un modelo que muchos quieren dejar atrás

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“Es mi casa”. Una mujer sostiene este cartel de reafirmación y protesta mientras la multitud corea: “¡Esas riquezas a quien se las ingresan!”. Las islas Canarias recibieron en el año pasado una cantidad de turistas superior a la población conjunta de Finlandia y Portugal: unos 16,2 millones de visitantes nacionales y extranjeros, según el Instituto Canario de Estadística. La cifra, de éxito para algunos, da la medida del “problema” que otra parte de la sociedad canaria siente que amenaza su bienestar.

El pasado sábado, las calles de Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote se llenaron para manifestarse contra la especulación inmobiliaria y los daños sobre el paisaje que vinculan al modelo turístico actual. En las concentraciones —también en La Palma, La Gomera y El Hierro, con menos afluencia—, pidieron un cambio estructural: para proteger el futuro de las islas, para garantizar la calidad de vida de sus gentes.

“No soy pitoniso, pero no me extrañaría que pronto tengamos manifestaciones en Andalucía, Cataluña, Baleares u otras zonas con una situación similar”, afirma en una entrevista con RTVE.es el director de la Cátedra de Turismo de la Universidad de La Laguna, Raúl Hernández.

El caso de Canarias, no obstante, obedece a algunas dinámicas propias. Al aumento del precio de la vivienda que se observa en otros destinos turísticos, Hernández suma la precariedad y falta de cualificación laboral, las largas horas de atasco que sufren algunos ciudadanos para llegar hasta sus puestos de trabajo y otras deficiencias en la gestión de un entorno condicionado por la insularidad.

Así, este doctor en Economía refiere una creciente “percepción de que el turismo no está ayudando a resolver sus problemas”, entre los que pesa la “falta de oportunidades”. Canarias registró en el año pasado una tasa de paro media del 16,08%, casi cuatro puntos por encima de la española (12,18%) y solo por detrás de Andalucía (18,24%), Extremadura (17,37%), Melilla (26,62%) y Ceuta (29,97%), un desnivel que explica en parte las “bolsas de pobreza” que persisten entre su población.

En 2023, la tasa de riesgo de pobreza canaria descendió hasta el 26% desde niveles superiores al 30% solo cinco años antes. El evidente progreso queda empañado por el hecho de que la cifra sigue rebasando por seis puntos la media española, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, y porque la encuesta sobre “carencia material” refleja igualmente mayores dificultades entre la sociedad canaria para irse de vacaciones una vez al año, mantener la vivienda a una temperatura adecuada, afrontar gastos imprevistos o comer carne, pollo o pescado cada dos días.

El turismo tira del PIB canario, pero se cuestiona su “precariedad” 

El turismo en Canarias es “una actividad económica centrada en grandes operadores que no reparten plusvalía”, señala el portavoz de la federación Ben Magec-Ecologistas en Acción, Eugenio Reyes, que formó parte de las movilizaciones del 20 de abril. Esta idea de que la riqueza creada por el sector turístico no está llegando a los bolsillos de los canarios ha prendido el hartazgo que se mostró en las protestas y, según Reyes, se sustenta en la “precariedad extrema” del mercado laboral. “Los salarios no llegan a 1.000 euros de promedio y se trabaja gratis dos meses al año con las horas extras acumuladas”, denuncia.

Pero la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Las Palmas (FEHT) niega esta responsabilidad. Contactados por RTVE.es, nos remiten a una entrevista en la cadena pública autonómica (RTVC) en la que su presidente, José María Mañaricua, recordó que recientemente firmaron con los sindicatos una subida salarial superior al 10% en cuatro años y que en otros sectores “como la agricultura, el comercio, oficinas y despachos ganan mucho menos que en el sector turístico”.

“Hemos visto durante la pandemia que sin turistas el PIB de Canarias cae un 20%, mire lo que aporta a la sociedad”, reivindicó Mañaricua, y se comprometió a intentar mejorar las condiciones laborales. “Para tener unos clientes contentos, necesitamos tener unos trabajadores contentos”.

Pero el académico Raúl Hernández ha diseccionado el sector para encontrar las causas profundas y el “modelo turístico de Canarias” es puesto en la picota. Nos lo explica con un comparación. “En Baleares se han generado grandes cadenas con centenares de hoteles repartidos por todo el mundo. Han desarrollado empresas tecnológicas, bancos de camas, etc. Son empresas que ofrecen servicios al mercado turístico mundial, mientras que aquí básicamente la inversión ha sido tradicionalmente en alojamiento”, refiere. Este «por sus características, muchas veces genera mucho empleo, pero piramidal. Mucho empleo de baja cualificación”.

Según su análisis, la ventaja que tiene Canarias de contar con una temporada de sol y playa más extensa ha acabado lastrando su su innovación. A diferencia de otras zonas turísticas que tenían que aprovechar las oportunidades “de ocio, restauración, gastronomía” y crear valor en torno a ello, a Canarias parecía que no le era necesario.

“Lo que ha faltado en Canarias es incorporar mucho más empleo cualificado, tecnología, conocimiento para generar empresas en el entorno del sector turístico, pero con una mayor proyección internacional. Imagínate una empresa de big data aplicado al turismo”, ejemplifica el director de la cátedra de turismo de la Universidad de la Laguna, que no confía en las posibilidades de diversificación de una economía insular, por los costes asociados. Por ello, más que en industria o en materias primas, llama a invertir en formación y apostar por el sector turístico, entendido de una forma “mucho más amplia” que hasta ahora.

Y el “desafío de superar el modelo actual”, aporta el ecologista Eugenio Reyes, supone también pasar de un turismo de “masas” a uno “socialmente justo y sostenible”. Para que sea viable, continúa, el valor debe estar en la calidad, “la excelencia”, y no la cantidad, una tendencia que en su opinión es inversa a la descrita hasta ahora: “Entra más gente pero la caja es menor. Esto está financiado por fondos buitre, que necesitan hacer carroña para comer, necesitan degradar sectores. Meten en un espacio natural una borrachera, como ocurrió en la zona de Maspalomas, venden billetes y ya han hecho caja. Al final lo que se queda es carroña: una tierra muerta, un paisaje muerto, un territorio devorado por la juerga nocturna (…) A eso ni siquiera le llamamos turismo”.

El portavoz de Ben Magec-Ecologistas en Acción, como Hernández, ve en la conectividad y en la apuesta por actividades de ocio —que sean, en su caso— positivas para el medio ambiente, dos palancas para el cambio de modelo. La tercera: una ecotasa que grave a los turistas para destinar lo recaudado a recuperar el medio ambiente.

Auge de la vivienda turística

En paralelo a un modelo turístico eminentemente canario, las protestas prendieron por un fenómeno reciente que ya venía observándose en el resto de España: el aumento del precio de la vivienda y el creciente mercado de pisos turísticos.

El portavoz de la Asociación Canaria de Empresas de Gestión Inmobiliaria (ACEGI), Ciro Machado, reconoce el problema, pero considera que dicho aumento de la vivienda turística es consecuencia de la ley estatal, que ha empujado a los propietarios a emplear sus viviendas para el uso turístico “por miedo a posibles impagos, a un posible desahucio o a que se delimiten zonas tensionadas” y se limiten los precios.

El aumento las casas vacacionales registradas se relaciona también con el anteproyecto de ley planteado por el Gobierno canario, con una visión “muy restrictiva” en opinión de la patronal, que advierte que la oferta de pisos turísticos podría verse reducida en un 90%. Según el economista Raúl Hernández, estas perspectivas han llevado a muchos a registrar sus viviendas “por si acaso”, ya que se concedería un periodo de adaptación a los que ya están en funcionamiento.

Desde ACEGI, que achacan los precios altos de la vivienda a la ausencia de oferta pública y promociones durante décadas, sí creen en cualquier caso necesaria una regulación para evitar el “descontrol” de la oferta de vivienda turística, molesta tanto para el sector hotelero como para los vecinos y vecinas de los barrios.

“La vivienda es para vivir, no para estar de vacaciones», expresa el ecologista Eugenio Reyes. «Es un cáncer para la vida, incluso degrada al propio turista: descontrol, aislamiento, no tiene asistencia ni información de ningún tipo. Si consideramos el turismo como una industria, no puede estar en los barrio”.

De nuevo, Hernández bucea en la causas y menciona el “efecto Instagram”, que lleva a los turistas a acceder a zonas tradicionalmente reservadas a la población local. Señala en ello una “contradicción”: antes “se criticaba que los turistas solo venía al hotel y que no querían conocer la isla y la cultura”.

En pie contra los macroproyectos

Sin pedir una enmienda a la totalidad, las protestas canarias plantearon la necesidad de “límites” a cada uno de estos problemas o “externalidades” del turismo, especialmente en lo que respecta al medioambiente, por eso piden una moratoria en la oferta. El activismo contra nuevos macroproyectos no es novedad en las islas y, de hecho, no se pueden entender las protestas del 20 de abril sin el movimiento para paralizar el proyecto Cuna del Alma o el hotel de La Tejita. Dos activistas de ‘Canarias se agota’ llevaron a cabo incluso una huelga de hambre que se prolongó durante 20 días. 

Para Eugenio Reyes, se trata de una respuesta al modelo “colonial y extractivista” que permite a las empresas sacar el máximo beneficio durante unos años para luego marcharse dejando la costa degradada, una práctica de “tierra quemada”. Pero desde la patronal de Las Palmas, aseguran que en los últimos 20 años no se han construido más de dos hoteles en Gran Canaria, por ejemplo.

“Lo que ha habido es un fenómeno de la vivienda vacacional en el que tiene que ver toda la sociedad”, respondió Mañaricua en RTVC, y pidió hablar de los “ocho límites” de Canarias, por la situación particular de cada isla. En 2025 se prevé la apertura de 260 hoteles en España, de los que la mitad se encuentran en Málaga, Madrid, Valencia y Canarias, de acuerdo con la empresa de consultoría e inversión CBRE, que no precisa el reparto ni qué islas están implicadas.

Para todo lo demás, el representante de la patronal de Las Palmas señaló que corresponde al Gobierno de las islas gestionar las “externalidades negativas” del turismo, como “el tránsito por carreteras y la necesidad de mano de obra”, así como los otros problemas: “vertidos en las islas, mejor control de los espacios naturales, diversificación de la economía…”.

En todo caso, el economista Raúl Hernández cree que se ha llegado a un punto de inflexión, y avisa a gobernantes: “No se va a resolver con medidas puntuales”.

Fuente

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