Cuando la víctima de abusos sexuales en la Iglesia es un cura

Cuando la víctima de abusos sexuales en la Iglesia es un cura


Llévate 50€ de crédito al cambiarte a Octopus Energy





La víctima de abusos sexuales es un sacerdote. Era menor cuando el párroco de su pueblo abusó sexualmente de él. La primera vez fue el 19 de agosto de 1984, un domingo por la tarde en la desaparecida casa parroquial de Guijuelo, en Salamanca. La tortura se prolongó durante nueve años en los que, con más o menos intensidad, tuvo que sufrir distintos episodios de abuso sexual combinados con los abusos de poder.

Su victimario pasó de ser el párroco de su pueblo a convertirse en su formador en el seminario mayor de la diócesis. Después de 38 años de olvido -los psicólogos lo denominan «trastorno disociativo ocasionado por un trauma infantil»-, el padre Policarpo Díaz (Guijuelo, 1967) se «encharca» de su realidad y comienza a ahogarse. Se le acaba la «anestesia» y comienza un calvario físico, psicológico, espiritual y social.





Un Poli Díaz adolescente posa en la casa de Guijuelo donde nació.

Es un hombre adulto y maduro, uno de los sacerdotes más queridos de la diócesis, que en enero de 2022, fecha en la que «despierta», ostenta importantes cargos en la curia salmantina. Es el Vicario de Pastoral y mano derecha del obispo José Luis Retana, recién aterrizado en la iglesia local. También es el párroco de cuatro de las más importantes iglesias en el centro histórico de la ciudad.

29 años después de sufrir el último abuso, con 55 años cumplidos, decide hablar con su agresor, un sacerdote de 74 años. Le pide que le cuente al obispo lo que hizo con él cuando aún era un adolescente, que le pida perdón y que asuma las consecuencias. Nada de esto sucede. Pasa el tiempo y su salud se resiente hasta el punto de sufrir un amago de infarto.

Termina por comunicárselo él mismo al obispo, pero la situación empeora. La víctima decide abandonar la diócesis para continuar tratándose psicológica y físicamente, mientras que el agresor continúa haciendo su vida con normalidad, sin que nadie sospeche lo más mínimo. Ha pasado un año y el padre Poli decide abrirse y contar su historia a RTVE.es.

Pregunta: ¿Quién es Poli Díaz?

Respuesta:  Un cura básicamente feliz. Con experiencias pastorales muy ricas donde he coincidido con gente magnífica, fantástica. Gente que ha educado mi corazón de verdad. Gente buena que me ha ayudado muchísimo en mi proceso de vida y en mi felicidad.

P: Has conocido mucha gente buena, pero también ha habido personas que no se han portado bien contigo. De hecho, siendo menor de edad, sucede algo que rompe tu vida.

R:  La descuartiza. Descuartiza a la persona. Hasta el punto de que a las víctimas de abusos sexuales nos llaman supervivientes. Yo pensaba que era un eufemismo, una manera de hablar, pero no. Hay gente que se suicida o que se que queda loca. También hay quien cae en adicciones como el alcohol o la droga, incluso en otro tipo de adicciones. Esto es un infierno, ese mundo es un infierno. El poder haber hecho una vida mínimamente normal, con cierta solvencia y eficacia en el mundo de los estudios, del trabajo y en el mundo de las relaciones humanas… es que es un milagro, 

«A las víctimas de abusos sexuales nos llaman supervivientes»

P: ¿Qué es lo que te sucedió?

R: Esto ocurre en mi pueblo, en la parroquia. En un verano que yo estaba allí de vacaciones con mi familia. Un 19 de agosto, domingo. Del día y la hora me acuerdo perfectamente. ¿Qué me pasó? Pues que el párroco de mi pueblo, que llevaba poco tiempo, llevaría un año, me empezó a contar muchas cosas de su vida. Empezó a entrar en mi casa, en mi familia. Empezó a tener un trato exquisito conmigo. Era mi amigo y para mí eso era un honor. Y él empezaba a contarme episodios de su vida de una dureza extrema. Empezaba a contarme momentos en los que él había pasado dificultades psicológicas…

P:  ¿Qué edad tenías cuando entró de esa manera en tu vida?

R: Yo tenía 14, 15 o 16 años. Eso es el proceso, él me fue preparando, aunque los abusos ocurrieron un año o año y medio después de conocerlo. Él hizo también un pequeño trabajo muy sibilino de irme aislando todavía más.

P:  ¿Cómo era tu relación con él antes de que comenzasen los abusos?

R:  Yo me creí que yo era el único apoyo que tenía este hombre para que siguiera haciendo todo el bien que estaba haciendo. Es decir, todo el bien que este hombre hacía se alimentaba en la amistad conmigo. En los desahogos conmigo.





Un joven Poli Díaz en Guijuelo con el mono de trabajo tras ayudar a su padre y a sus tíos con los jamones.

P: Pero estamos hablando de un hombre que era mucho más mayor que tú, ¿qué edad tenía?

R: 36 años.

P:  ¿Cómo logró convencerte de que un adulto dependía emocionalmente de un adolescente al que acababa de conocer?

R: Me lo dijo muchas veces: «Fíjate que a veces pienso hasta en suicidarme, pero menos mal que te he conocido». Claro, todo eso se lo dices a un chaval al que le estás dando una hiperresponsabilidad mezclada con la espiritualidad… Dios me ha elegido para una tarea grande, la de salvar a este hombre. Fíjate tú que trampa tan grande. ¿Cómo iba a ser yo la columna de un hombre de 36 años cuando solo era un adolescente?

P:  ¿Cómo pasó de la manipulación emocional al abuso físico?

R: Lo que ocurrió aquella tarde no fue distinto porque el contexto era el mismo. Una angustia grande que él tenía, en una habitación que era el salón de la casa parroquial. Tenía bajada las persianas porque hacía calor, era un 19 de agosto, domingo por la tarde y estaba fumando. Tenía la tele puesta. Él estaba tumbado. De repente se echa a llorar. ¿Qué te pasa? ¿Qué ocurre? Empieza a acariciarme. Eso era nuevo. Me empieza a meter mano.

«Empieza a acariciarme, eso era nuevo. Me empieza a meter mano»

Yo me quedo petrificado. No entiendo nada. No sé nada. No se reaccionar. Entre gemidos, entre lágrimas, entre (susurra) «menos mal que te tengo. Te quiero mucho. Menos mal que vives. Menos mal que existes». Y empiezan unos tocamientos. Y empieza una historia que él explica en un contexto: «Hombre, esto no tiene importancia. Esto es una manifestación propia del amor. Esto no te pienses que es homosexualidad, porque todos tenemos hormonas, pero esto es una expresión de cariño y tal».

P: Entiendo que se convierte en vuestro secreto y que te hace sentir culpable

R: Evidentemente, en toda esa psicología se mueven siempre los abusadores. Explícitamente o implícitamente. En este caso era más implícito que explícito. Pero yo siempre recuerdo lo que, de alguna manera, me cerraba la boca. Eran dos muertes, suicidio y secularización. A mí aquello me parecía terrible. Como que me había puesto en mis manos salvarle la vida dos veces, una que no se secularizara y otra que no se suicidara, y las dos dependían de mí.

P: ¿Cuántos años dura el abuso sexual?

R: Dura nueve años, exactamente nueve, y poniéndose cada vez peor.

P: ¿Sabes si ha habido más víctimas? 

R: Me confiesa que esto mismo le está pasando con otro chico del pueblo. Un chico que tenía un año menos que yo y que acababa de perder a su madre. Se había quedado solo porque su padre les había abandonado. Se lo mete en la cama y en la vida y en todo. Entonces me lo cuenta. Luego los abusos sucedieron más veces, solo sexuales. En la casa vieja siempre.

P: ¿Cuando consigues salir de ese círculo de abusos?

R: Yo me voy al seminario y ya tengo miedo de volver a Guijuelo, tengo miedo de encontrarme con él. ¿Cuál es el siguiente drama? Que a este hombre le elige Mauro Rubio (obispo de Salamanca entre 1964 y 1995) para ir de formador al Seminario Mayor donde yo ya estoy.

P: ¿Qué sucede cuando te reencuentras con él de nuevo en el seminario?

R: Llega al seminario de formador y eso fue un sufrimiento indescriptible, es el infierno, una relación que no era sana. Èl me considera su otro yo al que le cuenta todo y, claro, hubo muchas tensiones. Me contaba lo que le pasaba a mis compañeros y los problemas que tenía con ellos. Me contaba todo. Una cosa insana totalmente. Yo violento, violento, violento. Digo tengo que salir de aquí o me muero. Entonces me tengo que inventar una crisis vocacional. Yo me voy de aquí. Aquí no puedo vivir ni un minuto más.

Salgo de Málaga y me meto en Malagón. Porque la experiencia de vivir solo en el piso esos meses desde marzo hasta junio fue un agobio terrible. Incluso volvieron los abusos sexuales, se me hundió el mundo. Ya era más mayor. Hacía muchos años que no había ocurrido aquello y vuelve a ocurrir.

P: ¿No le contaste en este tiempo a nadie los abusos que sufrías?

R: No podía, no. Yo no podía hablar de esto con nadie porque seguía en pie el suicidio y la secularización. Además, ¿quién me va a creer? Si es que esto es incontable. Si esto no se puede contar, si yo seré un degenerado y yo lo he permitido.

P: ¿Cuándo y a quién se lo contaste por primera vez? ¿Supuso un alivio?

R: Pasó el verano y me voy a vivir a la parroquia de Puente Ladrillo (barrio desfavorecido) con Antonio Romo (párroco muy significado en la ciudad por su compromiso con los pobres y formador de Poli en el seminario menor). Ahí es donde aparece una chica guapísima que yo había conocido unos meses antes y en aquella Navidad, poniendo el árbol de la parroquia en el barrio, me hace tilín.

Fue a la única que se lo conté y la primera. Ella me entendió porque sabía qué lenguaje hablaba. ¿Por qué no me habré suicidado yo? ¿Por qué no habré caído yo en una profunda depresión? Porque la he tenido a ella. Así de claro. He tenido una ventana de oxígeno en mi vida. ¿Qué he respirado con ella? Normalidad, serenidad y vida. Yo soy cura por ella. 





El 13 de diciembre de 1992 Poli Díaz es ordenado diácono.

P: Tú decides ordenarte y ser cura, ella se casa y tiene hijos. ¿Se acabaron los abusos durante los casi 30 años de servicio a la Iglesia de Salamanca?

R: Tengo que decir que  el tema ha estado siempre presente en malas noches o en malas rachas pero no me ha estropeado la vida. Es decir, logré disociarlo. Palabra impresionante que he aprendido ahora con los psicólogos, pero que es una maravilla porque te permite sobrevivir a un trauma. La disociación significa que lo que has vivido lo has visto en una película. No es tuyo. Es de fuera. Lo conoces, pero no lo haces tuyo. Porque si no, el trauma es tan fuerte que no puedes vivir. 

P: En Salamanca sois poco más de un centenar de curas, por lo que sería fácil coincidir con tu abusador

R:  Y él era el párroco de mi familia. He estado siempre con él. O sea, yo ya con prevención. Él en su línea. Ya se cortó, porque como lo cortó en seco Miñambres (sacerdote con el que se confesó el presunto agresor), ya está. Lo cortó en seco y ya no ha vuelto a ocurrir. Ni él se ha atrevido, ni lógicamente ya siendo cura. Él considera que me libró de las garras de esta mujer (la chica de Puente Ladrillo). Y que gracias a él soy cura.

P: ¿Distintas percepciones de la realidad?

R: En el juicio, en el tribunal que ha habido, esto es lo que él arguyó. En la carta que mandó, porque no se presentó.

P: Pero antes de llegar al tribunal, antes de que tú le denuncies, hay un momento en que se te rompe algo. ¿Cuándo te das cuenta de que has sido abusado sexualmente?  

R: En todo este tiempo este tema me ha ocupado y me ha preocupado. Cuando fui delegado de Pastoral Universitaria y Capellán de la Universidad Pontificia hice un máster de dos años de Comunicación Social. El trabajo de fin de grado lo hice sobre la película Mystic River. ¿Por qué elegí Mystic River? Es el sufrimiento horroroso de tres chavales a los que les parte la vida un abuso sexual cometido a uno de ellos ¿Por qué? Porque llevaba el tema en el corazón. 

P:  ¿Cómo se destapó el abuso que sufrías?

R: Lo mío se destapó porque se me acabó la anestesia. ¿Cómo se me acabó? Pues yo estaba acompañando a un chaval de mi parroquia que había sufrido abusos sexuales en un seminario de Hungría. Su familia me entrega el informe la víspera de irme a Roma a acompañar a mi obispo a la ‘visita ad limina’. 

P: Eras el Vicario, ¿el número dos de la diócesis?

R: No, yo era el Vicario de Pastoral, el número dos era Florentino, que ya era muy mayor. Don José Luis se apoya mucho en mí en ese primer tiempo. Le informo, le hago informes, le llevo para un lado, le llevo para otro, le presento a éste, le presento al otro. Vamos a Roma y en Roma ocurren cuatro circunstancias. Empiezo a leer el informe y me empiezo a encharcar, me empieza a afectar. En España el tema estrella era el Gobierno dando caña a la Iglesia para que asuma su responsabilidad y haga un informe como han hecho otros países.

El novelista Alejandro Palomas (autor de «Esto no se dice») cuenta su testimonio (como menor víctima de abusos sexuales) en la Cadena Ser, no fui capaz de dormir. Me encharqué. El cuarto elemento del cóctel es que en las mañanas, cuando viajo con los obispos para celebrar la eucaristía, algunos ridiculizan a las víctimas. A mí me chocó terriblemente. Yo vine enfermo. Vine revuelto. Vine sin dormir. Vine con ansiedad. Vine con la tensión alta. Voy a la médico. La médico me pone distintos tratamientos. Sigue la tensión alta. Tengo taquicardias.

«Yo vine enfermo de Roma, incluso, me dieron taquicardias»

P: ¿Esto cuándo sucedió?

R: La visita ad limina fue en enero de 2022. Entonces febrero, marzo y abril son tres meses en los que lo paso muy mal. Tengo un amago de infarto. Voy a ver a M.P. y se niega.

P:  ¿Tienes una primera confrontación con el que ha sido tu abusador después de 30 años?

R: Le digo que vengo de Roma y que me he dado cuenta de todo esto, que he despertado. Estoy muy mal, le digo que quiero hablar de tema. «No, no ha ocurrido nada contigo, contigo, no». Entonces eso me deja más hecho polvo todavía. Me duele en el alma que no quiera sentarse. Entonces él empieza a buscarme de otra manera, insistentemente. Yo ya le di la espalda y empieza otra vez con las amenazas: «Me secularizo. Lo voy a dejar todo».

P: ¿Ya no se suicidaba?

R: Eso no me lo dijo. Yo ya voy a las celebraciones de la diócesis y está él tocando el órgano y me pongo malo. Del ataque de ansiedad me tengo que ir. Hasta el punto de que hay un momento en que yo me tomo unos días después de Semana Santa. Hablo con él una mañana entera. 

P: ¿Semana Santa es abril del 2022?

R: Sí, hablo con él y le digo que dé un paso al frente, que se autodenuncie. Como no lo hace yo se lo cuento al obispo. Me fui una semana a darle vueltas y decidí -ya con un psicólogo y con el director espiritual y tal-, decidí denunciar.

P:  ¿Le dices a don José Luis Retana (obispo de Salamanca) que un sacerdote de la diócesis ha abusado de ti cuando eras menor y durante nueve años has tenido abusos no solamente sexuales sino también de poder?

R: Sí, y me da un abrazo. «¡Ánimo! No te preocupes. déjame que consulto cómo hacemos, cómo actuamos. Tú tranquilo, no hables. ¿Con quién has hablado? No se lo cuentes a nadie más. A ver qué has dicho… Quiero hablar yo con ellos. El domingo en tal parroquia, a tal hora diles que quiero verles.»

Son diez, eran once, pero Miñambres (confesor del presunto abusador) no vino, los reuní y fueron. Y entonces el obispo Retana dijo: «He consultado lo que hay que hacer. Se lo he preguntado al nuncio y se lo preguntado al de los asuntos jurídicos de la Conferencia Episcopal. Vamos a presentar una denuncia ante el Tribunal de la Rota. Aquí tengo la documentación. Hay que hacer un escrito por mi parte. Tengo que adjuntar un currículum tanto de M.P. como de Poli y tengo que tener la acusación escrita». 





Poli Díaz y su obispo, José Luis Retana, durante la celebración de una misa.

No en Doctrina de la Fe, sino en el Tribunal de la Rota, cuando el Papa había dicho que todo se hiciera aquí (muestra el manual de Doctrina de la Fe). Pero él había consultado y le habían mandado a La Rota.

Antes de enviar dijo: «Dejadme que os proponga otra posible solución que suprima esta de la denuncia. Me ha asesorado por un buen amigo mío, el obispo de Asturias, que es inteligente, que lo considero sabio y me ha aconsejado una solución todavía mejor que esta. Lo pongo a vuestra consideración y lo que vosotros decidáis hago. Lo que vosotros me digáis hago. ¿Y cuál es la segunda alternativa? La segunda alternativa es que te lo lleves a la tumba. Que te calles y que te mueras con esto. Que recibas las ayudas espirituales y psicológicas que necesites, pero que te lo lleves a la tumba y que de aquí no salga, de estos que estamos aquí».

P:  ¿Qué dijeron tus compañeros?

R: Uno por uno, todos: «Eso es ir en contra de Francisco». Yo le dije, es como «si usted nos alentara a blasfemar». Entonces hicimos una ronda y todos, unánimes, decidimos que había que denunciar. Se denunció a La Rota en el mes de mayo de 2022.

P: ¿Ha pasado un año y medio y no te han dicho nada?

R: Desde que yo cuento esto el 23 de abril (2022) hasta que se toma una medida cautelar contra M.P. pasan 67 días. 67 días donde M.P. sigue campando a sus anchas con total impunidad. Hasta el punto de que cada vez que yo coincido con él en alguna celebración, a mí me da un ataque de ansiedad. Pero literal. Me tengo que ir. Y me tengo que ir acompañado porque se me sale el corazón.

En una de estas voy a la farmacia y ya no salí de la farmacia. La farmacéutica llama a una ambulancia y me llevaron al hospital, casi me da un infarto. Entonces yo le escribo al obispo. ¿Por qué tengo que huir? ¿Por qué no aguanto a mis 55 años poder ver la vida con normalidad? Pienso que si no se retira del espacio eclesial con cierta prontitud, yo debo irme hasta que esto escampe. Creo que puedo con esto, pero necesito un poco de tiempo y este tiempo vivir sin miedo, al menos poner las bases para no tener que huir. No contesta.

P: ¿No te llama? ¿No va a verte?

R:  Nada, nada, nada, nada. Pero el asunto es que tardó tres meses en tomar una decisión con M.P.





Poli Díaz con el papa Francisco durante la visita ad limina de los oblspos españoles en enero de 2022.

P: El procedimiento está en marcha desde mayo del 2022 y ya estamos en noviembre de 2023. ¿No ha habido sentencia?

R: El obispo lo sacó de la Rota en el verano. Lo metió en mayo de 2022 y en julio lo sacó porque decía que iba muy lento. Lo sacó asesorado por sus amigos. Lo sacó y se convirtió él en instructor. Trae al encargado de la oficina de menores de Bilbao y a un notario de la diócesis de Orense. Los trae y los convierte en un pequeñito tribunal para que ellos hagan unas diligencias previas que es lo único que se ha hecho aquí. Diligencias previas. Aquí no ha habido juicio. Los testigos que han testificado en el caso, como son secretos yo no puedo saber quiénes son, pero puedo saber quiénes no son. Y los de mi lista no son ninguno. Entonces me entrevistó a mí. Me entrevistaron una mañana entera. El 10 de octubre (2022) me tomaron declaración a mí.

P: Y luego, 20 días después (el 1 de noviembre de 2022) decides salir de la diócesis

R: ¿Sabes por qué quise salir y por qué me aconsejaron? Porque mi tendencia era hacer hacer hacer hacer, como un pollo sin cabeza. Y venga activismo y activismo, porque si paraba me volvía loco. Entonces me voy a descansar, me voy a pensar, me voy a afrontar esto de una vez, a afrontarlo bien.

P: De esto hace un año. ¿Has estado un año entero aquí, en León, en silencio?  ¿Ha venido el obispo a verte este año?

R: Ni una llamada. Noni ha venido.

P: La situación de M.P. un año después de que estés tú aquí, en León, ¿Cuál es?

R: El proceso sigue. Yo estoy aquí, en León, y el 15 de enero (2023) veo la noticia de La Crónica (el obispo niega a una pregunta directa de la periodista que la ausencia de Poli Díaz y M.P. se deba a un caso de abusos sexuales). Me sentí traicionado. Un obispo que miente. Le escribí muy duro y me contesta diciendo: «Ya ves, yo no soy tan listo como tú».

P: Y  sin embargo, tú le sigues defendiendo. Sigues justificando al obispo

R: No es la palabra justificar. Él debe tener algún problema personal con este tema. Si no, no se explica. Cuando yo le escribo después de lo de la prensa, pido verle y me recibe en el mes de marzo (2023) y vino este conmigo (señala el libro de Luis Alfonso Zamorano, «Ya no te llamarán ‘abandonada», uno de los expertos en acompañamiento de víctimas de abusos sexuales en la Iglesia chilena). Pude hablar con Retana todas las cosas que entiendo que ha hecho mal y el daño que me había hecho. Se excusó como pudo, no afrontó nada.

Entonces este le dijo, mire don José Luis, le voy a explicar una cosa. En la comunicación de estos temas hemos descubierto, después de mucho sufrimiento, que hay que ser proactivos, que hay que ir por delante. Esto ya está clarísimo. ¿Qué está haciendo usted que no hace un comunicado? ¿Qué está haciendo usted que no explica? Mientras tanto, a este hombre lo están acusando de todo. Está siendo revictimizado. Le están acusando de una cosa, de otra, de otra, de otra. Y usted no hace nada. No lo está defendiendo. Dé la cara que usted es pastor y están hiriendo a una oveja suya, defiéndale.

P: ¿Y qué pasó?

R: Mi director espiritual fue a verle: «¿Pero por qué no hace usted el comunicado? ¿Usted no sabe que está sufriendo Poli, que la víctima está sufriendo?». «Es que mientras no haya sentencia el otro es inocente. ¿Por qué tengo que creer a Poli?» Le mandan el comunicado. No lo publica.

P: Y el presunto abusador deja de ser cura, ¿no?

Si a mi victimario ya no le pueden castigar, ya no va a haber resarcimiento ninguno

R: Eso es una obra maestra. Se lo han concedido sin ningún problema y muy rápido. El 1 de julio me informó el obispo. Sólo he recibido dos mensajes del obispo por su propia iniciativa en este año. Sólo dos. El primero es este: «Querido Poli, estoy en el aeropuerto a punto de salir para Lisboa. Te informo de dos cosas. La primera es que a M.P. le han concedido la secularización». Que es como decirme, olvídate de temas jurídicos, porque aquí ya no hay más recorrido. Hasta aquí hemos llegado. Olvídate de la justicia. Si a mi victimario ya no le pueden castigar, ya no va a haber resarcimiento ninguno. Segundo: «Jorge será el nuevo párroco de la unidad pastoral del Centro».

P: Que es la tuya.

R:  El delirante 1 de julio. Entonces le escribo. Cambios sin diálogo. Nada de si vas a seguir, si no vas a seguir, cómo estás, cómo te encuentras, puedes, no puedes. Me has quitado de la parroquia así por las buenas. Me has dejado en el aire. Ahora no tengo nada porque yo estaba en León, pero tenía el título de párroco y hacía cosas parroquiales. Mira, este es el archivo de la Purísima. Estaba trabajando, llevaba las cuentas, llevaba cosas, hacíamos temas auxiliares desde León.

P:  ¿Y sin hablar contigo?

R: Sin hablar nada.

P: Pero tú le defiendes y has organizado una ceremonia de perdón en La Purísima el pasado 31 de agosto.

R: Pero no he hablado de Retana.

P: ¿Has perdonado a tu Iglesia, a tu victimario, a quién?

R: He dicho que no tengo odio en el corazón. Lo cual no quiere decir que no tenga deseos de justicia. Odio no tengo.

P: ¿La justicia pasa porque te pida perdón y lo reconozca públicamente?

R:  Yo le quiero perdonar, pero que me lo pida.

P: Y también que alguien diga qué te corresponde por estos años de vida truncada y por el gasto en psicólogos, en médicos, en terapia… ¿no?

R: Qué menos. El resarcimiento mínimo. ¿Qué es resarcir a una persona? Es, primero, considerarla víctima oficialmente. Retana dice que por qué me tiene que creer. Que me lo tiene que decir un juez. Vale, pues que lo diga. Que haya una sentencia en la que se vea claro quién es el culpable. Como lo mandó a Roma, yo estoy esperando la respuesta de Roma.

P: Pero el presunto abusador se ha secularizado, ya no es cura

R: Le han concedido una secularización por la vía rápida que yo no sé si es legal. Porque el papa está diciendo que no se den secularizaciones a personas en proceso. Mira, a mi me da miedo ir a Salamanca y a él no. A mí me da miedo. Yo estoy tenso en Salamanca por si me lo encuentro. 

Fuente

Llévate 50€ de crédito al cambiarte a Octopus Energy