cumbres, con el derecho ambiental, que están muy bien porque han aumentado la conciencia ecológica, pero no se ha resuelto mucho.

P: ¿A qué te refieres exactamente con lo de nuevo paradigma?

R: Ahora mismo, lo que tenemos es que unir fuerzas, quitarnos el velo y ver dónde estamos. La vitalidad del planeta depende de nosotros, pero todavía no hemos dado un paso a la altura del problema que tenemos. Llevamos décadas en el mismo modelo, que está muy bien, el del derecho ambiental antropocéntrico, pero no ha conseguido resolver el problema, por lo que tenemos que ir a la raíz y darle la manumisión a la naturaleza, que es el último explotado y es el gran sujeto de la vida. Eso supone un cambio de mentalidad por nuestra parte, pero un cambio de todo; en la economía, en la política, en el derecho…

Tenemos que ir a la raíz y darle la manumisión a la naturaleza, que es el último explotado y es el gran sujeto de la vida.

Tenemos que cambiar, porque estamos en esta encrucijada por el modelo que llevamos arrastrando desde la Edad Moderna, que fue una revolución en lo científico, aunque también tuvo sus errores, y uno de ellos fue separar al ser humano de la naturaleza, y considerar que nuestra misión era explotarla sin límites.

Es necesario un cambio global y tenemos que hacerlo de manera radical por medio de una revolución pacífica

Ese ha sido el gran error de la modernidad, y ahora estamos en una segunda revolución copernicana, en la que la misma ciencia de la ecología nos ha situado en el gran error y hay que reconocer, sin caer en romanticismos, las enseñanzas de otras culturas, como la de los pueblos indígenas, que ahora mismo ocupan los territorios que están menos degradados.

A su vez, lo que estamos haciendo en el mundo occidental es por un lado intentar avanzar hacia un modelo verde, pero manteniendo las grandes empresas que están extrayendo minerales y contaminando en otras partes del mundo. Este modelo en realidad está agotado, porque no tiene salida. Es necesario un cambio global y tenemos que hacerlo de manera radical por medio de una revolución pacífica, que es lo que exigen los derechos de la naturaleza. El cambio o es radical, o no es.

P: ¿Cuál crees que es la verdadera importancia del reconocimiento de la personalidad jurídica del Mar Menor?

R: Creo que su mayor logro es que pone en el centro que los derechos de la naturaleza han sido una conquista europea, ya que era el único continente que faltaba por reconocer esta figura. Es una conquista europea digna de reconocimiento internacional. Ha sido el premio nobel de medio ambiente para Europa. Para mí lo más importante es eso. Es un reconocimiento internacional, del máximo premio que hay en medio ambiente, al hecho de haberle dado derechos a la naturaleza, a un ecosistema en peligro.

Aquí ha habido tres patas: el motor, que es el movimiento social; la pata intelectual, que es todo ese proceso de estudio que en este caso se ha llevado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia y la redacción de la ley. Y además que, por una vez, los políticos han estado a la altura. 

P: Aunque ha habido una excepción…

R: La de Vox, sí. Pero la ley que quieren tumbar no es la nuestra, porque la nuestra es nacional. Si no, se la hubieran cargado. Se han cargado la ley de protección del medio ambiente regional, pero la nuestra no la pueden tocar, porque es nacional, y tendría que tener una mayoría en el Congreso de los Diputados para intentarlo. La han llevado al Constitucional, eso sí.

P: ¿Consideras que esas presiones internas del Gobierno murciano van a repercutir en la ley autonómica?

R: El Gobierno está cediendo mucho. Pero también porque no solamente le hemos dado derechos al cuerpo de agua, que es la laguna, sino que le hemos dado derechos a toda la cuenca, que son 1.600 kilómetros cuadrados en los que hay agricultura y ganadería intensivas. Hay mucho interés económico, y se ha reproducido el enfrentamiento que hay ahora mismo en el planeta. El mismo problema que ha colapsado al Mar Menor es el que está colapsando todos los ecosistemas.

No digo que el derecho ambiental haya estado mal, ya que ha sido un primer paso, pero es insuficiente.

Entonces, ahí está la lucha entre los que tienen la personalidad jurídica y los derechos desde hace más de 200 años, que son las corporaciones, y luego la naturaleza, que no tenía ningún derecho. El derecho ambiental está muy bien, pero era antropocéntrico. ¿En cuántos parques naturales se han dado licencias para que haya explotaciones de agricultura intensiva, de minería…? Yo me recorrido los parque naturales de España y en casi todos he visto agricultura intensiva.  No digo que el derecho ambiental haya estado mal, ya que ha sido un primer paso, pero es insuficiente.

P: ¿Crees que se va a generalizar la fórmula de otorgar derechos propios a ecosistemas de todo el mundo?

R: Seguro que cada vez va a ser más común. Si no, no vamos a sobrevivir, porque la única solución es que vivamos en armonía con la naturaleza, y no sigamos con esta explotación ilimitada, y veamos a la naturaleza como lo que es, como una gran entidad viva de la que depende la vida, y para ello hay que darle derechos. Pero el cambio no va a llegar por parte de los poderosos, ni de Gobiernos, ni de la economía, eso no va a pasar. O le damos la manumisión al explotado, que es lo que ha pasado siempre y en este caso es la naturaleza, o no llegamos. 

P: Un buen ejemplo fue la Cumbre del Clima de 2015. Todo el mundo puso el grito en el cielo, todos decían que se iban a implicar, pero ha pasado casi una década y apenas se ha avanzado en los objetivos que se fijaron…

R: Prácticamente no se ha avanzado. Yo he estado en la última cumbre, y los estudios científicos que manejábamos quienes íbamos como observadores de Naciones Unidas, como el del IPCC o el informe sobre los ecosistemas, todos van a peor, porque al final seguimos en el mismo modelo. Por eso es tan importante cambiarlo. Aunque lo podamos ver como algo revolucionario, la historia del progreso jurídico de la humanidad, por decirlo de alguna manera, ha estado protagonizada por sujetos que estaban fuera de los derechos y se incorporaron, como las mujeres, los niños o los pueblos indígenas. Para poder luchar luego por ello, primero hay que reconocerlo. 






Cadena humana formada en agosto de 2022 por la recuperación del Mar Menor, en Los Alcázares. EDU BOTELLA / EP

P: Después de los colapsos intermitentes que ha sufrido en los últimos años, parece que la situación del Mar Menor ha mejorado. ¿Cuál crees que es su estado actual?

R: Lo que ha hecho nuestra ley, desde que comenzó el movimiento, ha sido que desde 2019 por primera vez los políticos han empezado a dar explicaciones, a moverse, a hacer algo… Y en los Tribunales Superiores de Murcia, empiezan a salir las primeras sentencias declarando pozos ilegales, cultivos ilegales… 

El Mar Menor tiene derecho a vivir y tiene derecho a recuperarse, y ese es el gran avance de nuestra ley.

El Plan de Recuperación del Mar Menor es una medida del Ministerio de Medio Ambiente que está muy bien, pero hay que recordar que es un derecho del Mar Menor. El Mar Menor tiene derecho a vivir y tiene derecho a recuperarse, y ese es el gran avance de nuestra ley. Entonces, ¿en términos biológicos se está recuperando el Mar Menor? Pues sí, hay medidas que se están ejerciendo. ¿Y en términos políticos y sociales? Pues ahora mismo la gente siente que es el Mar Menor, y que es su defensora, porque es que lo es. A nivel regional, Vox está forzando al Gobierno popular a desproteger en el ámbito autonómico el Mar Menor. Es un hecho, pero también es un hecho que tenemos a la ciudadanía cuestionando ese papel. Ya no es como antes. Antes del movimiento de la ILP nadie se cuestionaba lo que pasaba con el Mar Menor.

P: ¿Es compatible el desarrollo económico de Murcia y de uno de sus pilares básicos, como es la agricultura, con la preservación del Mar Menor?

R: La agricultura es compatible siempre que esté dentro de los límites del ecosistema donde está. No hay que olvidar que somos una zona semidesértica, ¿cómo vamos a ser la huerta de Europa? ¿Cómo se van a obtener cuatro cosechas al año? Lo que estamos haciendo es lesionar el suelo. No hace falta ser biólogo ni jurista para darse cuenta de eso. Y no me refiero a la agricultura tradicional, sino a la agricultura intensiva que comenzó a proliferar a partir de la década de 1980.

Tenemos que darnos cuenta de que el cambio es tan grande, que alguno tiene que perder.

Lo que tenemos que darnos cuenta es de que el cambio es tan grande, que alguno tiene que perder, porque es un cambio que pasa de la acumulación a la distribución. Si al Mar Menor se le sigue vertiendo la cantidad de nitratos que ha provocado la eutrofización y la anoxia, ¿cómo se va a recuperar? Es algo impensable.  No es que queremos que se acabe la agricultura, es que queremos una agricultura que respete la vida, pero la vida de todos. Hay que volver al modelo de agricultura que respeta el medio ambiente, y ese es el reto que tenemos. 

P: ¿Y el turismo, que también tiene un peso muy importante en la economía regional?

R: Pues lo mismo. Hay otro turismo por el que podemos apostar, porque el turismo que hemos tenido hasta ahora ha destruido el entorno del Mar Menor. La zona de las dunas, por ejemplo, se ha destruido y nada más que hay edificios, además sin ninguna planificación urbanística. Ha sido un negocio absoluto lo que se ha hecho, y hay que replanteárselo.

Yo estoy en proyectos con muchas universidades sobre la incidencia del turismo en el medio ambiente, y la apuesta por otro modelo turístico. Porque hay que avanzar, no podemos seguir con los mismos modelos. Turismo sí, pero otro modelo. Agricultura también, pero no el modelo actual. 

Fuente

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